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lunes, 16 de abril de 2018

EL OPTIMISMO INGENUO Y LA SUPERACIÓN DEL ABUSO NARCISISTA



Nos cuesta aceptar la existencia de lo imposible. Se nos ha enseñado a no resignarnos, a luchar con denuedo frente a las circunstancias adversas, a insistir. Creemos ciegamente en el poder del amor para transformar las situaciones más intrincadas. Por todas partes se nos invita a tener fe y a ser tenaces en el logro de nuestras metas.

Eso explica, en parte, nuestras dificultades para asumir, con todas sus consecuencias, la realidad tremenda, inexorable, del trastorno narcisista de la personalidad.

Nos rebelamos frente al hecho irrefutable de que los narcisistas ni quieren ni pueden cambiar.

Tiene que haber una salida, nos decimos convencidos.

Nos rehusamos a creer que algunos problemas son irresolubles; algunas enfermedades, incurables; algunas tragedias personales, inevitables.

Existen en la vida situaciones límites. El narcisismo patológico es una de ellas.

Una de las secuelas del abuso es el estado de autoengaño, de negación de la realidad, que el narcisista provoca en sus víctimas. Es lo que se llama el optimismo ingenuo, uno de los espejismos más peligrosos que deben sortear los que surcan el océano de la recuperación.

Cuando te infectas de este virus, eres capaz de aferrarte a cualquier gesto o palabra del narcisista y creerte investido con la misión de ser su salvador. Tu carácter empático te arrastra a querer suplir sus carencias y necesidades. Piensas, inocentemente, que tu amor compensará sus deficiencias, lo curará.

Esa es la gran trampa del optimismo ingenuo

Te dices cosas como: "Si solo lo intentara lo suficiente", "si realmente quisiera sanar", "si encontráramos la terapia correcta", "debe haber algo bueno bajo su espantosa fachada", “nadie puede ser tan malo" “,…

Ideas hermosas, pero ingenuas, y, por lo mismo, muy peligrosas


Decepción tras decepción, compruebas, tarde o temprano, que ni tu generosa entrega, ni tu heroico sacrificio, ni todas tus repetidas muestras de abnegado amor, hacen mella en el narcisista. Hagas lo que hagas, él sigue siendo el mismo abusador de siempre.

No puedes hacer que una persona que no tiene empatía, conecte emocionalmente contigo, ni que alguien que carece de conciencia moral, reflexione sobre las consecuencias de sus actos.

Y, sobre todo, no puedes tomar decisiones por nadie, ni suplantar su libertad. Cada ser humano, el narcisista incluido, es gestor de su propio destino. Es cierto que está muy condicionado por su trastorno, pero su voluntad no está anulada ni mucho menos, él elige sus propias opciones y responde ante la justicia por sus actos.  

El narcisista, si quiere, puede acudir a terapia él solito. Es un asunto suyo, de su libertad. Pero no lo hará ni por ti ni por nadie. Sin embargo, es muy difícil que siga un tratamiento para cambiar. Su patrón de personalidad es fijo y no es fácil que rompa su acuciante dependencia del suministro o combustible narcisista.

Puede que solicite ayuda puntualmente en momentos de crisis o de descompensación psicológica, pero no te hagas falsas ilusiones, una vez que recobre el equilibrio volverá a las andadas, a su comportamiento de siempre.



¿Cómo puede curarse alguien que ni siquiera reconoce que tiene un problema? ¡La culpa de todo son siempre los demás! Él nunca abandona su condición de víctima, ni se siente responsable de lo que acontece en su vida. Es un adicto del poder y el control que ejerce sobre ti y sobre los otros ¿Por qué tiene que renunciar a eso?

En contraposición a esto, tu actitud ingenuamente optimista, que es un efecto del abuso e inducida por el mismo narcisista, merece su casi indisimulado desprecio.  El lo considera un signo de tu debilidad, una vulnerabilidad que te convierte en una presa apetitosa. Para perpetuar el abuso sobre ti se vale de la necesidad que sientes de hacer el bien a los otros, de poner orden en el caos, de demostrar tu creencia de que, al final, prevalecerá la verdad y la justicia.

Hasta que un buen día desistes de esta visión ingenua/mágica de las cosas, sales del embrujo maligno del optimismo ingenuo, te plantas cara a cara con los hechos y renuncias a la idea de querer cambiar al narcisista. Cuando llegas a este punto de no retorno es muy difícil que retrocedas, entonces comienza de verdad tu liberación.

Hay víctimas que están dispuestas a toda clase de sacrificios, personas que han vivido años y años con estos trastornados, que han soportado innumerables abusos y vejaciones, que han tenido incluso hijos con el abusador, y que sufren los condicionamientos de una culpa patológica, como si le debieran algo a este personaje, como si se les pidiera un mayor compromiso. Se resisten a aceptar que la única forma de escapar del abuso es alejarse totalmente del depredador y comenzar una nueva vida, decretando un Contacto 0.

Personas que se sienten mal por abandonar al narcisista, que creen que deben soportar estoicamente su propia destrucción emocional y psicológica, y que son fácilmente manipulables por el abusador, quien les hará creer, una y otra vez, en sus falsos propósitos de cambio o, lo que puede ser peor, que están moralmente obligadas a soportar una relación tan destructiva como la que mantienen con él.

Amigo, amiga, cada uno lleva su propia carga, el narcisista la suya, nosotros la nuestra. Tu misión en la vida no es servir de suministro o combustible a un trastornado perverso, al tiempo que te vacía de tu autoestima y te destruye psicológica y emocionalmente.

Hay que decir: ¡Basta ya!, si el narcisista está satisfecho de su condición perversa: ¡Allá él!, que la viva a fondo si así le place. Es su vida, es su libertad y es, en esencia, su problema. Pero que no te arrastre a ti en el torbellino de su caótica existencia, ni te someta a una relación abusiva contraria a tu dignidad como ser humano.

Liberarte del optimismo ingenuo no significa que no seas compasivo. En lo personal, siento una honda pena por la vida miserable, siempre al borde del precipicio psicológico, que llevan las personas que sufren de narcisismo patológico. Pero frente a esto lo único que puedo hacer es protegerme del abuso que es inherente a su condición, marcar estrictamente mis límites y defenderme de su toxicidad a través del Contacto 0.

El No Contacto es un acto afirmativo de tu libertad. Para quienes han estado sometidos a la tiranía del régimen narcisista es quizás el primer acto de poder que toman en sus vidas después de mucho tiempo. Así recuperan el control que este depredador emocional les arrebató, cuando los encerró en su cárcel de ilusión y engaño.

El Contacto 0 es el camino real de tu recuperación, la llave que abre la puerta del calabozo, libre ya de la trampa mortal del optimismo ingenuo. Para que despiertes, para que vuelvas a vivir plenamente. No hay otra solución.

Un saludo y, de antemano, muchas gracias por sus aportes y comentarios




© Libresdelnarcisista


miércoles, 11 de abril de 2018

¿EL NARCISISTA QUE CONOCEMOS EXISTE? La ilusión del espejo

Christopher Mckenney

Durante años pensé que el narcisista y yo éramos afines y nos parecíamos. Aparentemente teníamos muchas cosas en común. Esa es la forma como estas personas seducen y engañan a sus víctimas, copiando sus valores e intereses, y haciéndoles creer que son compatibles.  

Esta técnica de seducción se llama en inglés mirroring, que podemos traducir como “espejear”, la persona se convierte en espejo de la otra, y reproduce en sí misma aspectos que toma de ella.

Por experiencia sé que este juego manipulador no es tan fácil de detectar, a menos que estemos vigilantes y tomemos nota de las incongruencias que pueden surgir entre lo que las personas aparentan ser, y lo que los hechos van demostrando que son en realidad.

Aunque la actuación del narcisista sea digna de un Oscar de la Academia, nunca es tan perfecta que no deje al descubierto algunos aspectos que nos resulten claramente contradictorios con el papel que interpreta.

Estemos atentos a estas incongruencias, suelen ser un indicador de que la imagen que tenemos de alguien no es coherente con lo que ella es en realidad.

De esto me di cuenta, lamentablemente, cuando ya era muy tarde, pasado ya prácticamente el ciclo de la relación con el narcisista.

Descubrí que aunque aparentaba tener inquietudes intelectuales, por ejemplo, no leía casi nunca; tampoco tenía tantos amigos o era tan popular como me hizo creer en un principio; ni le preocupaba, en absoluto, el tema de la injusticia o los problemas sociales.  

Tampoco estaba interesado, realmente, en el arte o en la literatura latinoamericana. Todo era una pose. Es cierto que era muy inteligente, pero la idea que tenía de sí mismo en este sentido estaba perversamente inflada.

Otra área de incongruencias estaba en las relaciones que había tenido en el pasado. Amistades fallidas, personas que aparentemente lo habían decepcionado por motivos extraños, antiguas parejas que estaban mentalmente desequilibradas.

De todo esto fui dándome cuenta con el tiempo. El narcisista y yo ni teníamos los mismos valores, ni nos preocupaban las mismas cosas. En realidad, fui víctima de un espejismo

Kyle Thompson

Él incorporó en sí mismo aspectos míos que consideró atractivos para la construcción de su “falso yo”, o fachada. Luego, esa aparente admiración fue dando paso a una envidia corrosiva y, finalmente, al odio, lo que le llevó a someterme, cuando lo consideró oportuno, a una larga devaluación y al descarte.

En medio de todo, fue muy rudo darme cuenta que el personaje que yo creía conocer, propiamente hablando, no existía.

Me hice amigo de alguien que tomó mis propios rasgos para hacerme creer que nos parecíamos y convertirme así en su fuente primaria de combustible.

Me hice amigo de alguien que carece de identidad real.

Me hice amigo de una ilusión: el reflejo de mi mismo en un espejo.

Me resultó desconcertante cuando conocí a su nuevo “mejor” amigo, el que me sustituyó como fuente principal de combustible, una persona totalmente distinta a mí en nivel cultural, intereses y modo de vida. Junto a él, el narcisista parecía otro: gestos, palabras, y hasta el modo de vestir, todo se correspondía a su nueva fuente.

Me quedé de piedra: no era capaz de reconocer al narcisista que había sido mi amigo. Se trataba, literalmente, de otra persona.

¿Cuál de los dos personajes era el verdadero? Los dos y ninguno. El narcisista  carece de una identidad fija, todo es un juego, fruto de la ilusión de los espejos.

Pensamos, honestamente, que lo conocemos, pero él sólo interpreta para nosotros uno de sus tantos personajes, adaptado a nuestras características y valores, a nuestra forma de ser.

Cuando se nos cae la venda de los ojos, cuando nos damos cuenta de todas estas cosas nos quedamos pasmados. Resulta que hemos dado nuestra amistad o nuestro amor, en el caso de una relación de pareja, a una persona que intentaba ser el reflejo en el espejo de nosotros mismos.

Dado que todo parecía tan real, cuesta mucho aceptar que la persona que pensábamos que era el amor de nuestra vida, o nuestro amigo del alma, fue sólo un personaje de ficción.

El narcisista que tú quizás extrañes, el que has llorado en tus noches, el que tú crees conocer, lamento decirte que no existe. Amaste a alguien que fue creado ex profeso para seducirte y engañarte.

Salir de la ilusión es dejar de pelear con personajes imaginarios. Como el alucinado caballero Don Quijote, nuestra mente está convencida de que los molinos de viento que se ven en la llanura son gigantes malignos.

Oye, hermano mío, los narcisistas no son gigantes, son molinos vacíos llenos de aire. Necesitamos recuperar algo de la sensatez y del buen sentido del querido Sancho Panza.  

Un saludo y muchas gracias por sus aportes y comentarios


 © Libresdelnarcisista

martes, 10 de abril de 2018

¿PUEDE UN NARCISISTA APRECIAR LA BELLEZA? Un diálogo sobre Van Gogh



Esta tarde, oyendo esta canción sobre el conocido cuadro de Van Gogh: “La noche estrellada”, me sentí conmovido.

Personalmente, soy un enamorado de la obra de este pintor holandés.

Que una melodía, o cualquiera otra manifestación artística, sea capaz de estremecernos emocionalmente, no sólo evidencia nuestra sensibilidad estética, también es un indicador de nuestra inteligencia emocional.

Belleza y empatía se relacionan estrechamente.

Me costó un tiempo darme cuenta que el narcisista y yo percibimos la belleza de un cuadro, por ejemplo, de manera diferente.

Cognitivamente es capaz de comprender el significado de la pintura y explicarlo, e incluso valorar aspectos como el color o la forma. Pero no conecta emocionalmente con ella, no se estremece por el dolor o la alegría que allí se reflejan, no penetra en el misterio de lo humano que late detrás de un paisaje o de un retrato.

Sabe que existe lo hermoso, lo percibe por los sentidos, pero no lo siente.

Puede pintar o escribir bellas poesías, componer música, dedicarse al teatro o a la danza, si conoce como usar los instrumentos de su arte, y aprende las técnicas correspondientes.

Ya sea imitando, copiando fórmulas o, sencillamente, inventado, puede, si se lo propone y tiene talento, ser un gran artista.

Puede figurarse lo que otros sienten, adivinarlo en sus gestos, conocerlo por sus palabras, observar sus reacciones emocionales, todo ello le servirá de combustible, pero seguirá sin sentir absolutamente nada: ni tristeza ni alegría, ni ternura ni nostalgia.

Nada de nada.

Un día, al principio de nuestra relación, hablando sobre Van Gogh le pregunté directamente qué le transmitía a él la pintura tan especial de este pintor. Intentó darme una respuesta impersonal aludiendo a la vida, más bien desgraciada, del citado artista. Pero yo insistí:

- Vale, muy bien, pero,… ¿A ti qué te dice este cuadro o este otro? – Y le mostré algunas imágenes de un libro que tengo sobre arte contemporáneo. Tras unos segundos de silencio, me miró con impaciencia y, a bocajarro, respondió:

- ¿Qué me dice de qué? ¡Nada! ¿Qué me tiene que decir? ¡Tienes cada pregunta!  

En ese momento me chocó su respuesta, ¿cómo es que no le dice nada?, me pregunté. Con el tiempo comprendí que, efectivamente, por una vez había sido sincero, la belleza de la pintura de Van Gogh no le dice nada, porque emocionalmente no tiene significado para él.

Una persona que carece de empatía, es decir que no conecta emocionalmente con los demás, será incapaz de valorar integralmente la belleza, ni en las cosas ni en las personas. Por más que le expliques, e insistas, no sentirá nada. 

Enamorado de la imagen que proyecta de sí mismo, auto-absorbido en su inflado ego, el narcisista niega la existencia de lo bello más allá de la mentira de su propio espejo.

Porque para apreciar la belleza hay que salir de sí mismo, ser capaz de admirar, de asombrarse ante lo nuevo, de dejarse cautivar y atrapar, de poner la atención en otra cosa fuera de uno mismo, de observar con los cinco sentidos.

El narcisista, al contrario, busca que lo admiren, que le presten atención, que reaccionen emocionalmente ante él.  Este es el asunto que le ocupa, por eso ni sabe valorar lo bello, ni le preocupa lo más mínimo. Su asfixiante egocentrismo se lo impide.

En el pensamiento clásico lo bello siempre va unido a lo bueno y a lo verdadero. Verdad-bondad-belleza son los tres atributos que definen el ser de las cosas.

El narcisista ni acepta la verdad porque toda su vida es una impostura, una negación de su propia realidad rota y vacía; ni la bondad tiene un significado emocional para él, puesto que carece de conciencia moral; ni es capaz de apreciar la belleza, salvo la que encuentra en su propio ego inflado y perverso.

Acompaño este post con esta pequeña galería de pinturas de Van Gogh. Que la belleza de estos cuadros tenga efectos medicinales para nosotros, que nos ayude a conectar emocionalmente con nosotros mismos,… con el misterio de la luz, con el color, con la forma, en definitiva, con la belleza que esconde el mundo de la vida.

Después del desierto que hemos vivido con el narcisista, reencontrarnos con lo bello forma parte de nuestra recuperación del abuso.

Campo de flores

Campo de trigo con cipreses

Avenida cerca de Arles

Lirios

La llanura de Crau

La noche estrellada
 ¿Y a ti qué te dicen estas pinturas?


© Libresdelnarcisista

lunes, 9 de abril de 2018

¿CÓMO SALIR DE LAS TRAMPAS DEL NARCISISTA?



El narcisista, como buen depredador, es tramposo por naturaleza. Tiende celadas a su presa, la rodea, busca su punto más débil, ¡zas!, hasta que ella muerde el anzuelo y él logra su objetivo: explotar sus recursos y provocar sus reacciones emocionales, tanto positivas como negativas. Esa es su agenda.

Nunca actúa a cara descubierta, por eso la mayor parte del tiempo la víctima no es consciente de sus maquinaciones. Sólo cuando recapitula lo vivido, cuando logra hilvanar los hechos y relacionarlos entre sí, descubre un patrón de comportamiento y un propósito. Nada de lo sucedido ha sido casualidad, todo fue previsto en su mente perversa.

Aunque toda la relación con el narcisista es, en sí misma, una gran trampa, hay tretas específicas, ardides, que llevan su marca de fábrica: la mentira.

Para él las trampas son simplemente juegos, y a él le encanta jugar y ganar, le hace sentir superior, más listo, y es una forma de denigrar a la víctima, y de obtener el rico combustible que lo alimenta.

Muchas son las trampas que el narcisista pone a la víctima en su afán de manipularla emocionalmente y de controlarla. Como en el timo de la estampita, el abusador apela a la naturaleza empática y bondadosa de su presa, sabe que a ella le gusta ayudar a otros, que es de talante solidario, esos son los botones que intenta pulsar a través de sus artimañas de depredación y abuso.

La base de sus trampas es el arsenal de manipulaciones que él maneja con maestría: el love bombing, la triangulación, el gaslighting, el tratamiento silencioso, el reforzamiento intermitente, la victimización, etc. Apertrechado con estos afilados instrumentos despliega sus juegos de muerte y destrucción.


ALGUNAS TRAMPAS COMUNES: ¡NADA ES LO QUE PARECE!

1. Falsa amabilidad:

Una de las trampas más peligrosas. Después de un período de distanciamiento, el narcisista reaparece aparentemente afable y conciliador. Tal vez nos pida un pequeño favor, o manifieste querer vernos de nuevo para conversar.

Sabe que no nos gusta terminar en malos términos con nadie, por eso nos seduce con la idea de un pequeño reencuentro en sana paz, casi como en los primeros tiempos.

Prácticamente de inmediato nos damos cuenta que nos ha engañado. Se desaparece de improviso, o no acude a la cita y nos deja colgados. Con frecuencia, después que le hemos hecho el pequeño favor que pedía, vuelve a distanciarse de nosotros.

Todo ha sido un ardid. Los narcisistas, como dice Sam Vaknin, nunca son sinceramente amables con nadie, a menos que quieran algo de esa persona.

En mi caso personal, las peores situaciones abusivas que viví con el narcisista siempre estuvieron precedidas por cortos períodos de amabilidad y simpatía. De hecho, llegué a preferir su hostilidad pasivo-agresiva, su estado habitual para conmigo, pues me parecía una actitud más honesta de su parte y menos peligrosa para mí.

Recomendación: Cuando el narcisista se te acerque con amabilidad enciende las alarmas, es señal inequívoca de que está tramando algo y debes estar alerta para no caer en su juego maligno. Nunca hay que bajar la guardia.

2. Falso enojo:

Otra trampa muy común es el falso enojo, el cual no hay que confundir con una explosión genuina de su furia patológica.

El narcisista es experto en desviar en contra de la víctima cualquier argumento, evitando así dar cuenta de sus actos. Sucede que si ella le reclama su comportamiento errático reacciona simulando que se siente ofendido o enojado, y aprovecha la ocasión para culparla de lo que él mismo ha hecho.

Dirá cosas como: “Me has decepcionado, no te das cuenta que tú misma me hiciste hacer lo que hice. Tú me provocaste, y ahora te atreves a reclamarme. Él que tiene que estar enojado soy yo”

La primera vez que le reclamé al narcisista su extraño “silencio”, en ese entonces no sabía que se trataba de una táctica de manipulación: el tratamiento silencioso, se enfadó sobremanera conmigo y me acusó de no ser un buen amigo por no soportar sus “momentos” de mutismo.

Lo mismo me sucedió en cierta ocasión en que llegó bastante tarde a una cita. Cuando le eché en cara su impuntualidad, reaccionó literalmente como una fiera y me acuso de ser inflexible y de no actuar como un verdadero amigo.

Estos “enfados” son totalmente falsos, en realidad se trata de una estratagema que utiliza sagazmente el depredador para intimidar a la otra persona y culparla. En algunas circunstancias llegará incluso a exigir que la víctima pida disculpas por algo que no ha hecho.  



3. Falsa felicidad:

Una trampa especialmente insidiosa que suele aplicar después del descarte es hacerle creer a la víctima que mientras ella se siente desolada y rota de dolor, él está más feliz que nunca con su nueva vida o con su nueva pareja o fuente de suministro.  

Nunca creamos esta propaganda que el narcisista hace de sí mismo, esa imagen de exagerada felicidad o éxito que intenta proyectar por todas partes.

Es cierto que la destrucción de la víctima suele causarles, en el momento, gran satisfacción e inflarlos de perverso orgullo. Si tienen una nueva víctima, es probable que se sientan hechizados del combustible, nuevo y brillante, que ella derrama.

Pero los narcisistas no son felices en el sentido usual del término. Se sienten hinchados en el post-descarte y durante un tiempo podrán huir de su perpetuo vacío, pero no nos dejemos engañar: ¡les dura bien poco!, estas personas están llenas de odio y amargura, llevan existencias miserables siempre errantes e insatisfechas, perpetuamente dependientes del combustible que extraen de los demás.

4. Falso arrepentimiento:

Se trata de una trampa típica del Hoover. Recordemos que los narcisistas no sufren remordimientos porque no se sienten responsables de sus acciones ni experimentan culpa. Aunque cognitivamente distinguen perfectamente el bien y el mal, ello carece de significado emocional para ellos, pues su conciencia moral es prácticamente nula.

Por supuesto, si ven que les conviene son capaces de simular que están arrepentidos e incluso, si hace falta, pedirán perdón y harán falsas promesas de mejorar. Todo es una trampa, una vez que la víctima les ha abierto la puerta, olvidan por completo sus propósitos de enmienda y vuelven a comportarse como siempre.

No lo olvidemos: él sabe perfectamente que ha hecho daño, pero es incapaz de arrepentirse. En absoluto. En realidad, no le importa el sufrimiento que ha generado en otros, no siente empatía por nadie ni establece lazos emocionales  con las personas. Su vacío, en este sentido, es total.



CONCLUSIÓN: PARA ROMPER LA TRAMPA HAY QUE DEJAR DE CREER

Todas las trampas del narcisista tienen un elemento en común: la mentira. Ese es el gancho. La forma más expedita de escapar de sus maquinaciones es dejar de creer, absolutamente, en el narcisista.

Como he explicado en otra ocasión: aquí, todo su poder sobre nosotros reside en su capacidad de engañarnos una y otra vez.

Las trampas le funcionan de maravilla hasta el día y la hora en que, haga lo que haga, ya no lo consideramos creíble en ningún aspecto. Cuando decidimos no volver a confiar nunca más en este personaje, ni en su amabilidad o enfado, ni en su aparente felicidad, ni en sus falaces palabras de contrición o arrepentimiento.

Nada de nada. Como si estuviéramos ante un fantoche o un maniquí de cartón-piedra.  

Las relaciones humanas se sostienen en unos mínimos de confianza mutua, si esta desaparece, se acaba la relación y llega la libertad.

Incluso la peor trampa de todas: el vínculo afectivo, se comienza a deshacer cuando se pierde totalmente la fe en esa persona. Es difícil amar a alguien si dejamos de creer en él.

A la víctima le cuesta llegar a este punto: ¡todo ha sido mentira!, pero una vez que lo logra comienza su liberación y no hay marcha atrás. El narcisista lo sabe, sabe que si su víctima decide no volver a creerle nunca más, ¡nunca más!, se acaba para siempre su dominio sobre ella y tendrá que buscar su combustible en otra parte.

¿Cómo salir de las trampas del narcisista?: Dejar de creer, no volver a confiar nunca más en él. Es todo.

Un saludo. De antemano muchas gracias por sus comentarios y aportes.


© Libresdelnarcisista


miércoles, 4 de abril de 2018

¿QUÉ CLASE DE AMOR BUSCA EL NARCISISTA?



Ella lo mira con ojos soñadores, y le pregunta:

- ¿Me amarás siempre?

- Pase lo que pase, te amaré toda la vida.

Este diálogo, que has visto repetido una y mil veces en películas, en canciones, en novelas, forma parte de nuestro imaginario del amor y aunque puede parecerte sublime, lleva trampa. Un amor entre adultos maduros no puede, ni debe, ser incondicional.

Me explico.

Un niño debe ser amado incondicionalmente por sus padres, y ello a pesar de que mucho de su comportamiento es, desde el punto de vista adulto, notoriamente egoísta. Sabe que haga lo que haga, siempre cuenta con la atención y el cariño de su papá y de su mamá.

A ningún niño se le debe exigir algo especial para merecer el amor y la atención de sus padres.  Este amor, propiamente hablando, no se merece, nos viene dado como regalo con el don mismo de la vida.

Eso no significa que no corrijamos al niño si tiene un mal comportamiento, ello forma parte de la tarea educativa, pero él tiene que saber que es amado en toda circunstancia, incluso cuando no hace bien las cosas.  

La incondicionalidad del amor parental es única en la vida. Ningún otro amor que tengamos tendrá ésta característica. En la medida en que vamos creciendo, aprendemos a responder con reciprocidad, asertividad y empatía al afecto, no sólo de nuestros padres, sino de las demás personas con las que nos relacionamos.

Detrás de la tragedia del narcisista, hay un niño que fue desatendido en sus necesidades emocionales básicas de cariño y atención. Se le hizo creer que tenía que ser especial y único para ser amado, no se le enseñó a establecer relaciones de reciprocidad con los demás, y el desarrollo de su empatía se vio truncado a una edad muy temprana.


Emocionalmente hablando, estás ante una persona que piensa que merece que le ofrezcas un amor incondicional, porque se siente especial y única. Igual que un niño pequeño, no se cree obligado a establecer contigo relaciones de reciprocidad y no experimenta empatía hacia tus necesidades y sentimientos.

En la lógica infantil del narcisista, cuando te idealizó creyó haber encontrado, ¡al fin!, la persona que le ofrecería incondicionalmente el amor y la atención de las que está carente desde niño. Pero sucede lo que sucede, con el tiempo te revelaste tal cual eres, un ser humano normal, con necesidades y sentimientos, con debilidades. Comenzaron entonces los choques y las críticas, y tu devaluación, con toda su malignidad, inició su perverso ciclo.

Tarde o temprano, el narcisista se percata decepcionado que no puedes ofrecerle el amor incondicional que él busca continuamente de los demás.

Algunas víctimas son condicionadas a amar al narcisista a pesar de todo el arsenal de maltrato y destrucción que padecen. El lavado de cerebro llega a veces hasta el punto de sentirse dispuestas a soportar situaciones verdaderamente denigrantes, en nombre de un amor totalmente tóxico y distorsionado. Un falso amor.

¡Despertemos!, amar incondicionalmente a otro adulto no sólo es tóxico e irreal, sino que en algunas circunstancias puede ser hasta peligroso.

El amor, incluso el más sincero e intenso, se puede destruir si nos tratan mal, y, honestamente, es correcto que sea así. No es normal ni seguro que continúes amando a alguien sin importar lo mal que te trate. Es autodestructivo.

Los narcisistas son los campeones de las relaciones emocionalmente abusivas. Exigen amor perfecto e incondicional de sus parejas o amigos, pero no pueden darles respeto, consideración, compasión, ni nada a cambio. ¿Es justo? ¿Es razonable? ¿Es sano? No, no lo es. Se trata de abuso, sencilla y llanamente.


Es una situación abusiva en la que una persona se agota dando y dando incesantemente, mientras que la otra simplemente se aprovecha y te explota.

Nunca deberías aceptar una relación así, en la que alguien se sienta seguro de que no importa qué cosas horribles te haga, nunca la rechazarás.

Los narcisistas están buscando el amor perfecto e incondicional que no obtuvieron de sus padres. Esto simplemente no existe ni en las relaciones románticas ni en la amistad. Las relaciones sanas necesitan límites y ciertas condiciones de reciprocidad para poder funcionar.

A través de los límites nos protegemos a nosotros mismos. Es la forma en que tomamos el control de nuestras vidas y evitamos que otros nos hagan daño. Las personas sanas no intentan cruzar abusivamente tus fronteras mientras afirman que debes amarlas pase lo que pase.

Ni la amistad ni el amor de pareja lo aguantan todo.

Los narcisistas son incapaces de comprender que si se trata mal a alguien, si se le hacen cosas horribles, si se le miente, si se le humilla, si se le difama... la persona dejará de amarles. Ni lo aceptan ni lo entienden.

Esto se debe a que el amor que están buscando es el mismo que uno espera de un padre o de una madre, que se supone incondicional, perfecto y que lo abarca todo. Este tipo de expectativa es irracional. Un adulto no tiene derecho a esperar esta clase de amor de otro adulto.

Básicamente el narcisista dice a su víctima: "Soy grandioso, único, especial. Debes amarme sin importar lo que haga. No tengo que ganarme ese amor ni hacer nada para mantenerlo, y no tengo que corresponderte. Simplemente me lo debes por ser quién soy" ¿Te parece justo? ¡Claro que no! El amor no es un contrato de esclavitud donde tienes que actuar de acuerdo a las demandas y caprichos de otra persona que se convierte en un tirano chupasangre.



Si crees que el amor al narcisista debe ser incondicional: ¿Qué pasa si te golpea? ¿Qué pasa si te dispara o te apuñala? ¿Qué pasa si lastima a tu hijo? ¿Qué pasa si te engaña una y otra vez? ¿Qué pasa si te humilla o te difama? ¿Qué pasa si, abusivamente, te manipula, devalúa o descarta? ¿Aún lo amarías en alguno de estos casos? Seguir amando a una persona en estas circunstancias es altamente tóxico y peligroso.

En realidad eso no es amor, sino el fruto perverso de una relación abusiva que engendra un vínculo traumático en la víctima.

La única relación en la que una persona probablemente aún amará a alguien que haya hecho esas cosas, y no siempre, es la que hay entre una madre y su hijo. Incluso en este tipo de nexo, el más fuerte e incondicional que puede haber entre dos seres humanos, existen límites, y es sano, y hasta de justicia, que sea así.

Pero un adulto sano emocionalmente no puede ofrecer un amor incondicional a otro adulto. El amor o la amistad tiene ciertos límites y condiciones, si tú los traspasas, en defensa de mi propia integridad emocional y psicológica tengo que decirte un No rotundo, salir de inmediato de tu vida, y seguir mi camino.  

Saludos a todos,





©Libresdelnarcisista