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domingo, 15 de octubre de 2017

BANDERA ROJA 2: La obsesión del narcisista por el control


El control está en el corazón mismo del abuso narcisista. Todo lo que hace y dice el narcisista, sus manipulaciones, juegos psicológicos, etc., no tienen otro fin que controlar a las personas con las que se relaciona y dominarlas.

¿Qué significa el control para el narcisista?

En realidad, detrás de su adicción al combustible, lo que existe es un afán desmedido por sentirse en control y con poder sobre la víctima. Eso es lo que le nutre, la droga a la que está enganchado. Si logra, por ejemplo, que alguien le dedique su atención o le dirija palabras de admiración, se siente con poder y en control; si provoca, en cambio, llanto, enojo, ansiedad, es exactamente lo mismo, con el añadido de que dado que estas emociones son más difíciles de provocar, su sensación de empoderamiento es mucho mayor, y el combustible recibido es más vigorizante y brilla más.

Controlar para el narcisista significa, en otras palabras, que él es el jefe absoluto, una ratificación de su superioridad innata. No olvidemos que él se siente único, especial, con derecho.

En contrapartida, el narcisista no tolerará nunca que la víctima tome el mando y asuma en algún momento el control. Mucho menos que pretenda controlarlo a él. Eso sería un desafío al alto concepto que se ha creado de sí mismo. Sencillamente, no hay reciprocidad posible. Así es como la víctima se convierte en un ser dependiente, manteniendo una relación en la que carece de voz y voto, condicionada emocional y psicológicamente a complacer en todo a la otra persona.

Con el tiempo, esta atadura tóxica termina minando severamente la autoestima de la víctima y erosionando su sentido de identidad.

¿Por qué necesita el narcisista estar siempre en control?

La obsesión por el control del narcisista es una medida compensatoria frente a un sentimiento interno de inseguridad y desvaloración. Se trata de un mecanismo de defensa que protege su falso yo grandioso de cualquier amenaza.

En su mente enferma sólo hay dos alternativas posibles: o él controla a los demás y los domina, lo que confirmaría su superioridad: o los otros lo controlan a él y está bajo su mando, lo que haría patente su inferioridad. La imagen inflada que tiene de sí mismo no soporta esta última opción. No hay posiciones intermedias porque no existe ni reciprocidad ni igualdad entre las personas.

En sus relaciones con los demás el narcisista percibe siempre planos enfrentados: superior/inferior, fuerte/débil, listo/ingenuo, etc.

El narcisista no soporta las situaciones que él no tenga bajo su control porque psicológicamente evita cualquier posición subalterna. Se trata de defender el yo grandioso que se ha construido como fachada.

Tomemos en cuenta que nos encontramos ante una persona que es incapaz de validarse a sí misma. Su sentimiento de autovaloración es completamente dependiente del exterior, fruto, precisamente, de su empoderamiento y control sobre los otros.

Cuando desvalora y descalifica a los demás, cuando los trata como inferiores, cuando los controla y manipula, logra, por fin, aliviar su inseguridad y se siente valioso y superior. Así, mediante el control, compensa los vaivenes de su frágil autoestima y logra mantener la construcción de sí mismo, la que quiere proyectar al exterior como persona segura, fuerte, dominante y deseada.

Pero, no nos engañemos, sólo es eso, una fachada o construcción, en realidad adentro hay un gran vacío, un ser inseguro que carece de autoconcepto. Su aparente autoestima es completamente falsa, fruto de su devaluación de los demás.

Principales formas de control del narcisista

El narcisista ejerce su control casi siempre de forma sútil y encubierta, por medio de toda la gama de manipulaciones de su arsenal depredador: el tratamiento silencioso, la triangulación, el gaslighting, la proyección, etc. Todos estos juegos psicológicos no tienen otro objetivo que controlar y dominar, psicológica y emocionalmente, a la víctima.

Para que el control del narcisista sea efectivo, es imprescindible que el vínculo emocional/afectivo de la víctima sea  intenso y esté bien establecido. Una vez que logra este objetivo, el abusador sabe que tiene carta blanca para controlarla y manipularla a su antojo, desarrollando toda su acción vampírica hasta vaciarla y destruirla emocionalmente, lesionando su integridad psicológica y pulverizando su autoestima. Este es el plan que, en términos generales, sigue el narcisista con todas sus víctimas.

Reflexionando esta tarde sobre mí experiencia, he logrado identificar algunas formas concretas de control que ejerce el narcisista:

1. Ofreciendo y retirando su atención y afecto a la víctima en forma intermitente e impredecible.

2. Marcando el tiempo de duración de sus encuentros con la víctima y la frecuencia de los mismos. Si se ven o no se ven, todo eso lo controla el narcisista.

3. Decidiendo los temas de la conversación, los sitios que se visitan, las películas o espectáculos a los que asisten, según sus propios gustos e intereses y sin tomar en cuenta a la víctima.

4. Asumiendo tácticamente las decisiones que deberían ser de común acuerdo. Manteniendo una actitud paternalista frente a la víctima.

5. Cerrando celosamente el acceso a la información, actuando con secretismo y reserva, generando intriga y zozobra en la víctima.

6. Controlando la agenda de la víctima, las personas con las que se relaciona, lo que hace cada día, como se viste, el monto de sus ingresos, lo que come, etc.

7. Condicionando a la víctima para que dependa de su aprobación o validación en las cosas que hace, siente y piensa.

8. Victimizándose, apelando a los rasgos empáticos de la víctima.

9. Generando falsas expectativas, haciéndole creer a la víctima en una vuelta superficial al período dorado de la amistad, haciendo uso de la ambigüedad.

10. Aprovechándose de los miedos y debilidades de la víctima, que ha estudiado con detenimiento.

Esto es un breve recuento de cómo el narcisista ejerce su control. Seguramente habrá muchas más formas, según sea el tipo de relación, pareja, familia, compañeros de trabajo, amistad, etc.  Aquí sería interesante que cada víctima aportara su propia experiencia sobre el control que ha sufrido por parte del depredador emocional.

El control es abuso y una Bandera Roja del narcisista

Cuando comencé a relacionarme más estrechamente con el narcisista observé en seguida su perfil controlador. Pensé, en ese momento, que algunas personas, por naturaleza, tienen un carácter más dominante e impulsivo, y que quizás, con el tiempo, mi amigo aprendería a moderarse y a asumir una posición más equilibrada, que tomara en cuenta las necesidades y deseos de los demás.

En mi ingenuidad, llegué incluso a pensar que tenía madera de líder ¡Pobre de mí!... Su liderazgo es el de un dictador autócrata y egoísta que manipula y explota a sus subordinados.

Ahora me doy cuenta de mi ceguera ante esta Bandera Roja. Con mi actitud benevolente estaba justificando una conducta que desde un principio he debido identificar como tóxica. No era consciente de hasta qué punto este rasgo, el afán de control, era un elemento central en su patrón de comportamiento.

Si estamos en una relación y observamos que la otra persona monopoliza abusivamente todas las decisiones e intenta condicionar nuestros pensamientos, deseos y sentimientos, encendamos las alarmas: lo más seguro es que estemos ante una persona tóxica, probablemente un narcisista.

Las personas emocionalmente sanas son respetuosas de la libertad del otro y logran establecer vínculos donde prevalece claramente la reciprocidad.

En general, el abusador, sea narcisista o no, disfraza sus sentimientos de inseguridad y minusvalía ejerciendo un control enfermizo y autoritario sobre las personas con las que se relaciona. Hay personas que, erróneamente, confunden este afán de dominación con el verdadero amor. Nada más lejos de la realidad.

El amor, ya sea de amistad o de pareja, no se funda en el ejercicio del poder y la supremacía de una parte sobre la otra. Este tipo de vínculo es más propio de una relación amo-esclavo.

El amor verdadero es una experiencia de crecimiento mutuo que enriquece a ambas partes. Caminar juntos, compartir juntos la aventura de vivir, sin dependencias tóxicas de ningún tipo.

Nadie debe vivir supeditado o a expensas, emocionalmente, de otro ser humano. Vivir “para” otros constituye una trampa que falsea cualquier relación y, a la larga, incide en nuestro bienestar emocional y psicológico. La clave es vivir “con” los otros, en comunión de vida con los demás, manteniendo relaciones maduras de verdadero respeto, apoyo y comunicación.

Debemos aprender a defender nuestra autonomía y a mantener a raya a quien intente controlarnos, emocionalmente o de cualquier otra forma. El  control no es cónsono con la confianza y la reciprocidad que deben reinar en cualquier relación sana.

El control, en síntesis, es ABUSO y no tiene justificación de ninguna especie. El narcisista se vale del vínculo afectivo de la víctima para controlarla y dominarla abusivamente. Es tiempo ya de que tomemos conciencia del engaño que nos ha tendido y que recuperemos nuestra libertad decretando y manteniendo un Contacto 0. Es un asunto de derechos y libertades, un asunto de dignidad.

Atento a sus comentarios y aportes. Un saludo.


@libresdelnarcisista

jueves, 12 de octubre de 2017

BANDERA ROJA 1: El narcisista está absorbido en sí mismo


Conocí al narcisista cuando él era apenas un adolescente, unos 7 años antes de que me convirtiera en su socio principal o fuente primaria de suplemento narcisista. Nuestra amistad fue creciendo con el paso del tiempo, nos veíamos de vez en cuando, charlábamos, la imagen que tenía de él en ese entonces no podía ser mejor: inteligente, excelente estudiante, amable, interesado en temas intelectuales, deportista, simpático.

En ese tiempo, ahora me doy cuenta, formaba parte del “círculo externo” de amistades del narcisista, es decir, de su fachada, surtiéndole de abundante combustible positivo en forma de admiración, atención, halagos, etc.

A raíz de un proyecto laboral que me propuso, y que yo acepté, comenzamos a vernos con frecuencia y a hablar casi todos los días. En ese momento me promovió, sin yo darme cuenta, y pasé a ser su fuente principal de combustible.  Fue en una circunstancia muy concreta: él acababa de sufrir una decepción amorosa y se sentía desconcertado. Además, empezaba un nuevo trabajo y su círculo de relaciones, cosa que me extrañó, no era muy amplio.

En esa época, el narcisista se me mostró como una víctima de la vida, por decirlo así, lo que apelaba a mis rasgos empáticos. Pasaba horas y horas escuchándolo, dándole ánimos, motivándolo, nuestras conversaciones se prolongaban hasta bien tarde en la noche. Él parecía estar agradecido por mi atención, me llamaba su “mentor”, me consultaba sus cosas, tanto laborales como personales, y me hacía creer que yo era muy importante para él. En definitiva, me puso en un pedestal. Así fue, en resumen, la etapa de Love Bombing o “período dorado” de nuestra amistad, que duró unos seis meses, más o menos.

En ese tiempo, una de las primeras cosas que llamaron mi atención fue su excesiva auto-absorción en sí mismo.

Mi relación con el narcisista giraba en torno a su mundo, sus temas, sus preocupaciones, sus pensamientos y preguntas, sus sueños, sus miedos, sus gustos, su tiempo, sus  intereses, sus deseos,… todo, pero absolutamente todo, tenía que ver con él y con la impresión que él dejaba en los demás.

Este es el corazón mismo del narcisismo, pensar y actuar como si se fuera el centro de gravedad del universo, el eje del cosmos, el ombligo del mundo.

El narcisista vive ensimismado, convencido de su propia grandeza y superioridad, sintiéndose único y especial, sintiéndose con derecho. Sus fuentes de suministro, especialmente la principal, están ahí, precisamente, para alimentar y sostener continuamente esta imagen inflada que el narcisista ha creado de sí mismo.

Todos nosotros, en nuestra infancia, hemos vivido una etapa de narcisismo, nos hemos creído el centro de las miradas del mundo, hemos pensado que éramos omnipotentes y que se nos debía todo. Es la fase que Freud llama de narcisismo primario.

Progresivamente fuimos superando este estadio de nuestro desarrollo emocional,  aprendimos que existen los otros, abandonamos nuestro egoísmo infantil, nos dimos cuenta que no todo giraba en torno a nosotros y que no éramos omnipotentes. Ello nos dolió, claro está, nos produjo una herida, la llamada herida narcisista, pero gracias a ese proceso fuimos capaces de desarrollar la empatía y todos los valores asociados a ella, comenzando por el amor y la compasión.

La evolución de una persona emocionalmente sana pasa de esta etapa de un amor exclusivo, centrado en sí mismo, en la propia gratificación e interés, a un amor maduro que incluye a los otros, que conecta emocionalmente, que es capaz de reciprocidad, de compartir penas y alegría y de entregarse a los demás.

El narcisista, emocionalmente hablando, está atrapado en este narcisismo infantil, caracterizado, precisamente, por ese amor egoísta hacia sí mismo, una situación donde los demás se convierten en meros instrumentos de su gratificación y beneficio personal.

Cuando observé este rasgo del narcisista pensé en un primer momento que era circunstancial, fruto de la situación emocional difícil que estaba atravesando. Es normal que las personas, en épocas de dificultad, se coloquen a sí mismas en el centro y se auto-absorban en sus necesidades y conflictos.

Sin embargo, con el tiempo, me fui dando cuenta que no se trataba de una conducta pasajera. La auto-absorción en sí mismo del narcisista es una característica permanente, forma parte del patrón estable de su personalidad. Ello lo observé reiteradamente. Cuando conversaba con él, enseguida percibía que el eje de todo su pensamiento era él mismo, y todo lo que podía relacionarse con su persona. El resto del mundo universo, sencillamente, carecía de interés.

Esta excesiva preocupación por sí mismo hacia que, con frecuencia, me diera la impresión de que, aunque conversábamos largo y tendido, en realidad no estábamos, en lo profundo, verdaderamente conectados.

Para el narcisista, las necesidades, sentimientos y pensamientos de los otros apenas son relevantes, a menos que tengan alguna relación con él y con su mundo. Por eso es que se trata de una relación completamente asimétrica: una persona que exige atención, escucha, admiración, aprobación, etc. frente a otra que debe limitarse a estar ahí y a dar continuamente el soporte emocional –el combustible-que se le demanda.

Esta ausencia de reciprocidad es humanamente agotadora y, a la larga, despersonalizante. Quien haya sido fuente primaria de suplemento narcisista me entenderá.

Por supuesto, el narcisista sabe disfrazar bien la continua absorción que tiene en sí mismo y aquí es donde entran en juego todas sus manipulaciones. Con las personas que sufren este grave trastorno nada es nunca como parece. En mi caso, me hacía creer que teníamos intereses en común, por lo que, para captar mi atención, me comentaba asuntos que él sabía que podían interesarme. En esa trampa caí durante algún tiempo, hasta que me di cuenta una y otra vez, que, en el fondo, todo giraba en torno a él mismo.

Esta fue, que yo recuerde, la primera Bandera Roja que percibí claramente, mucho antes de que fuera sometido a los duros trabajos de la devaluación y el descarte en el ciclo de la relación o que lograra reconocer el trastorno narcisista que padecía mi amigo.

En conclusión, estemos muy atentos cuando percibamos en alguien este rasgo tan característico del narcisismo: la continua absorción en sí mismo. Puede ser una señal que nos indica que estamos en relación con un narcisista, y que debemos estar alerta.

De antemano, gracias por sus aportes y comentarios

                                                                                                                              @libresdelnarcisista


domingo, 8 de octubre de 2017

RECONOCER AL NARCISISTA: QUITARLE AL LOBO LA PIEL DE CORDERO


Identificar el narcisismo patológico de mi amigo fue un largo y tortuoso proceso cuyo punto de inflexión, como he contado otras veces, fue el asunto de su falta de empatía, un rasgo de su trastorno que se me hizo patente en la fase de descarte.

Percibí claramente en ese momento, y él mismo me lo confirmó, su incomprensión acerca de la conmoción emocional que me causaba su extremada crueldad e indiferencia. Aquello, sencillamente, no era normal.

Comencé a buscar por la Red sobre el tema de la carencia de empatía, y, ¡Eureka!, encontré la respuesta: Trastorno Narcisista de la Personalidad. Quedé en estado de shock.  De los 9 criterios de diagnóstico del DSM, pude identificar en mi amigo no 5, que es lo mínimo para determinar que se sufre dicho trastorno, sino los 9. Mi amigo era un narcisista de manual.

Pasé varias semanas impactado. Leyendo, viendo clips en inglés y en español, investigando. Todo lo que había vivido durante los últimos dos años cobraba sentido. El ciclo de la relación, las manipulaciones, su comportamiento errático y explotador, los efectos del acondicionamiento emocional, los abusos, todo, absolutamente todo, se correspondía al perfil del trastorno narcisista.  Por Dios, ¿cómo no me había dado cuenta antes?

Sencillamente, desconocía la existencia de esta realidad.

Por supuesto, desde el principio de la relación percibí actitudes y conductas que debieron alertarme de la personalidad tóxica de mi amigo. Son las llamadas “banderas rojas”, o red flags como se dice en inglés, y que sirven de indicadores reflectantes sobre el posible problema de narcisismo de una persona. Pero estaba bajo los efectos del love bombing, y, repito, no sabía nada ni de narcisismo ni de banderas rojas ni de nada parecido.

El narcisista, que estudia bien a su víctima antes de engancharla, se dio cuenta de mi desconocimiento sobre el tema. Mi perfil empático y confiado le atrajo. Como un depredador reconoce el olor de su presa que pace incauta en medio de los calores de la sabana. Igual.

Me sucedió, además, que no relacionaba los hechos y signos entre sí. Carecía de perspectiva, de una visión de conjunto. Eso sólo lo logré con  el tiempo. Un solo rasgo, o una situación concreta, no definen necesariamente el narcisismo de una persona. Tenía delante de mí las banderas, algunas rojas rojísimas, pero las consideraba aisladamente: la palabra que dijo, lo que hizo aquel día, etc., no vinculaba una cosa con otra, no ataba los cabos de la cuerda, por eso no lograba ver al lobo vestido de oveja.  

Por ejemplo, hay personas muy envidiosas, otras son iracundas, otras tienen una visión negativa de la vida, algunas sufren altibajos en su autoestima, otras también manipulan en ciertos momentos, etc. Todos estos rasgos los vamos a encontrar en los narcisistas, y sin embargo no todas son, propiamente hablando, narcisistas, pues lo que define el trastorno en sí es el conjunto de rasgos de la persona, la sumatoria de todos ellos, y su continuidad en el tiempo, lo que constituye un patrón estable de personalidad.

Está claro que lo ideal sería tener un diagnóstico médico, pero como en la mayoría de los casos es casi imposible, hemos de reunir nosotros los datos que disponemos, interrelacionarlos, contemplar todas las banderas juntas, a fin de lograr reconocer al lobo disfrazado, es decir, al narcisista

Por cierto, ni todas las personas tóxicas son narcisistas, ni todos los que tienen algún rasgo narcisista en su personalidad padecen dicho trastorno.  

He visto en algún foro tachar de narcisista a personas que quizás tengan rasgos tóxicos de personalidad, pero que no son, propiamente hablando, narcisistas ni mucho menos.

En este sentido, hemos de ser prudentes. Personas tóxicas hay por todas partes, en la oficina, en nuestra familia, entre nuestros vecinos. Lo indicado sería no relacionarnos con ellos, pero no a todos podemos decretarles el Contacto 0, y, en algunos casos, ni siquiera es necesario.

Creo que parte de la sabiduría de vivir es aprender a lidiar lo mejor que podamos con la gente tóxica que encontremos en nuestro entorno.

Pero el caso de los trastornados narcisistas, y de los que sufren algún desorden de  tipo psicopático, es diferente. Su grado de peligrosidad es tal que no hay posibilidad de soluciones intermedias. Relacionarse con un narcisista suele acarrear unas secuelas devastadoras. Se trata de verdaderos depredadores emocionales.

Hay un antes y un después tras el paso del narcisista por la vida de la víctima. Como esos huracanes que han arrasado estos días las islas del Caribe, sus efectos son, francamente, demoledores, afectando especialmente la integridad emocional y psicológica de quienes se relacionan con ellos. Los que han sufrido el abuso narcisista lo saben bien.

Por todo lo dicho, considero prioritario aprender a reconocer a estos lobos que deambulan entre nosotros disfrazados de ovejas. Quitarles la falsa piel de cordero que los cubre. Identificarlos a tiempo para no caer en sus garras malignas. Con este objetivo, pienso compartir en las próximas entradas las banderas rojas que en su momento yo no logré ver, y que pueden alertarnos sobre las posibilidades de que nos estemos relacionando con un trastornado narcisista, o de que seamos ya víctimas del mismo.

En nuestro camino de recuperación del abuso, el conocimiento y la información son nuestros mejores aliados. Un saludo.

@libresdelnarcisista


viernes, 6 de octubre de 2017

LAS 3 FORMAS DE DESCARTE DEL NARCISISTA


Me costó un tiempo entender que la forma como el narcisista decide desengancharse de su víctima, a la que ha abusado, a la que ha explotado de mil maneras,  no sucede por casualidad ni improvisadamente. Todo está calculado fríamente en su mente de depredador.

Varios factores intervienen en la agenda del descarte: su deseo de castigar a la víctima por razones, muchas veces arbitrarias, que sólo están en su mente; la pretensión de obtener una última dosis de rico combustible negativo, generando todo el daño posible; las necesidades que tenga de mantener la fachada; y la previsión que haga de un posible re-enganche futuro cuando llegue el tiempo del Hoover o la aspiradora.

Dependiendo de todos estos factores, y del tipo y grado de malignidad del narcisista, será la forma como el abusador ejecutará el descarte. 

Recapitulando mis propias experiencias, he logrado reconocer en la relación que viví por lo menos 3 formas diferentes en que el narcisista descarta a la víctima:

1. Desaparición o “ghosting”:

Desaparecer, probablemente la forma más común de descartar que tienen los narcisistas. Sin previo aviso el abusador desaparece. Se lo traga la tierra. A veces, tras un fingido acercamiento previo, ¡bum!, se esfuma. A la víctima le es imposible ponerse en contacto con él. No atiende las llamadas, y aunque le haya enviado varios mensajes en el Whatsapp, no hay respuesta.

Ni a través de los amigos, ni por las redes sociales u otro medio, logra comunicarse con el narcisista. Los días se acumulan y crece la ansiedad. Este descarte es un tratamiento silencioso brutal y masivo. A la víctima le tomará un tiempo darse cuenta de que ha sido descartada. No se le dice a la cara ni siquiera a través de un mensaje. En cambio, se entera que el narcisista fue visto con otra persona en tal sitio o encuentra fotos de él con su nueva pareja en alguna red social. El impacto emocional que recibe la persona es tremendo.

Aunque cueste creerlo, todo este daño ha sido planificado por el depredador.

El narcisista no actúa así por cobardía. En realidad, está encandilado con su nueva adquisición y eso es lo único que le importa en ese momento. Todos los esfuerzos desesperados de la víctima por ponerse en contacto, la humillación de saber que ha sido sustituida por otra persona, le proporcionan una buena ración de suministro narcisista. Se siente hinchado y poderoso.

Una vez que ha absorbido este rico combustible, se olvida por completo de la víctima, literalmente la saca de su mente, como si se tratara de un objeto inservible.

Esta forma de descarte está planeada para destruir la autoestima de la víctima.  Ni siquiera merece una explicación de su parte. No encuentra ninguna razón para dársela, pues carece de valor ante sus ojos.

Así refuerza el narcisista su idea de omnipotencia y superioridad. La víctima es una pieza de ajedrez que es olvidada en el tablero, hasta que él decida retomar la partida.

2. Descarga verbal maligna

En este caso, el narcisista le dice a la víctima, bien sea a la cara o a través de un mensaje, que decide desengancharse de ella. En ocasiones, es el epilogo que remata el acto inexplicado de la desaparición. La persona, afligida al desconocer las razones de su ausencia, consigue por fin hablar con el abusador.

El narcisista aprovecha la ocasión para descargar verbalmente a la víctima y hundirla emocionalmente:

"Estoy harto de verte. Eres patética e inmadura y me di cuenta de que no puedo estar con alguien como tú”.  

"No estás a mi altura, ni siquiera te has visto bien en el espejo. No creo que nadie se fije en ti, y menos a tu edad y con esa facha”.

“Ahora que te conozco bien he decidido dejar de confiarte mis temas personales. No le llegas ni a la suela del zapato a mis verdaderos amigos: fulano y zutano”

Esto es sólo una selección de las palabras horribles y duras que el narcisista lanzará en contra de la víctima. Ella será la culpable del fin de la relación. Insultará, dirá palabras humillantes y se afincará deliberadamente en sus vulnerabilidades para menospreciarla.

Si deciden hundir más el cuchillo, harán alguna triangulación comparando a la víctima con su nueva fuente primaria,  y le dirán que la cambian por alguien más joven, con mayor estatus, más maduro, etc.

En síntesis, en este discurso final dará rienda suelta a su furia fría y, créanme, nada lo detendrá.

Importante: muy poco de lo que diga el narcisista durante el descarte será cierto o tendrá fundamento real.  Lo que menos le importa al abusador es la verdad, lo que quiere, en el fondo, es provocar reacciones emocionales negativas en la víctima, y dañarla en su autoestima. Es todo, y no le demos más vueltas.

El narcisista actúa así por varias razones. La principal: obtener combustible. Nada hay que lo empodere más que ver a su víctima enojada, herida, humillada y rota de dolor. Si, encima, logra hacerla llorar, se siente, literalmente, extasiado de poder. Entiendo lo chocante que resulta esto para una persona normal, pero no olvidemos que se trata de personas trastornadas que viven de las reacciones emocionales negativas de sus víctimas, y que, además, carecen totalmente de empatía.

Por otra parte, en su maldad, busca que la persona crea que es la culpable del fin de la relación y que se obsesione con las cosas que están mal en ella, según lo que él le ha dicho. Esto socava la confianza en sí misma de la víctima, que gastará horas y horas rumiando las palabras venenosas del abusador.

Así, se asegura que durante un tiempo la víctima no dejará de pensar en él, por lo que la superación del vínculo traumático, la mezcla potente, se hará mucho más difícil. De esa manera, llegada la hora del Hoover, la aspiración será mucho más fácil.

Hay víctimas que quedan muy marcadas por esta descarga verbal maligna: ataques de ansiedad, depresión, insomnio, etc.

3. Desenganche encubierto

Este descarte está diseñado para dejar la puerta abierta, mantener indefinidamente el abuso y aspirar a la víctima  en alguna coyuntura futura. Carece de la perversidad de la descarga verbal maligna, pero sus secuelas, con el tiempo, son igualmente tóxicas. Tomando en cuenta que la desaparición es el acto típico del descarte, el narcisista excusará en algún momento su inexplicable ausencia, con argumentos como:

“Necesito un poco de espacio para pensar”.

"No estoy seguro si quiero seguir con lo nuestro, vamos a alejarnos por un tiempo, y ver las cosas en perspectiva".

"Tengo que resolver algunos temas personales, y necesito estar solo”

Existe una versión más light, y más engañosa, de esta forma encubierta de descarte: la víctima recibe una serie de elogios como parte del discurso de cese de la relación.

"Has sido demasiado bueno conmigo, pero siento que nuestra amistad se ha estancado. Necesitamos separarnos por un tiempo. Sé que lo entenderás, siempre lo haces.”

"Has hecho más que la mayoría, pero incluso eso no ha sido suficiente. Necesito tiempo para resolver mis cosas".

"Eres maravillosa, maravillosa de muchas maneras. Te amo, pero no estoy enamorado de ti, así que necesito estar separado hasta descubrir qué es lo que quiero realmente.”

En uno u otro caso, el narcisista no apuntará a nada específico, sino que hará observaciones amorfas y vagas que giran en torno a la necesidad de tiempo y espacio. La realidad de fondo es que la está descartando en forma encubierta y sin decírselo.

La ley del descarte encubierto es la ambigüedad, así mantienen a la víctima indefinidamente colgada, erosionándola emocional y psicológicamente. Entretanto, ellos mantienen su fachada de hombre “profundo” y en “búsqueda”, lo que despierta el interés de la víctima y apela a sus sentimientos empáticos lo que se traduce en combustible en forma de atención y admiración.

La persona seguirá pendiente del narcisista porque éste da a entender, con sus palabras amorfas, que el alejamiento es sólo temporal. De esa manera, la persona se queda emocionalmente enganchada con la esperanza de un posible regreso del abusador.

Esta situación termina generando duda y confusión. El narcisista le retira a la víctima toda su atención y afecto, y, sin embargo, tampoco cierra la relación, respuestas vagas así lo impiden. La persona, ansiosa por saber, querrá tener noticias, y de vez en cuando lo buscará, surtiendo así de combustible al abusador. 
  
Psicológicamente hablando, el descarte encubierto deja paralizada a la víctima: no tiene una relación real con el narcisista, que la ha descartado sin decírselo, ni tampoco logra romper las cadenas del abuso e iniciar su recuperación.

Algunas Conclusiones

El elemento común de las 3 formas de descarte es siempre la desaparición del narcisista.

Todas las acciones del narcisista, incluyendo el descarte, son profundamente manipuladoras, y en consecuencia, abusivas de principio a fin. Como he señalado otras veces, el elemento clave es siempre el combustible.

El abusador narcisista sólo comunicará directamente el descarte a través de una descarga verbal maligna. En este caso, lo que pretende no es exponer las razones reales del cierre de la relación, sino herir a la víctima lo más posible  y obtener una dosis final de combustible. Esta forma está cargada de perversidad, pero tiene la ventaja de que hay un cese, aunque sea temporal, del abuso y la manipulación

El descarte encubierto no tiene el veneno de la descarga verbal, incluso puede contener hasta elogios para engañar mejor a la víctima, pero es una prolongación en el tiempo del maltrato y el engaño lo que, a la larga, es profundamente destructivo a nivel emocional y psicológico.

El descarte encubierto se corresponde al perfil pasivo-agresivo del narcisista y constituye una verdadera trampa para la víctima.

Amigo, amiga, reflexionemos sobre estas cosas. Sea cual sea la forma de descarte que hayamos sufrido, tomemos conciencia de lo vivido, de las jugarretas y engaños del narcisista, y pongamos fin al ciclo del abuso, decretando un Contacto 0.

@libresdelnarcisista


sábado, 30 de septiembre de 2017

LA TRIANGULACIÓN: la trampa narcisista del tercero en discordia


Una de las estrategias de manipulación favoritas de los narcisistas es la triangulación. Al principio no entendía bien de que se trataba porque todos los ejemplos que encontraba se referían a una relación de pareja.

Mi relación con el narcisista era de amistad.

Una vez que comprendí el juego tóxico del triángulo, fui descubriendo que, lejos de lo que yo pensaba, esta táctica manipulativa, y sus efectos perversos, estuvo bien presente en mi experiencia del abuso narcisista.

Recuerdo, que después de un período en que esta persona me dedicó toda su atención y la comunicación entre nosotros era intensa y fluida, tras desaparecer unos días, me contó que había hecho un amigo muy especial que lo estaba ayudando mucho, y que era para él un referente a seguir.

Este comentario, ahora lo entiendo, tenía un propósito. Además de intentar generar celos en mí, contenía un mensaje, era una forma de decirme: tú ya no eres mi único referente ni el único amigo confidente que tengo. Es otras palabras, me estaba, sutilmente, devaluando. Esto se comprende mejor si se toma en cuenta que semanas atrás no había parado de alabarme y de decirme que yo era su amigo más especial, su mentor, su apoyo, bla, bla, bla,....

En ese momento, intuitivamente, sin saber nada sobre esta táctica de manipulación, ni sobre el trastorno narcisista de mi amigo, me di cuenta que había algo extraño en su comportamiento.

La triangulación consiste en introducir terceras personas, reales o ficticias, en medio de una relación a fin de manipular y controlar a la víctima haciendo que se sienta insegura, celosa, desvalorada. La persona que lo sufre es comparada con otra u otras, y de esa forma es criticada y devaluada.  

El corazón de este juego maligno es el acto de comparar a la víctima con una persona, amigo, familiar, la ex, etc., hasta lograr que sienta que vale menos o que es inferior, o que no actúa o piensa de una manera correcta.    

Para comprender los efectos devastadores de la triangulación, hay que recordar que la víctima, previamente, ha recibido una sobredosis de atención e intenso afecto, que posteriormente se le retira.  Así crean los narcisistas un vínculo, que ellos no sienten, y que hace posible el control y la manipulación.

Los narcisistas son observadores agudos y calificados. Pueden identificar a una persona amable y generosa de la misma manera que un tiburón puede oler una gota de sangre en el océano. Su objetivo principal es controlar y dominar a sus socios. Esta es la razón por la que la fase de love bombing es clave para entender su éxito. La atención constante, la adulación y las declaraciones fraudulentas de amor hacen a la víctima vulnerable a tácticas tan destructivas como la triangulación.

La triangulación, en realidad, ofende los principios de por qué dos personas están en una relación y es un método de manipulación que utiliza el narcisista para ganar combustible, causar confusión y ejercer control.

El propósito es obtener dos fuentes de suplemento narcisista de dos aparatos diferentes. A veces el combustible es doblemente positivo, y en otras ocasiones positivo y negativo al mismo tiempo. Esto es edificante y estimulante para el narcisista que se siente hinchado de poder.

Mediante esta técnica, el narcisista vende la idea de que es deseado por muchos, provocando, además, competencia y rivalidad entre las personas que entran en el triángulo,  lo que se convierte en una rica fuente de combustible“¡Qué grande soy, mira cómo compiten por mi!”.

CASOS TÍPICOS DE TRIANGULACIÓN

En una relación de pareja, por ejemplo, flirteará casi descaradamente, luego lo negará todo, y  harán que la víctima se vuelva obsesiva con el tema. Si la persona le reclama, la tachará de dependiente y de sensible, de “imaginarse cosas” o de estar sobre-reaccionando. Todo ha sido una trampa orquestada por el abusador.

Otro caso muy común: comienza a hacer comentarios positivos de una nueva persona, alabando atributos como la edad, el físico, el carácter, la preparación profesional, el status, etc. Sabe bien que la víctima se sentirá ansiosa y en competencia, esa es, precisamente, la reacción emocional que busca, de ese modo la maltrata y manipula psicológicamente.

Para obtener control, atención o adulación, el narcisista informa a su pareja acerca de cómo un tercero, un amigo o un compañero de trabajo, ha sido coqueto o coqueta con ellos. De esta manera, sutilmente, le advierte que son potencialmente reemplazables. Instintivamente, la víctima se esfuerza por complacer más y más al narcisista, buscando así evitar, inútilmente, ser comparada y devaluada.

Es un clásico de los narcisistas el triangular por medio de sus ex. Al principio hablará mal de su antigua pareja, dirá que es una desequilibrada, paranoica, obsesiva, malvada, etc. Se presentará como su víctima frente al nuevo prospecto. En la etapa de devaluación, hará justo lo contrario, desvalorará a su pareja comparándola con su ex. Todo ello forma parte del juego de la triangulación.

Otra forma de triangular, que, en mi caso, se hizo frecuente, es utilizar a terceras personas, ausentes o presentes, como argumento para justificar una acción abusiva o una crítica. Así, la primera vez que le reclamé sobre el “tratamiento silencioso” me nombró a un amigo en común que, supuestamente, le habría demostrado su amistad “acompañándolo” en sus momentos de mutismo. Eso me confundió, porque no era consciente que me estaba engañando y apreciaba a la otra persona.

El narcisista intentará manipular a cualquier persona que pueda tener una opinión diferente usando la ayuda de un tercero involuntario, que, por supuesto, sólo ha oído la versión narcisista de la verdad.

El tercero es por lo general inconsciente de la estratagema del narcisista y cree que sólo está tratando de ayudar. Por lo general, se trata de un familiar o un miembro del club de fans del narcisista. El abusador utiliza a estas personas inocentes como herramientas para ayudar a resolver las diferencias y obligar a la otra persona a aceptar su punto de vista mediante el uso de la persuasión, la vergüenza, las reglas de la mayoría o la culpabilidad.

En mi caso concreto, para esgrimir argumentos en mi contra y descalificarme, el narcisista no dudó en mencionarme a otras personas e incluso a miembros de su familia. En cierta ocasión, en que criticaba mi forma de hablar, me dijo que otros pensaban lo mismo que él, y me nombró a una persona en particular, a la cual él sabía que yo respetaba y admiraba. Aquello me dolió de verdad. Hoy día estoy convencido que todo era una mentira para herirme y manipularme.

Otro ejemplo que he vivido: el narcisista dirá a la víctima que un amigo hizo un comentario muy cruel sobre ella, y luego pretenderá ser partidario de su ira y parecerá defenderla. Consigue así no sólo deleitarse con la expresión herida en el rostro de la víctima, sino que llega a presentarse como el héroe, fingiendo estar de su parte.

Existen triangulaciones realmente destructivas y venenosas. Por ejemplo, decirle a la víctima que una persona está hablando mal de ella, o la critica, y, paralelamente, sin que la víctima lo sepa, hacer lo mismo con la persona afectada. Así logran acabar con amistades y relaciones, mientras ellos se sientan y contemplan divertidos como las partes se atacan y destruyen mutuamente. Incluso, cínicamente,  se hacen pasar por amigos de ambas o se convierten en intermediarios en el conflicto, retorciendo la información y sembrando odio y caos por doquier.

En situaciones así, qué duda cabe, los narcisistas se convierten en verdaderos agentes del mal, asolando amistades, familias enteras y organizaciones.


LA TRIANGULACIÓN: DOS CAUTELAS

Por todo lo expuesto, concluimos que la triangulación, que no es exclusiva de los narcisistas, es ABUSO y una forma de maltrato emocional y psicológico muy cruel y destructiva.

Las personas emocionalmente sanas no andan por ahí provocando celos e inseguridad en sus parejas, ni en sus relaciones. Por lo contrario, fomentan la confianza mutua, y saben valorar a las personas que aman.

Si en una relación cualquiera, amistad, pareja, somos continuamente comparados con terceros, es un indicador de que, posiblemente, estamos ante una persona tóxica. Debemos estar atentos cuando en esta comparación se nos desvalora, o se nos exige que aceptemos comportamientos y actitudes que son contrarios a nuestros valores o a nuestra percepción de la realidad.

Por otra parte, en el caso concreto de la relación de pareja, aunque vivimos en una sociedad bastante permisiva, debemos estar claros: una infidelidad es siempre una traición a la palabra dada entre dos personas que dicen amarse.

Si tu pareja es narcisista, debes saber que él, deliberadamente, sembrará en ti la sospecha de ser infiel, y lo será de hecho, y así torturará sádicamente a la persona que se ha enamorado de él. Esto es lo que hace continuamente y en todas partes.

No quisiera terminar sin darles dos cautelas de mi propia cosecha, para evitar las trampas del narcisista en el juego de la triangulación:

1. Nunca, bajo ningún concepto, le creamos al narcisista cuando nos diga que una persona dice o piensa tal y tal cosa sobre nosotros. Es todo mentira, se trata de un intento de manipularnos y herirnos, y nada más.

2. Nunca, bajo ningún concepto, permitamos que el narcisista nos compare con absolutamente nadie. Ni que utilice a terceros como argumento para convencernos de algo. Hay que decirle a la cara y despacito: “Yo soy yo, y respondo por mí, y punto”. Cada ser humano es único e irrepetible, con sus virtudes y sus defectos. Hay que repetirlo y repetirlo machaconamente, con firmeza, casi como una cantinela: “Lo siento, no acepto comparaciones de ninguna especie”. Si lo vuelve a intentar, decirle de nuevo, una y mil veces: “Lo siento, no acepto comparaciones de ninguna especie”. 

Si nos mantenemos inflexibles en esto, a la final, se rendirá, y buscará otras formas de manipularnos.  De todas maneras, estemos vigilantes, porque tratará de colárnosla en forma encubierta.

Muchos de nosotros hemos sufrido los estragos de la triangulación, pero milagrosamente, cuando los narcisistas salen de nuestra vida, también lo hace la ansiedad, la depresión y la desesperanza.

No participemos en el juego. Rompamos las cadenas, decretemos el Contacto 0 y seamos libres de estos seres trianguladores y perversos.

@libresdelnarcisista