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lunes, 20 de noviembre de 2017

EL NARCICISTA ES UNA VÍCTIMA: Comprender el problema


Los narcisistas son seres humanos como tú y como yo. Por supuesto, su condición mental, el grave trastorno psicológico que sufren, ha coartado enormemente el pleno desarrollo de aquello que nos hace verdaderamente humanos, como la empatía, por ejemplo, o la conciencia moral. Con todo, no constituyen una especie diferente a la nuestra, son hombres y mujeres como nosotros, personas rotas y perturbadas, pero personas al fin y al cabo.

Quizás no nos damos cuenta totalmente, pero sufrir este trastorno de personalidad es para cualquier ser humano, y para su entorno inmediato, una verdadera tragedia.

No nos dejemos engañar por la aparente vida feliz del narcisista, esa imagen que proyectan es una falacia. Detrás del escenario, su existencia es una pesadilla sin fin.

Los narcisistas son víctimas.  No en el sentido que ellos pretenden hacernos creer cuando manipulan las situaciones de tal manera que parezca que somos nosotros sus verdugos o victimarios. Eso forma parte de su juego narcisista, se trata de un mecanismo defensivo para justificar su conducta abusiva y proyectar en nosotros la responsabilidad de sus acciones.

Los narcisistas son víctimas de su propio trastorno de personalidad, con todo lo que ello implica, especialmente la percepción torcida que tienen de sí mismos y de los demás. Ellos están convencidos que lo que creen de sí mismos, y proyectan externamente, es totalmente cierto. En ese sentido, han roto, verdaderamente, con la realidad.

Muchas víctimas de los narcisistas tienen problemas para reconocer la condición de víctimas de aquel que ha perpetrado, deliberadamente, el abuso que han sufrido. Les parece que de esa manera se excusa la responsabilidad que tiene el abusador acerca del daño que han causado o se justifica su comportamiento devastador.

Los narcisistas son víctimas, lo cual no cambia en absoluto su condición, siguen siendo tóxicos, manipuladores y destructivos por lo que la recomendación es romper todo contacto con estas personas y permanecer alejados de ellos lo más posible

Saber que la persona que me ha hecho tanto daño es, al mismo tiempo, víctima de un trastorno de personalidad narcisista no cambia para nada la realidad tremenda del abuso. Se trata, sencillamente, de comprender cabalmente lo que significa sufrir este patrón trastornado de personalidad y su dinámica.

Entender el narcisismo patológico es el camino para que la interacción, a veces inevitable, con estos trastornados nos cause el menor daño posible.

Por lo demás, salir de la trampa del narcisista, del enganche emocional y psicológico en el que muchas víctimas están atrapadas, requiere entender su modo de pensar y lo que se esconde detrás de sus acciones.

Por parte de nosotros se trata de un aprendizaje. Cuando sabemos cómo responder adecuadamente a sus juegos y tácticas, cuando aprendemos a reconocer lo que hay tras sus actos y palabras, lo que buscan, cómo se comportan, recuperamos el control y el poder que nos arrebató cuando nos metió en su burbuja, nos sedujo, nos acondicionó y luego nos devaluó y descartó.

Fracasamos cuando interpretamos lo que hemos vivido con el narcisista con la misma perspectiva con la que hemos enfrentado otras relaciones en nuestra vida. Frente al arsenal narcisista nuestra lógica de personas empáticas no funciona, e incluso puede contribuir a agravar el abuso que sufrimos.

No se puede resolver un problema, ni el del narcisista ni cualquier otro, a menos que logremos entenderlo. Así de claro.

Entender es sumamente importante en nuestra superación del abuso. Por ejemplo, creer que el narcisista se ha enamorado realmente de su nueva fuente o pareja, y sufrir por ello, es muy comprensible, desde luego, pero es una interpretación que hacemos de los hechos desde nuestra lógica empática. Comprender lo que sucede realmente, saber que las relaciones narcisistas siguen un ciclo marcado por la búsqueda de combustible, que estas personas son incapaces de amar, y que, además, nuestro sufrimiento ha sido perversamente buscado para que sirva de suministro, es ver el problema desde la óptica correcta, la del narcisista.

Otro ejemplo: El narcisista nos ataca verbalmente, nuestra tendencia natural es a contraatacar o a defendernos, eso es lo que haríamos en cualquier relación humana. Sin embargo, al reaccionar emocionalmente le estamos enseñando al maltratador como puede suscitar en nosotros respuestas que le sirvan de combustible. El problema, en vez de resolverse, se agrava. En cambio, si nos damos cuenta de su juego al provocarnos, y aprendemos a no reaccionar, no le damos ninguna respuesta emocional, e inmediatamente el narcisista dejará probablemente de atacarnos por ese flanco.

Esa es la diferencia entre entender y no entender el problema narcisista. La comprensión nos da la ventaja que necesitamos. Por eso es tan importante educarnos.

Por otra parte, entender lo que significa este trastorno y la dinámica de una relación con un narcisista, nos ayuda a librarnos del odio, una respuesta muy comprensible frente a la devastación que este sujeto ha causado en nuestra vida.

El odio es una emoción muy intensa que nos impide romper las amarras con el abusador y que dificulta nuestra sanación. Es un proceso que tienen que vivir muchas víctimas, especialmente después de decretar el Contacto 0, irse liberando de las ataduras del odio a través de la comprensión cabal del trastorno narcisista y del abuso que han sufrido.

La comprensión nos ayuda a dejar de ver a estos trastornados como si fueran unos monstruos llenos de maldad. Detrás de la conducta atroz del narcisista hay un niño traumatizado y lleno de miedo, un niño perdido y enfadado, un niño frágil, carente de identidad real, incapaz de conectar emocionalmente con nadie, que depende de las reacciones emocionales de los otros para subsistir, sometido a un puñado de emociones primitivas y a los caprichos de su ego infantil.

Comprender esto no significa que neguemos la peligrosidad de estas personas para la salud emocional y psicológica de quienes se relacionan con ellos.

Su condición de víctimas tampoco les exonera de su responsabilidad frente a las acciones, todas intencionadas, que cometen, y que no tienen otro fin que obtener suministro narcisista o combustible, la droga de la cual son verdaderos esclavos.

Una persona que sufre de alcoholismo no deja por eso de ser responsable de las consecuencias que acarrea, para él mismo y para la sociedad, su ingesta de alcohol. Lo mismo sucede con el narcisista, él sabe perfectamente lo que hace y la destrucción que generan sus acciones. Aunque comprendamos su trastorno, ni lo excusamos ni lo libramos de su responsabilidad.

Los narcisistas no son extraterrestres, son seres humanos. En ellos lo humano, claro está, ha sido herido y corrompido, lamentablemente de manera irreversible, a causa de un trastorno de personalidad.

Comprender lo que significa esta realidad es el camino de liberación del abuso narcisista.

@libresdelnarcisista


sábado, 18 de noviembre de 2017

BANDERA ROJA 5: EL narcisista no respeta los límites interpersonales


El narcisista se plantó en el escenario de mi vida arrasando con mi tiempo y mi atención. Sencillamente, fue de vértigo, una verdadera escalada bélica: visitas a deshoras, conversaciones por el Whatsapp sobre literatura, filosofía, religión,… y luego asuntos más personales, preguntas existenciales, dudas, confidencias,…

Ese personaje de ficción, creado con retazos y atributos de lo que soy, una versión mejorada de mi mismo,… de mis valores, de mis sueños y esperanzas, de mis motivaciones, de mis intereses,… se hizo mi amigo entrañable.

Todo ello fue ratificado con declaraciones fraudulentas de amistad y aprecio. Frases y gestos que contribuyeron a gestar en mí un vínculo afectivo profundo y peligroso,… la mezcla potente, el troyano que hackea el disco duro emocional de la víctima.

La parodia del amor, es peor, mucho peor, que un odio declarado a plena luz.

Entretanto, en su avance, iba traspasando mis límites personales. Al principio me avisaba con tiempo sus visitas a casa. Era amable y afectuoso en sus maneras, me escuchaba atento. En realidad, se sentía víctima de aquello y de lo otro, todo lo cual apelaba a mis rasgos empáticos.    

El formalismo de las primeras semanas bien pronto dio paso a una familiaridad excesiva. Se presentaba en mi casa sin avisar, aparecía y desaparecía cuando le venía en gana, me pedía mis libros, primero uno, luego varios. Nuestras conversaciones en el Whatsapp se prolongaban hasta altas horas de la noche, me interrumpía en mi trabajo con comentarios chorros, no respetaba mi descanso, utilizaba mi computadora, se llevaba mis películas,…

Comencé a sentirme incomodo. Una amiga muy cercana me alertó sobre la exagerada confianza que había dado al narcisista. Nunca la olvidaré, fue la primera persona que me dijo tajantemente: “tienes que poner límites a este sujeto”.

Erróneamente atribuí la conducta de mi amigo a su carácter. Es una persona muy absorbente y dominante, pensé, basta con ponerle freno y delimitar con claridad mi espacio. Comencé a leer libros sobre asertividad, el clásico “no diga sí cuando quiere decir no” y cosas por el estilo. Descubrí algunas técnicas, pero seguía estando a merced de su conducta manipuladora. Me daba cuenta que algo no estaba haciendo bien, y eso me desalentaba.

Mis intentos en esta dirección fueron todos fallidos. Una y otra vez comprobé que el continuo irrespeto de los límites formaba parte de la dinámica relacional con mi amigo narcisista. Hasta que no comprendí el problema, no logré salir de mi desconcierto.

Tuve que enfrentar situaciones que me resultaron embarazosas. El narcisista, por ejemplo, comenzó a poner los pies sobre una mesa de centro que tengo en mi salón. Aquello me incomodaba realmente. Las primeras veces se lo consentí, pero molesto por su actitud le pedí que dejara de hacerlo. Tuve que ponerme firme hasta que lo aceptó, a regañadientes, claro, pero lo aceptó. Nunca más volvió a hacerlo.

En esa época desconocía completamente el trastorno narcisista de mi amigo, ni siquiera había comenzado mi devaluación. Sin embargo, era consciente de su comportamiento tóxico: irrespeto de los límites normales que marcan las relaciones sanas entre las personas.

Paralelamente, observé también que en lo que se refería a su mundo personal, el narcisista marcaba sin fisura una línea roja. Era sumamente celoso de sus cosas, apenas estuve una vez en su casa, y no tenía ningún reparo en decirme que no, clarito y sin nervios, cada vez que le convenía.

Vivía una paradoja: había permitido que penetrara, como una invasión alienígena, en aspectos importantes de mi vida y de mi psiquis, pero esa actitud abierta de mi parte no se veía compensada en absoluto. El mantenía infranqueables sus límites, y tenía siempre en sus manos el control.

Está claro: en una relación con un narcisista nunca hay reciprocidad.


¿QUÉ SON LOS LÍMITES PERSONALES?

En nuestras interacciones con los demás delimitamos nuestros espacios. Dependiendo del tipo de relación que tengamos, daremos acceso, o no, a nuestro mundo privado, a aquello que define nuestro ser más íntimo y nuestra identidad.

Hay diferentes círculos de confianza. En la medida en que vamos conociendo a las personas, algunas permanecerán en los círculos más externos, es el caso de nuestros compañeros de trabajo o de estudio, por ejemplo, o nuestros vecinos. Y es sano que sea así.

Con otras personas tendremos más afinidad, abriremos más la puerta, y, en la medida en que avance la relación, les permitiremos una mayor confianza, seremos más flexibles, compartiremos más libremente nuestras cosas, y, evidentemente, nos conocerán mejor.

En ambos casos, establecer con claridad nuestros límites es una medida necesaria para mantener relaciones saludables. Sea cual sea el grado de confianza que tengamos con las personas, no todo vale ni en la amistad ni en el amor de pareja.

Que seamos amigos no te da carta blanca para disponer de mis cosas, ni de mi tiempo. Que seamos amigos no significa que pierda el derecho a decirte que no cuando sienta que debo hacerlo. Lo mismo en el caso de las relaciones románticas: te quiero pero conservo mi derecho a tener mis amistades, te quiero pero yo decido como quiero vestirme, te quiero pero no permito que controles mi teléfono o mis redes sociales, etc.


¿POR QUÉ LOS NARCISISTAS NO RESPETAN LOS LÍMITES PERSONALES?

En mi experiencia de amistad con el narcisista comprobé que su continuo traspasamiento de los límites responde a las características mismas de su trastorno de personalidad.

Reflexionando sobre ello, he encontrado 3 razones que lo explican:

1. El narcisista ve a las personas como simples objetos que están a su uso y que se convierten en extensiones de sí mismo. No reconoce límites, en realidad los odia, ello significaría aceptar que el otro es una persona autónoma, con derechos y necesidades diferenciadas, derechos y necesidades tan legítimas como las suyas.

2. El narcisista cree firmemente que dada su grandeza y superioridad está “en derecho” de disponer de la víctima, de su tiempo y de sus recursos, según su voluntad. Este sentido de estar “en derecho” incluye también establecer sus fronteras y decir no cada vez que le apetezca.

Cualquier intento de la víctima por traspasar uno de los límites del narcisista será considerado como un desafío: “¿Cómo una persona tan inferior a él se atreve a hacer tal cosa?”, pensará. Es tal su grado de endiosamiento que creerá que disponer del tiempo y de las cosas de la víctima es un privilegio que le concede.

3. El narcisista en su relación con la víctima no tiene ningún reparo en explotar y aprovecharse de cualquier beneficio que pueda obtener de ella, ya sea de tipo económico, relaciones, ideas, tiempo, etc.,.. Si para hacerlo tiene que traspasar los límites, lo hará una y otra vez, sin ningún problema. Esa es su naturaleza depredadora.


ESTRATEGIAS DEL NARCISISTA PARA ROMPER LAS FRONTERAS DE LA VÍCTIMA

1. La estrategia de victimizarse:

Las personas empáticas tienden, por naturaleza, a querer ayudar a los demás, y, normalmente, se muestran dispuestas a colaborar y brindar apoyo. Los narcisistas lo saben, se aprovechan de estos rasgos de compasión y generosidad de sus víctimas, y, frecuentemente, se victimizan delante de ellas, justificando así sus continuos traspasamientos de los límites.

2. La estrategia del reforzamiento intermitente:

Como he explicado en otra ocasión, una de las formas más efectivas que tiene el narcisista de condicionarnos y convertirnos en dependientes, es a través del reforzamiento intermitente. Él ha aprendido que siendo impredecible en sus respuestas, apareciendo y desapareciendo a su antojo, logra mantener cautiva nuestra atención y nos mostramos más propensos a permitirle que traspase nuestros límites.

Si una persona entra y sale de nuestra vida en forma irregular, necesariamente está violentando nuestros límites. Nuestra agenda queda supeditada a un  comportamiento que no se somete a ningún tipo de previsión.

3. La estrategia de “pedir favores”:

El narcisista es especialista en pedir pequeños favores a la víctima, para ello utiliza todo su encanto y sus tácticas de manipulación y control. Se trata de una práctica muy sutil y efectiva de acondicionamiento, que va minando los límites de la persona. Normalmente, las personas de perfil empático están dispuestas a ayudar a la gente que quieren, si además el narcisista ha educado a la víctima para que dependa continuamente de su aprobación, se dan todas las condiciones para que, encubiertamente, él la explote y transgreda sus derechos.


EL IRRESPETO DE LOS LÍMITES PERSONALES ES UNA BANDERA ROJA

Si conocemos a alguien que continuamente traspasa los límites normales de una relación sana; que, además, a cada momento nos está pidiendo favores, utiliza nuestras cosas, e irrespeta nuestro tiempo exigiéndonos una atención desmedida, abramos bien los ojos: se trata de una bandera roja, nos hallamos ante una persona tóxica.

Digámoslo claramente, traspasar los límites interpersonales es abuso

Hay relaciones en las cuales el sentido del límite que define la identidad de cada persona queda desdibujado. Es tal el grado de influencia y de control de una de las partes sobre la otra que la persona sufre un proceso de despersonalización, su sentido de identidad queda erosionado. Tal es, frecuentemente, el caso de las víctimas del abuso narcisista.

Uno de los efectos del abuso es, precisamente, que la víctima, a través de un insidioso proceso de control y manipulación, ha sido condicionada a desconocer su necesidad de establecer límites sanos en sus relaciones con los demás.

Muchos de nosotros fuimos educados para ser siempre amables y serviciales con los demás, así lográbamos la aceptación y el cariño de otros, y ser socialmente considerados como buenas personas. Sin negar los valores positivos que pueda haber en esta educación, este perfil nos convierte en las víctimas perfectas del abusador narcisista.

Avanzar en la recuperación de las secuelas del abuso va a significar para muchos de nosotros, reeducarnos de nuevo en el restablecimiento y defensa de nuestros límites personales. No siempre podemos, ni debemos, complacer en todo a la gente, aunque intenten manipularnos haciéndonos sentir mal por eso.

Tenemos derecho a decir no, tenemos derecho a definir con claridad que estamos dispuestos y que no estamos dispuestos a dar en una relación, ya sea de pareja o de amistad, tenemos derecho a exigir reciprocidad y respeto en nuestras interacciones con los otros.

Hay un mito que puede hacernos mucho daño: creer que si somos amables, serviciales, obsequiosos con otras personas, incluyendo al mismo narcisista, se nos tratará con respeto y consideración y habremos ganado su aprobación.

Una persona emocionalmente sana por supuesto que lo apreciará positivamente,  sabrá valorar nuestros gestos y correspondernos con reciprocidad.

Una personalidad tóxica o un narcisista, jamás. Por lo contrario, si percibe esos rasgos de generosidad en nosotros su tendencia natural será explotarnos sin ningún miramiento, e incluso pensará interiormente que nos comportamos como seres inferiores, y eso dará pie al abuso y al maltrato.
 
Cesemos de hacer favores a gente con perfil tóxico, y mucho menos al narcisista, que nos pondrá miles de trampas y se hará la víctima para engañarnos. No permitamos que él ni nadie transgredan nuestros límites. No es necesario pelear ni dar largas explicaciones, bastan pocas palabras, simplemente decir NO y punto. Las veces que sea necesario. Con amabilidad y firmeza, y hasta con una sonrisa si hace falta.

Sobre este tema, clave en nuestra recuperación, estaremos siempre aprendiendo. Un saludo.


@libresdelnarcisista

sábado, 11 de noviembre de 2017

7 PASOS PARA AYUDAR A LAS VÍCTIMAS DEL ABUSO NARCISISTA


¿Cómo ayudar a alguien que ha sido víctima del abuso narcisista o psicopático? Por mi contacto con toda clase de personas, y mi propia experiencia, conozco bien la necesidad que tenemos las víctimas de encontrar apoyo ante una situación que, con frecuencia, nos desborda emocional y psicológicamente.

Muchas víctimas se encuentran aisladas, sumidas en su desconcierto a causa de la disonancia cognitiva, rotas emocionalmente, con sus sistemas psicológicos de defensa debilitados y a merced por completo del vínculo traumático y de sus efectos perversos.

A esto se suma que, a menos que se haya vivido en primera persona, la experiencia devastadora del abuso narcisista es difícil de entender para otras personas.

Hay, incluso, psicólogos y otros especialistas que no comprenden cabalmente este tipo específico de abuso y sus secuelas.

A menudo, esa ha sido mi experiencia, son las propias víctimas las que mejor pueden comprender a las personas que han estado atrapadas en una relación con un narcisista.

Víctimas que han logrado superar el abuso, y que se convierten en las personas "medicina"  que otras víctimas necesitan.

Si nos toca ayudar a alguien que está enfrentando una relación abusiva con un narcisista u otra personalidad tóxica, he aquí 7 consejos de cómo podemos hacerlo de una manera sencilla pero efectiva:

1. ESCUCHAR EMPÁTICAMENTE A LA VÍCTIMA:

Una escucha empática es, quizás, el mejor regalo que podemos brindar a alguien que ha sido víctima de una relación abusiva.

Escuchar empáticamente significa prestar a la víctima la atención que necesita, demostrar interés por su historia, intentando comprender integralmente lo que ha vivido. Escucharla poniéndonos en sus zapatos.

Escucharla con los oídos, escucharla con la mirada, y, sobre todo, escucharla con la cabeza y el corazón.

Escuchar empáticamente implica también no hacer juicios precipitados sobre los hechos vividos por la víctima. No entrar a valorar moralmente ni su actitud, ni su conducta, ni sus errores o aciertos en la relación.

Aceptarla incondicionalmente, aceptarla tal cual es, aceptar su vida, su forma de ser, sus emociones, su historia.

El primer paso para dar apoyo emocional a una persona es, sencillamente, aceptarla.

Tomemos en cuenta que la víctima de un narcisista ha sufrido un corrosivo proceso de desatención y devaluación de sus necesidades emocionales más básicas. En esa circunstancia, una escucha empática es el mejor bálsamo que podemos ofrecerle.

2. NO BANALIZAR LA HISTORIA VIVIDA POR LA VICTIMA

Las víctimas del abuso narcisista sienten una gran necesidad de contar a otros su historia, de esa forma re-conectan con la realidad y reconstruyen lo que han vivido descubriendo su significado.

Dejar que la víctima nos narre la historia del abuso es una forma de hacerle justicia, de validarla en su condición de víctima.

Puede suceder que existan aspectos de esa historia que para nosotros carezcan de importancia, y que para la víctima resulten ser muy significativos. Respetemos la valoración que ella hace de los hechos.

No juzguemos nunca a la ligera lo que esa persona ha vivido. Esa historia es su verdad, no lo olvidemos.

El narcisista ha sometido a esa persona a un proceso, muchas veces encubierto, de invalidación de sus sentimientos, de su percepción de la realidad. Nosotros haremos justo lo contrario, valoraremos y respetaremos lo que esa persona siente y percibe acerca de lo que ha vivido.

3. REFLEJAR EMPÁTICAMENTE LOS SENTIMIENTOS DE LA VÍCTIMA

Una forma muy efectiva de brindar apoyo emocional a alguien es, simplemente, reflejarle los sentimientos que ella nos trasmite de sí misma o de la situación que vive.

Tenemos la tendencia a que si alguien nos comunica algún sentimiento negativo: tristeza, preocupación, angustia, etc., enseguida intentamos convencerla para que no sienta lo que ella misma dice que siente: no estés triste, le decimos, deja tus preocupaciones, anímate, etc.

Es mucho más efectivo, en cambio, simplemente reflejarle, como en un espejo, lo que ella misma nos dice que siente: “observo que eso te hace sentir triste”, “veo que tal situación te preocupa”, “entiendo que te sientes agobiada o confundida”, etc.

Hay personas que cuando alguien les comparte sus emociones, automáticamente desvaloran la realidad emocional que el otro expresa, o le reclaman por sentir lo que siente: no deberías estar triste, le dicen, no hay razón para que estés enfadada, etc.

Otros aprovechan la ocasión para hablar de sí mismos o manifestar sus propias emociones. En ese momento, está claro, dejamos de atender a la víctima y nos centramos en nosotros mismos.

Lo indicado, en cambio, si queremos dar apoyo es, sencillamente, reflejarle a la víctima lo que ella misma nos dice que siente, sin entrar a evaluar sus estados emocionales, aceptándolos tal y como son.

Al hacerlo de esa manera, automáticamente la otra persona se sentirá comprendida, conectará emocionalmente con nosotros, lo cual es, en sí mismo, la mejor ayuda que podemos brindarle en ese momento.

4. AYUDAR A LA VÍCTIMA A IDENTIFICAR LAS SITUACIONES DE ABUSO

Las víctimas del abuso narcisista han estado sometidas a un proceso encubierto de control y de manipulación emocional del cual no son plenamente conscientes.

Bajo los efectos paralizantes del vínculo traumático, han sido condicionadas a soportar situaciones de verdadera violencia psicológica. Con frecuencia, no es sino hasta que viven la fase del descarte, cuando logran darse cuenta del abuso que han sufrido desde el principio y de todos sus efectos destructivos.

A través del ciclo narcisista, la víctima se ha vuelto tolerante a acciones y actitudes del narcisista que vistas desde la perspectiva de un agente externo son claramente abusivas.

Nosotros podemos ser, precisamente, ese agente externo que le ayude a reconocer el maltrato recibido, aquello que ha lesionado su dignidad y su autoestima.

Con nuestro apoyo, la víctima debe aprender a reconocer las manipulaciones del narcisista, sus tácticas de control, la forma como se ha convertido en una fuente de suministro narcisista.

La víctima necesita saber que el tratamiento silencioso es abuso, que el gaslighting es abuso, que la triangulación es abuso, y que también el love bombing es abuso. La víctima tiene que darse cuenta que nadie tiene derecho a someterla a un proceso tan insidioso como la devaluación narcisista o el descarte.

No lo olvidemos, al abuso hay que llamarlo abuso, no hay otra palabra mejor, y la víctima debe reconocer en sí misma su condición de víctima.

De igual manera, a esa persona que hasta ahora ella pensaba que era su amigo, o su pareja, debe aprender a ponerle el nombre que por sus acciones merece: un abusador narcisista.

Acompañemos a la víctima en este proceso tan difícil para ella. Resulta rudo y hasta humillante percatarnos de la ceguera en que hemos estado sumidos por el hechizo del manipulador narcisista.

Recordémosle a la víctima el derecho que le asiste de recuperar su vida, de salir de una relación tóxica que lesiona su autoestima y su dignidad como ser humano.

5. AYUDAR A LA VÍCTIMA A LIBERARSE DEL SENTIMIENTO DE CULPA

Un punto particularmente importante en el proceso de recuperación de las víctimas del abuso, es la liberación  de cualquier sentimiento de culpa que puedan experimentar acerca de su vínculo con el narcisista.

El abusador hará todo lo que esté en su mano para culpar a la víctima de la devaluación a que la somete y del fracaso de la relación. Le hará creer que ella no ha estado a la altura, que  merecía el maltrato sufrido, etc.

Así justifica, como he explicado otras veces, el abuso que comete.

La realidad ya la sabemos: la devaluación estaba decretada desde el principio. La causa no está en la víctima, ni mucho menos, sino en el combustible que el narcisista extrae de ella durante la fase de denigración. Por supuesto, este secreto el abusador jamás lo dará a conocer.

Otra forma de culpa que pueden experimentar las víctimas es creer que ellas han sido responsables del maltrato sufrido dado que lo permitieron. No faltará quien le diga que la causa del abuso está en su perfil psicológico, sus problemas de baja autoestima, o su tendencia a ser dependientes, etc.

Aunque en otra ocasión he hablado sobre este tema (aquí), liberemos a la víctima de esta pesada carga. No confundamos los efectos o secuelas del abuso sufrido con las causas del mismo. En realidad, esa persona fue engañada por un maestro consumado de la seducción, que la sometió a prácticas manipulativas realmente perversas y que perpetró el abuso en base a sus rasgos y vulnerabilidades.

La razón de fondo, si es que necesitamos encontrarla, ha sido el desconocimiento de la víctima sobre la realidad del trastorno narcisista de la personalidad.

La víctima ha pagado bien caro su ignorancia.

6. ANIMAR A LA VÍCTIMA Y COMPARTIR NUESTRO TESTIMONIO DE RECUPERACIÓN

En nuestro apoyo a las víctimas es importante que testimoniemos en algún momento nuestro camino de recuperación del abuso que hemos sufrido.

No es necesario que entremos de lleno en nuestra historia personal, se trata sobre todo de compartir con otros las estrategias que nos han ayudado a superar las secuelas del maltrato.

Para muchas víctimas, resulta alentador saber que otras personas han vivido situaciones análogas a las suyas y que han logrado salir adelante, libres ya de la influencia tóxica del narcisista.

La recuperación del abuso es a veces un camino largo y lleno de dificultades, de allí la importancia de animar a otros en su lucha, de comunicar esperanza en las posibilidades que tiene cada uno de levantar de nuevo la casa de su vida, aunque haya sido arrasada por el paso devastador del huracán narcisista.

Tengamos siempre para las víctimas unas palabras de ánimo y de motivación, seamos para ellas esa presencia solidaria, capaz de empujarla en ese reto, ciertamente difícil, de recuperación del abuso sufrido.

7. ACOMPAÑAR A LA VÍCTIMA Y RESPETAR SU PROCESO DE RECUPERACIÓN

La recuperación de la víctimas del abuso narcisista lleva su tiempo y tiene su proceso. Una forma de brindar apoyo es simplemente acompañar a esa persona en su camino particular de superación de las secuelas del abuso.

En ese acompañamiento debemos respetar los ritmos y las necesidades de cada persona. Habrá avances, retrocesos, caídas, días oscuros,… y un volver a empezar cada vez que haga falta.

No todas las fases de la recuperación son iguales. Cada etapa tiene sus propios desafíos. No es lo mismo alguien que recién está descubriendo la realidad del trastorno narcisista, a otra que ya se ha hecho consciente del perfil depredador del abusador.

Muchas víctimas necesitan un apoyo especial, por ejemplo, en el momento del establecimiento del Contacto 0. Las primeras semanas suelen ser las más difíciles, la persona debe aprender a mantenerse firme en su propósito de evitar cualquier tipo de contacto con el narcisista y resistir sus intentos por aspirarla y meterla de nuevo en su burbuja.

Si la víctima tiene alguna recaída sepamos estar con ella en esos momentos de debilidad. Se trata de animarla a retomar su propósito de romper las ataduras con el narcisista.

Hay personas que avanzan bastante rápido en su recuperación y en cuestión de meses ya han superado prácticamente todos los efectos del abuso. Otras, en cambio, quizás por su carácter o porque han vivido una relación más larga o más estrecha con el narcisista, viven un proceso de liberación más lento y difícil.

Aquí no valen las comparaciones, cada caso y cada persona son diferentes, así que no entremos a juzgar el sendero que a cada quien le toca recorrer en su proceso de recuperación del abuso

Sepamos, eso sí, acompañar y animar. No se trata de dar recetas ni de andar prodigando consejos como si fuéramos una especie de gurú. El asunto es saber estar ahí y hacer camino con aquellos que han de enfrentar el reto de la recuperación y que buscan ser libres del narcisista.

De antemano, muchas gracias por sus aportes y comentarios. Un abrazo.


@libresdelnarcisista 

martes, 7 de noviembre de 2017

BANDERA ROJA 4: El narcisista te anuncia el maltrato que va a cometer


Los narcisistas se relacionan con nosotros a través de sus máscaras. De esa manera han aprendido a interpretar las emociones que no sienten. Saben que en determinadas circunstancias socialmente se espera que reaccionen emocionalmente y siguen el guión lo mejor que pueden: un funeral, el encuentro con un desconocido, una entrevista, una fiesta, un evento deportivo, etc.

Cuesta creerlo, lo sé, pero el rostro que vemos del narcisista es siempre un disfraz, una brillante actuación.

Seducen a las víctimas a través de la máscara. El papel que interpretan lo van adaptando a las características de la presa que quieren conquistar.  Es por eso que nunca conocemos realmente al narcisista. La persona que nos hechizó durante la etapa de idealización fue creada ex profeso para atraparnos.

Ellos saben perfectamente cómo mantener escondida la criatura llena de maldad que hay en ellos. Controlan continuamente a la bestia que llevan dentro, de esa forma logran ser aceptados y que su agenda se pueda ir cumpliendo.

He descubierto que hay ocasiones en que el narcisista permite que nos asomemos y atisbemos algo sobre lo que se oculta detrás de la máscara. No estoy hablando de la etapa de devaluación, en esa fase ellos deliberadamente le muestran a la víctima su rostro maligno. Tampoco se trata de un deslizamiento de la máscara por una explosión momentánea de su furia, que hace que la bestia maligna se despierte y nos muestre sus dientes.

Me refiero en concreto a esos momentos en que el narcisista le ofrece a la víctima una mirada fugaz acerca del personaje que se oculta bajo la máscara. Sucede en los períodos de seducción. El narcisista le anuncia de pronto a la víctima algo del maltrato que le espera. El comentario puede ser dicho bajo los efectos del alcohol o, sencillamente, se deja caer sin más en medio de una conversación.

En mi caso, recuerdo perfectamente la vez en que el narcisista me dijo de buenas a primera: “A veces hacemos daño a los demás”. Como vio que me quedé callado, extrañado por ese comentario que no venía a cuento, volvió a repetírmelo y me escrutó con su mirada, fija e impasible.  

Sólo después logré comprender toda aquella escena. En realidad, fue un acto deliberado de su parte para medir mi reacción. Me estaba adelantando lo que me esperaba unos meses después. Leyendo el testimonio de otras víctimas, he llegado a la conclusión que este comportamiento de los narcisistas es más común de lo que pensaba.

El narcisista nos está probando, quiere ver si rechazamos esa sugerencia, o le damos una respuesta comprensiva y empática. En mi caso le respondí que, efectivamente, a veces sin querer hacemos daño a otros. Inmediatamente, y sin hacerse eco del matiz que yo introduje al decir: “sin querer”, me repitió la misma idea y siguió estudiándome en silencio.

Había un extraño brillo de satisfacción en su mirada.

Hoy día estoy convencido que si respondemos excusando tal acción o negando la posibilidad de que suceda, el narcisista comprueba que nos tiene bajo su control y que estamos listos para caer en sus manipulaciones y artimañas.  

Cuando negamos la posibilidad de que nos haga daño le demostramos nuestra inocencia como víctimas, nuestra ceguera con respecto a lo que él es en realidad: un depredador.

Puede suceder que estos avisos surjan a veces, inopinadamente, como expresiones sin sentido de alguien que piensa en voz alta. La máscara se desliza involuntariamente a través del anuncio de un comportamiento futuro o la revelación de un aspecto de su persona, e inmediatamente lo dicho se ignora o pasa camuflado como un comentario tonto o incoherente.

Conviene que nos demos cuenta que lo que piensa el narcisista sale a la luz fugazmente, a través de esos “lapsus linguae”, por la sencilla razón que ya ha empezado a maquinar el maltrato al que planea someternos. Es como si no pudiera aguantarse y nos adelantara algo de cómo nos va a tratar para obtener aquello que más le satisface y quiere: el combustible.

De lo que está lleno el corazón, habla la boca

No lo olvidemos: el maltrato, las manipulaciones, en una palabra, el abuso, es completamente deliberado. Estos trastornados planean de antemano las cosas que nos hacen y, cuando nos lo anuncian, es como si disfrutaran anticipadamente del chute de suministro narcisista que se van a dar a cuenta nuestra.

Estos avisos desconcertantes del narcisista, para quien esté atento, constituyen, a mi juicio, una bandera roja acerca de la toxicidad de la persona con la que nos relacionamos. La gente emocionalmente sana no anda por ahí anunciando de pronto que son malas personas o que piensan hacer daño a otros. Estemos vigilantes y no bajemos la guardia.

Aquí hay 15 frases de este tipo que he recopilado de aquí y de allá. Si alguna vez escuchas estos comentarios en boca de alguien con quien mantienes una relación, presta atención a la advertencia que te está dando acerca de sí mismo, puede ser que te lo diga en serio y que se trate, posiblemente, de un narcisista:

1. Soy realmente una mala persona.
2. Sé que terminaré lastimándote.
3. Deberías mantenerte lejos de mí.
4. Hago cosas malas No puedo ayudar. Siempre lo hago.
5. Puedo hacer que desees no haberme conocido nunca.
6. Lo nuestro va a salir mal, siempre lo hace.
7. Terminarás odiándome.
8. No sabes en lo que te estás metiendo al relacionarte conmigo.
9. No deberías ser tan amable conmigo.
10. Deberías irte de mi vida mientras puedas.
11. Si me conocieras realmente me cerrarías la puerta.
12. Tengo que lastimar a la gente.
13. No quiero hacerte daño, pero lo haré.
14. Te lo aseguro, no merezco tu confianza
15. Créeme, no soy lo que piensas.


@libresdelnarcisista

sábado, 4 de noviembre de 2017

NARCISISTAS y PSICÓPATAS: Semejanzas y diferencias


Cuando descubrí el trastorno de mi amigo, me surgió la duda si se trataba de un psicópata integrado o de un perverso narcisista. El primer libro que leí fue “Amor zero” del psicólogo español Iñaki Piñuel, un excelente tratado sobre la dinámica relacional de los psicópatas y sus dramáticas secuelas en las vidas de sus víctimas.

El trabajo de Piñuel es, a mi juicio, de lo mejor que existe en esta materia en español, sin embargo la descripción que hace de los psicópatas integrados, no se correspondía exactamente con las características que observaba en mi amigo. Por supuesto, encontraba muchísimas semejanzas, pero había aspectos de su personalidad que el texto no especificaba. Obtuve respuesta leyendo otras fuentes, especialmente en inglés, por ejemplo a Sam Vaknin, y otros autores. 

Con el tiempo, logré ponerle nombre al trastorno de personalidad de mi amigo, se trataba de un narcisista encubierto con rasgos sociopáticos, es decir, usando la terminología de Otto Kernberg, otro gran especialista, un narcisista perverso, sin duda uno de los especímenes más peligrosos del reino de los narcisos.

Semejanzas: ¡Narcisistas y psicópatas bailan la misma balada! 

En base a lo que he ido aprendiendo, comenzaré comentando las semejanzas entre psicópatas y narcisistas

En principio, ambos comparten el mismo perfil básico de las personalidades narcisistas: idea grandiosa de sí mismos, creencia de que son únicos y especiales, irrespeto de los límites interpersonales, sentido de estar en derecho, envidia patológica, arrogancia, relaciones de explotación y maquiavelismo, necesidad de admiración, y la más importante de todas: la falta de empatía.

Psicópatas y narcisistas carecen de conciencia moral acerca del daño que infringen a otros, ni sienten culpa ni creen que son responsables del mal que hacen a los demás.

Las relaciones con psicópatas y narcisistas siguen el mismo ciclo: etapa de idealización o seducción, seguida por un tiempo de devaluación o denigración, y, finalmente, el descarte. Ambos son maestros consumados del engaño y el disfraz, expertos mentirosos, fríos, calculadores, estudian las características de sus víctimas y crean una personalidad falsa para atrapar mejor a sus presas.

Psicópatas y narcisistas utilizan las mismas técnicas de manipulación emocional y de control psicológico: el love bombing, la triangulación, el gaslighting, la victimización, el tratamiento silencioso, la negación, el aislamiento, etc.

Ambos mantienen con sus víctimas relaciones altamente abusivas y tóxicas. Como buenos depredadores, siembran caos y destrucción en las vidas de las personas que se enredan con ellos. Las secuelas suelen ser devastadoras: perdida de la autoestima, síndrome de estrés post-traumático, identidad erosionada, ansiedad, depresión, sentimiento de indefensión, disonancia cognitiva, etc.

Las semejanzas, como vemos, son muchas, psicópatas y narcisistas bailan la misma balada; comentemos ahora las diferencias.

Diferencias: La necesidad de combustible  

Los psicópatas no presentan los graves problemas de autoestima y de inseguridad que sufren los narcisistas, por lo que son unos depredadores mucho más fríos y más peligrosos. La autoestima de los narcisistas fluctúa constantemente, lo que les convierte en seres dependientes, adictos al combustible, las reacciones emocionales, la droga que requieren para funcionar y no sucumbir psicológicamente ni desmoronarse a trozos.

El psicópata, en cambio, aunque también busca controlar y dominar a la  víctima, no depende del suministro para actuar y mantener su fachada, su autoestima no está supeditada a los mecanismos de regulación que utilizan sus primos narcisistas.

A pesar de que ambos son bastante susceptibles a la crítica, y reaccionan de manera iracunda y vengativa, el narcisista es mucho más propenso a recibir una injuria o herida narcisista, dada su extremada inseguridad. Aunque aparenta ser fuerte y dominante, en realidad es frágil como el cristal de los espejos donde se mira. En él subyace un sentimiento infantil de vergüenza que no tiene el psicópata y que aflora en determinadas circunstancias, especialmente cuando se ve expuesto o criticado.

En consonancia con esto, el narcisista puede ir cambiando constantemente de víctima, pero nunca se queda sin pareja de baile, es decir, sin una fuente primaria de combustible. Para él, tener una persona que lo sostenga es, sencillamente, imprescindible. En cambio, el psicópata puede subsistir perfectamente como un lobo solitario, su capacidad de establecer relaciones estables en el tiempo es mucho menor que la de los narcisistas, por la sencilla razón de que no depende de ellas para mantener su funcionamiento psíquico y no demuestra ningún interés en nadie.

Todo lo expuesto se relaciona con el diferente origen de ambos trastornos. El narcisismo patológico es un mecanismo de defensa frente a una situación traumática ocurrida en la temprana infancia, lo que truncó el desarrollo de la empatía emocional y la formación de un yo definido. La persona, para sobrevivir al trauma, se ha refugiado en una imagen idealizada que ha creado de sí misma. Esa máscara, que ha sustituido al verdadero yo, se alimenta y sostiene por el combustible, es decir, por las reacciones emocionales que provoca en los demás.

Los narcisistas han crecido en entornos familiares altamente tóxicos, y su trastorno es fruto del abuso, sea por exceso o por defecto, perpetrado por padres, hermanos o primeros cuidadores.

En el caso de los psicópatas, las circunstancias ambientales no parecen ser tan decisivas en el origen de su patología. La predisposición genética y los factores constitucionales son los que han determinado la aparición de su trastorno de personalidad.

Algunos estudiosos afirman que la no empatía y la falta de conciencia moral de los psicópatas es una condición que no es fruto, como en el caso de los narcisistas, de ningún trauma infantil, sino que ha estado con ellos desde siempre. Es pasmoso. Nunca han sentido alegría, ni tristeza, ni remordimiento, y mucho menos sentimientos humanos tan elevados como el amor o la compasión.

En cambio, la empatía y la conciencia moral de los que sufren el trastorno narcisista quedaron anuladas en un momento clave de su desarrollo infantil. Así fue como lograron sobrevivir a una situación de abuso que amenazaba completamente su existencia psíquica y emocional.

Aunque ambas personalidades son altamente tóxicas y destructivas, el psicópata es mucho más peligroso, más cruel, siento menos reparo que el narcisista en cometer actos violentos para lograr sus objetivos. El narcisista cuida celosamente su imagen o fachada y siente menos satisfacción en transgredir la ley, quizás porque lo que le interesa por encima de todo no es tanto hacer daño en sí mismo, como al psicópata, sino obtener el suministro narcisista que le permite subsistir.

¡No bailemos con estos depredadores!: Contacto 0

Ambos trastornos carecen de un tratamiento terapéutico efectivo, su patrón de personalidad es estable. Están convencidos de que no necesitan cambiar, y además tampoco pueden hacerlo porque su ausencia de emociones y de conciencia moral es absolutamente irreversible, ya sea de origen traumático o constitucional.

Tanto en un caso como en otro, si se ha sido víctima de uno de estos especímenes tóxicos la única solución es el Contacto 0, romper todo vínculo con estas personas tan destructivas, escapar lo más lejos posible de su influencia, y comenzar en serio un camino de recuperación y liberación.

¡No bailemos con estos depredadores!: Contacto 0,  y que suene otra música en nuestra vida.

Estaré atento a sus comentarios y aportes. Un saludo.

@libresdelnarcisista