domingo, 22 de enero de 2017

Los juegos mentales de los narcisistas: "Take away" - ¡Tomar e irse!


Los narcisistas son extremadamente habilidosos en el arte de la manipulación, especialmente de aquellos que son más cercanos a él: su pareja, amigos, familiares, compañeros de trabajo. Manipulan sobre todo a través de una serie de juegos y tácticas psicológicas que han desarrollado con la práctica y que buscan, además de controlarnos, generar algún tipo de reacción emocional, el "suministro" narcisista que tanto necesitan.

Los narcisistas continuamente están practicando algún tipo de juego con nosotros. Además, pasan de un juego a otro sin avisarnos. Tengamos eso delante de los ojos cuando interactuemos con ellos. 

Necesitamos conocer estos juegos del narcisista, saber identificarlos cuando los estén usando con nosotros, y no caer en sus trampas. La única manera de ganarle es, sencillamente, retirarnos de la partida y no jugar con él.

El origen de estos juegos y componendas manipulativas está en la infancia. La mayoría de los narcisistas fueron niños acosadores encubiertos, los típicos de "tirar la piedra y esconder la mano", así fueron aprendiendo estrategias para controlar a otros, y las siguieron usando en su vida adulta, una práctica que con el tiempo se fue volviendo más fuerte y adictiva.

Hoy hablaremos de uno de los juegos que continuamente practican los narcisistas: "Take Away"- ¡Tomar e irse!

"Take Away": ¡Ahora te lo quito, ahora te lo doy!


El juego de "Take Away" - ¡Tomar e irse! tiene un esquema básicamente infantil: El niño acosador ve a otro niño feliz con un juguete que él desea pero no tiene. Decide entonces, en un momento de descuido, esconder el juguete. El otro niño, al no encontrar su juguete, llora y se enfada. El futuro narcisista observa la situación y disfruta con los resultados obtenidos. Al rato le dice al niño que a cambio de algo que él desea, un caramelo por ejemplo, le dice donde está su juguete. El niño accede y el acosador le devuelve el juguete. 

Básicamente el juego consiste en mantener apartado, retenido, algo que la otra persona quiere o busca. Por supuesto que ya no se trata de juguetes, ¡faltaría más!, sino de todo aquello que los adultos esperamos razonablemente de una relación: atención, cuidado, sexo, emociones, compañía, comunicación, etc.

Es una forma muy efectiva de controlar a alguien porque choca con nuestra lógica adulta. Por eso es tan difícil de entender ¿Qué sentido tiene que una persona que dice amarnos de repente deje de prestarnos atención o se muestre indiferente con nuestras necesidades? Nos engañamos cuando intentamos aplicar nuestros razonamientos. En realidad se trata de un juego infantil disfrazado que el narcisista ha maquinado para controlarnos y manipularnos emocionalmente. 

La víctima de este juego queda indefensa, no sabe en realidad lo que está ocurriendo. Un caso extremo es el "Tratamiento del silencio", de buenas a primeras el narcisista deja de comunicarse con su pareja, y se muestra distante y hostil. La necesidad humana básica de la interacción con el otro queda retenida sin ningún tipo de explicación. 

Siempre que practican este juego con nosotros, buscan amarrar nuestra atención. Quien ha caído en esta trampa queda a la espera,  en un estado de confusión y de ansiedad. Recuerdo una ocasión en que mi "amigo" narcisista tenía que darme una respuesta en relación a un favor que estaba haciéndole, usando mi tiempo y mis recursos. Pues bien, me dejo esperando en el celular 4 horas, ¡4 horas!, manipulando el Whatsapp de tal forma que la última hora de conexión permaneció inamovible durante todo ese tiempo.

¿En qué cabeza cabe que si alguien te esta haciendo un favor lo trates de esa manera? En un adulto normal por supuesto que no, pero en un narcisista, veterano niño acosador, es perfectamente plausible. 

Por supuesto, cuando le reclame su desconsideración, me lo negó todo, me acusó de sobrerreaccionar, y me dio como excusa que había estado liado con otros asuntos. En ese momento no entendí nada, hoy día se que estuvo jugando conmigo a "Take Away".

Con frecuencia usan este juego como una forma de castigo por algo que les ha enfadado y que nunca te dicen directamente. La víctima no tiene la menor idea de lo que ocurre y no sabe como salir de la situación porque todo está disfrazado. Esa es la forma en que actúan los narcisistas,  te dicen que te quieren, y al mismo tiempo te van retirando, con sus acciones, el afecto.


En realidad, ellos no están preocupados por lo que nosotros pensamos, las vueltas que les demos a sus comportamientos buscando alguna explicación. Ellos lo que sí buscan es nuestra reacción. 

El narcisista gana la partida si logra que la víctima sienta dolor, ansiedad, desvaloración, confusión, soledad. Cuando la víctima le muestra esta reacción a su verdugo, él se dice con satisfacción: ¡Eureka! ¡Funcionó! Para ellos es un placer ver tu reacción por algo que ellos han hecho para manipularte. Es como darle el "caramelo" al niño acosador para que te devuelva el juguete. 

Cuando por fin obtienen lo que buscan, inmediatamente el narcisista le regala a la víctima algún cumplido, se muestra cariñoso tal vez, agradecido, amable. Y a renglón seguido se vuelve de nuevo para atrás y se va. Es el efecto "yo-yo", ¡ahora te lo doy, ahora te lo quito!, de esa forma te mantienen atrapado en su burbuja. 

Escribo todas estas cosas, y pienso en lo perverso y peligroso que resulta que un ser humano sienta satisfacción en hacernos daño emocionalmente, y monte toda una estrategia psicológica para conseguirlo. 

La clave de todo esto es no jugar, simplemente. Sobre todo, no le regalemos al narcisista ninguna reacción. Trabajemos en nuestra desconexión emocional, y tomemos conciencia de los verdaderos propósitos, la agenda, de estos depredadores emocionales. 

@libresdelnarcisista


miércoles, 18 de enero de 2017

¿Obsesionarse con el narcisista? 3 razones a favor


Los que no han padecido en primera persona el abuso narcisista les cuesta mucho comprender la demoledora experiencia que sufrimos las víctimas de los narcisistas.

Con buena intención, amigos y familiares cercanos, sin reparar en el tremendo daño psicológico y emocional que hemos sufrido, una vez que han pasado los primeros días o semanas, nos dan consejos del tipo: “Olvida ya el tema”, “tienes que pasar página”, “acepta la realidad”, “tienes que superarlo”, “deberías hablar de otra cosa”, y, sobre todo, “no te obsesiones…  

No es así de fácil. Quien ha sido herido por un narcisista sabe que el dolor y el desconcierto duran mucho tiempo

Este tipo de consejos pueden estar bien para quien ha vivido una relación “normal”, sea de pareja o de amistad. Una ruptura casi siempre es traumática, desde luego, pero ni comparar con la experiencia de haber estado bajo las garras de un psicópata o de un narcisista

Las víctimas sentimos una gran necesidad de contar nuestra historia, de sacar a la luz nuestro sufrimiento, de exponer nuestra causa. Esa ha sido, por lo menos, mi experiencia.

A veces he optado por callar a fin de no preocupar a la gente que me quiere.

La realidad es que es muy difícil que alguien que no haya vivido la depredación emocional de un narcisista, pueda comprender las tremendas secuelas que deja en sus víctimas.

Esta tarde, pensando en todas estas, me he preguntado si vale la pena “obsesionarse” con el narcisista. He llegado a la conclusión que sí, que si queremos realmente seguir adelante con nuestra recuperación debemos obsesionarnos.

A continuación les presento 3 razones por las que hago esta afirmación:

1. Necesitamos entender qué es el trastorno narcisista y qué nos ha sucedido:


Si queremos recuperarnos, debemos educarnos sobre la patología de la personalidad narcisista. Sólo así entenderemos el cambio repentino en el comportamiento del sujeto que sufre este trastorno: de la sobrevaloración extrema a la devaluación total y al descarte. No fue nuestra culpa.

Debemos aprender a identificar sus tácticas manipulativas: el gas lighting, el tratamiento del silencio, la triangulación, la victimización, etc. Así nos liberaremos de la disonancia cognitiva que todo ello nos ha producido.

Comenzar a entender es comenzar a sanar.

Debemos aceptar que el abuso experimentado en una relación con un narcisista es inevitable. No hay forma de escapar. Hemos de darnos cuenta también de que seguirá tocando nuestra puerta hasta que nosotros cerremos bien todas las rendijas. Él, en realidad, siempre viene a por más, porque se vuelve adicto al suministro narcisista que extrae de nosotros.

Para sentir que está vivo, el narcisista necesita nuestra validación. Ingenuamente confundimos su continuo retorno a nosotros por amor. Es un engaño y hasta que lo reconozcamos como tal, puede ser muy difícil acabar con el ciclo vicioso.

Sólo así despertaremos a la realidad de lo que hemos vivido, saldremos del estado de shock en el que nos ha dejado sumido el narcisista, y aceptaremos la verdad de lo que ha sido nuestra relación.

Después de haber estado en la burbuja del narcisista, nada más liberador que la realidad, pura y dura.

2. Necesitamos tiempo y espacio para expresar y procesar nuestro dolor y nuestros sentimientos
 

Para que una herida se cure hay que ponerla al descubierto. Necesitamos expresar los sentimientos que han sido represados durante tanto tiempo: rabia, indignación, tristeza, ira, miedo, etc.

Hemos sido burlados y engañados por un falso amor, se han valido de nuestras vulnerabilidades, nos han explotado, y luego nos han desechado como un objeto. Iñaki Piñuel habla de una verdadera “violación” del alma.

Como nuestro amor, o nuestra amistad, ha sido lo único real en la relación, llega un tiempo en que hay abortarlo. Suena muy duro decir “abortar el amor” pero lo cierto es que hemos amado a una persona que se fabricó ex profeso para engatusarnos, un personaje que no existe, que es una ficción, una máscara. Sí, seamos valientes, ¡abortemos el amor que hemos tenido al narcisista!, reconozcamos que esa persona con la cual estuvimos vinculados ni estaba enamorado de nosotros, ni era nuestro amigo, ni nos amaba.

Todo ello es muy duro, lo sé, y requiere su tiempo procesarlo.

Muchos de nosotros hemos sido programados para negar y descartar nuestros sentimientos negativos, lo que nos hace permanecer atrapados en un estado emocional insano que puede convertirse en una verdadera depresión.

Las víctimas tenemos el derecho de desahogarnos, el derecho a procesar nuestro dolor.

Necesitamos tiempo para llorar. El que haga falta, el que cada quien necesite, más allá de los consejos que puedan darnos.

3. Necesitamos fortalecer nuestra decisión de CONTACTO 0
 

La única manera de liberarnos verdaderamente de un narcisista es establecer y mantener una regla de CONTACTO 0. Este proceso no es fácil, toma su tiempo y a menudo más de un intento.

Debemos tratar al narcisista como si estuviéramos rompiendo la adicción a una droga. Hemos sido condicionados por el vínculo traumático que nos mantiene atados a nuestro depredador. Esa es la droga de la que tenemos que liberarnos.

Así como el narcisista necesita que otros validen su existencia, ahora nos han programado para creer que lo necesitamos para sobrevivir. Este sentimiento, por supuesto, es sólo temporal y un resultado directo de su lavado el cerebro, pero sólo puede ser superado mediante el establecimiento del CONTACTO 0 y la desprogramación de la víctima.


En síntesis, necesitamos obsesionarnos con el narcisista para comenzar nuestro proceso de sanación y recuperación. Por supuesto, esta “obsesión” es sólo temporal, no es sano ni conveniente vivir en un continuo “flashback” de situaciones que han sido traumáticas para nosotros. En algún momento hay que cortar.

Hay que centrar la atención en nuestra vida, dejar de enfocarnos en el narcisista, decirle adiós definitivamente, ¡hasta más nunca!, y dedicarnos en serio a nuestro desarrollo y mejoramiento personal.

Ese momento llegará, seguro,...  entretanto sigamos trabajando en nuestra recuperación emocional, comprendamos a fondo lo que hemos vivido, y fortalezcamos nuestra decisión de romper todo contacto con el narcisista.

El silencio de la noche ya se asoma desde el horizonte.


@libresdelnarcisista

lunes, 16 de enero de 2017

El "reforzamineto intermitente": 3 consejos para evitarlo y una anécdota

¿Tu relación pasa de intensos momentos de bombardeo amoroso a inesperadas situaciones de frialdad y distancia?, ¿tu compañero aparece y desaparece irregularmente?, ¿controla la otra persona la relación?, ¿te controla emocionalmente? Si has respondido afirmativamente a estas preguntas, es muy probable que estés siendo sometido a un peligroso condicionamiento psicológico y emocional: el reforzamiento intermitente

Esta efectiva táctica de manipulación encubierta, típica de narcisistas y otras personalidades tóxicas, es muy peligrosa: nos convierte en seres dependientes de estos depredadores, y favorece la formación del vínculo traumático, la ligadura que hay que romper para liberarse emocionalmente del narcisista.

Porque una vez que logremos desconectarnos emocionalmente de nuestro depredador, este pierde todo su control sobre nosotros.

Salimos de su burbuja y nos libramos de sus garras. Así de claro.

La desconexión emocional: cortar el cableado eléctrico de emociones de todo tipo que nos atan al narcisista. Muy importante.

La forma más efectiva de lograrlo, por supuesto, es a través del CONTACTO 0 con el depredador, es decir, rompiendo todo tipo de relación con el narcisista. Cada vez que interactuamos con él, aunque sólo sea por vía telefónica, el vínculo traumático se despierta y nos hacemos vulnerables a sus abusos.

Por eso es que el CONTACTO 0 es imprescindible para desconectarnos emocionalmente.

Ellos no abandonan nunca su patrón tóxico de comportamiento, lo sé por experiencia, está en su naturaleza ser impredecibles, manipuladores, controladores. Nunca se vinculan emocionalmente con nadie. Están incapacitados para amar. Sufren un grave trastorno de personalidad que implica una ruptura con la realidad: el “falso yo”. No olvidemos estas cosas.

En caso de no ser posible el CONTACTO 0, por diversas razones, existe la alternativa de la piedra gris, es decir, mantener una actitud aburrida e indiferente frente al narcisista, evitar cualquier reacción emocional, y reducir al mínimo indispensable la interacción con él.

¿Es ese nuestro caso? ¿Nos vemos obligados a relacionarnos con el narcisista, ya sea por motivos laborales, familiares u otros? Aquí algunas medidas esenciales para evitar ser víctimas de su táctica manipulativa: el reforzamiento intermitente:

1. Establezcamos con claridad nuestros LÍMITES personales:

Para controlar los efectos del comportamiento impredecible del narcisista, no dejemos la puerta abierta para que él pueda entrar o salir de nuestra vida según su antojo o caprichoso ego. Establezcamos un estricto control de visitas, llamadas y otras formas de contacto, demos máxima prioridad a nuestra agenda, tengamos bien organizado nuestros tiempos y nuestros espacios personales, y enseñemos a los demás, no sólo al narcisista, a respetarlos.

2. No nos hagamos EXPECTATIVAS de ningún tipo con el narcisista:  

El narcisista nos manipula cuando nos hace creer o nos dice que va a actuar de una manera, y luego hace otra cosa bien distinta. Siembra en nosotros expectativas, que incumple continuamente. Son maestros consumados del engaño, esa es quizás su mayor habilidad. Mientras menos expectativas tengamos con respecto al narcisista, más libres estaremos de su manipulación.

3. Evitemos cualquier REACCIÓN EMOCIONAL:

Todas las acciones del narcisista van dirigidas a extraer de nosotros suministro o combustible, ya sea en forma de adulación, o de drama. Es el objetivo último de todas sus manipulaciones. Con  el narcisista seamos objetivos, concretos, fríos y prácticos. Evitemos el lenguaje emocional que para él es extraño, es como hablarle en chino mandarín. Cuando incumpla algún acuerdo, no esperemos que nos pida disculpas. No lo va a hacer nunca.

No perdamos el tiempo con reclamaciones de ningún tipo, es inútil y además es lo que están buscando: que reaccionemos emocionalmente. No les demos el gusto. Simplemente actuemos.

Si el narcisista desaparece, si llega tarde a una cita, si no responde los mensajes, cambiemos inmediatamente de planes. No le digamos nada. Tengamos siempre a la mano un plan B, esto los descoloca enormemente, porque nunca hay nada seguro con ellos, porque sus mentiras y excusas son infinitas, y, porque, además, se creen el centro de gravedad de nuestras vidas.

Cualquier cosa es preferible, antes de darles su ración de “suministro” narcisista, ¡qué se vaya a buscarla a la selva del Congo!

Termino con una anécdota:

Mi “amigo” narcisista con frecuencia me hacía esperar de 15 a 20 minutos cuando teníamos que vernos. Un día llegó 30 minutos tarde y le reclamé. Su reacción fue bastante desproporcionada, lleno de ira, y a través de un barroco razonamiento que nunca entendí, me culpo a mí, ¡increíble! de su retraso. Ese día decidí reaccionar en forma distinta a su impuntualidad.

A la siguiente cita esperé 15 minutos y me fui, no le mandé un Whatsapp ni lo llamé, simplemente me marché, y punto. Cuando, al rato de estar en casa, me llamó para reclamarme, le respondí: “Te esperé 15 minutos, y me fui. Lo siento mucho, amigo, otro día nos vemos”.

Nunca más el narcisista me hizo esperar más de 10 minutos.

@libresdelnarcisista


sábado, 14 de enero de 2017

El "reforzamiento intermitente": una poderosa táctica de manipulación narcisista


Cuando comencé a analizar y a tomar conciencia de la situación de abuso emocional que padecí con mi “amigo” narcisista, hubo un tema que me impactó sobre manera: el reforzamiento intermitente

Durante un tiempo me pregunté cómo yo, un adulto maduro, con formación universitaria, había llegado a tener comportamientos propios de una persona dependiente y ansiosa ¿Qué era lo que me había pasado?

Investigando, y reflexionando sobre lo vivido, encontré algunas respuestas.

Una de las tácticas de manipulación más poderosas y efectivas que existen es el reforzamiento intermitente. Es la misma que usan los entrenadores de animales y la que vuelve adictos al juego a los clientes de un casino.

¿En qué consiste el "reforzamiento intermitente"?


Según el condicionamiento clásico, si cada vez que hacemos una conducta recibimos un premio o un castigo, dicho comportamiento es o reforzado positivamente en el tiempo, caso del estimulo positivo; o tiende a extinguirse, si la respuesta es de signo negativo.

¿Pero qué sucede cuando la respuesta que obtenemos ante una determinada acción se vuelve impredecible? Es decir, arbitrariamente, algunas veces recibimos la recompensa esperada, y otras muchas veces una de carácter negativo, o, sencillamente, ninguna respuesta.

La consecuencia es simple: progresivamente nos volvemos adictos o dependientes de aquella fuente de donde nos venía la recompensa a la que estábamos habituados. Reiteradamente apretamos el botón de la dispensadora de premios, porque sabemos que de vez en cuando recibimos alguna respuesta. Aunque la dosis de refuerzo positivo se vaya espaciando más y más en el tiempo, nosotros seguimos insistiendo hasta quedar exhaustos.

En el caso de una relación, entran en juego dos poderosísimos activadores de la conducta humana: la necesidad de recibir amor y atención (el “premio”) y el miedo al abandono (el castigo). Pulsando estas dos palancas a discreción es como el narcisista nos tiene en sus garras.

Así nos manipula, juega con nuestros miedos, con nuestras vulnerabilidades, con nuestra necesidad de recibir afecto. Y nos controla actuando siempre de modo impredecible. Siembra, en la época de idealización, expectativas que luego sirven de cebo para ponernos la trampa.

Pero, no lo olvidemos, no es más que eso, una trampa para tenernos controlados emocionalmente.

Además, interviene un mecanismo psicológico muy sútil, el de la saciedad. Si siempre nos es posible predecir el comportamiento de una persona, si la tenemos siempre a nuestra entera disposición, como es el caso de la mayoría de las víctimas con su compañero narcisista, ya no valoramos tanto su presencia, ni nos mostramos tan necesitados de ella. 

En cambio, si el afecto de una persona nos es dado en forma arbitraria, si no controlamos ni los momentos de intenso bombardeo amoroso, ni su duración, ni su frecuencia, si somos sometidos a períodos de privación del refuerzo, o a situaciones de real abandono, valoramos muchísimo más la atención que recibimos, nos sentimos más necesitados de ella, estamos más dispuestos a complacer en todo a la persona que así nos trata.

De este modo, sútil y encubierto, se establecen los lazos de la dependencia afectiva. 

Por ejemplo, el narcisista te visita todos los viernes, o te saluda cada mañana con un mensaje de texto, creándose así una expectativa de que siempre será así. Pero un buen día, sin previo aviso y sin causa aparente, deja de hacerlo. La persona no sabe qué ha pasado, está atenta al teléfono, se pone ansiosa, se aviva el deseo de ver a la persona, de recibir de nuevo aquella caricia emocional.

El narcisista reaparece, pero en vez del viernes, lo hace un sábado o un domingo, y el saludo diario se queda reducido a un pequeño Whatsapp enviado cualquier día de la semana. La actitud impredecible del narcisista le permite controlar emocionalmente a la víctima, que nunca sabe cuándo va a ser gratificada emocionalmente. La relación se convierte en una montaña rusa.

Otro ejemplo: El narcisista, después de un período de “tratamiento del silencio”, se muestra amable y amistoso, incluso insinúa para verse al día siguiente y tomarse un café. La víctima se hace expectativas, piensa que la relación está a salvo, o que todo vuelve a ser como antes. Pasan los días, el narcisista ignora de nuevo a la otra persona, la ningunea, no le responde, se muestra frío o indiferente.

Esa mezcla de experiencias emocionales es la base de la formación del vínculo traumático.

El vinculo traumático


El reforzamiento intermitente es el principal responsable de la formación del llamado vinculo traumático: una especial conexión emocional con el maltratador que se produce en el cerebro de la víctima. La alternancia entre situaciones de miedo y de ansiedad, con momentos de atención, dedicación y amor, dispara los niveles de dopamina y otros neurotransmisores relacionados con la euforia y el bienestar.

La víctima se vuelve adicta al narcisista, porque un sofisticado proceso bioquímico y emocional la mantiene atada y dependiente a su trastornada pareja.

La relación con el narcisista es un continuo “tira y afloja”. Se acerca, vuelve a conquistar a la víctima, una y otra vez la seduce; luego se aleja, sin ninguna razón, la abandona, o se muestra frío y distante. La persona queda confundida, ansiosa, tiene miedo de perder a aquel que cree que es su mejor amigo o su pareja ideal. Entonces, inopinadamente, el narcisista regresa, renacen las expectativas, la relación parece a salvo otra vez.

En este ir y venir, los momentos de soledad, incertidumbre, ansiedad, miedo, se van multiplicando, el narcisista controla emocionalmente totalmente a su presa, la domina, ella es capaz de complacerlo en todo con tal de no perderlo, los episodios de atención y afecto apenas se suceden. Es ya la devaluación total de la víctima, que ha sido condicionada emocionalmente como una rata de laboratorio y se halla a merced de su depredador.

Una de las verdades más duras que tiene que enfrentar la víctima es ver como el narcisista, a diferencia de ella, no mantiene ningún tipo de vinculo emocional, por eso puede cortar la relación, en la fase de descarte, como quien arrima en una esquina un aparato que ya no le sirve.

Cuando escribo sobre esto me vienen muchas preguntas: ¿quién le enseñó a mi “amigonarcisista a aplicar el reforzamiento intermitente? ¿Lo aprendió en forma natural? ¿Es consciente del poderoso efecto manipulador de su errático comportamiento?

Aunque el narcisista, probablemente, desconozca la base teórica de su táctica manipulativa, sabe perfectamente cómo funciona y sus resultados, la viene practicando desde su adolescencia. Ha observado y ha aprendido como los seres humanos “empáticos” crean un vinculo muy estrecho cuando establecen una relación, y que, gracias a ese nudo emocional, ellos pueden desplegar todas sus conductas de abuso y explotar a sus víctimas, obteniendo, además, el “suministro” narcisista o combustible que tanto necesitan.

Crear esa conexión emocional es vital para ellos, así logran controlar a sus víctimas. Para eso aplican el reforzamiento intermitente, lo conozcan por su nombre o no, el resultado es el mismo.

Me queda la pregunta de cómo podemos enfrentar este poderoso mecanismo de condicionamiento psicológico y emocional, pero lo dejaremos para la entrega de mañana.

Entretanto, sigamos reflexionando y tomando conciencia de estos graves asuntos.


@libresdelnarcisista

viernes, 13 de enero de 2017

Narcisismo: la áspera cicatriz de una profunda herida infantil


Hace tan sólo unos días se ha publicado un artículo de una enorme trascendencia en la comprensión de la personalidad narcisista.

Un grupo de investigadores de la Universidad de Bar Ilan de Tel Aviv liderados por la joven psicóloga israelí Maayan Pratt, ha realizado un estudio observacional prospectivo (puede leer el artículo completo en  inglés aquí: http://bit.ly/2ir5S3z) que compara la evolución de dos grupos de niños desde su nacimiento hasta que cumplieron los 11 años:

GRUPO ESTUDIO: Hijos de madres que sufrieron depresión en el primer año tras su parto (27 niños)

GRUPO CONTROL: Hijos de madres con depresión crónica e hijos de madres que nunca han sufrido un trastorno psiquiátrico (45 niños).

Al acabar el periodo de seguimiento, todos los niños se sometieron a una resonancia magnética funcional cerebral. Los investigadores han evidenciado anomalías en el grupo 1 referidas a una menor respuesta en las áreas cerebrales que responden al dolor ajeno (giro posterosuperior temporal y el área motora suplementaria), lo que podríamos denominar la base anatómica de la empatía.

Los autores han observado además que cuanto más empática había sido la comunicación con el bebé y menos intrusiva había sido la madre con su hijo el área cerebral responsable de la respuesta al dolor ajeno presentaba mayor actividad. Las madres deprimidas habían mostrado menos empatía y más invasividad que las no deprimidas.

Es la primera vez que se logra correlacionar un estímulo psicológico (en este caso interacción emocional madre-hijo temprana alterada) con una consecuencia anatómico-funcional en el cerebro de un hijo. La depresión neonatal de la madre ha condicionado cambios anatómicos en los cerebros de los niños que se traducen en una capacidad empática reducida.

Hace unas semanas abordamos la importancia del vínculo materno en el desarrollo emocional del hijo. Nacemos programados por nuestros genes para buscar y encontrar pronto a nuestra madre y establecer con ella un vínculo que nos asegure la supervivencia. Vemos en mamíferos y aves como el recién nacido busca sin apenas medios (nacemos casi ciegos y sin grandes habilidades motrices) el calor y el alimento de su madre. Cuando no la encuentra, el neonato busca este apoyo en cualquier ser vivo que identifique como cuidador y con el que pueda establecer el vínculo materno. Recordemos lo que hacían las ocas del premio Nobel Konrad Lorenz cuando nacían en la incubadora y tras ver en él al primer ser vivo le seguían allí donde fuera (“imprinting”) como recoge la foto.   

Nacemos programados por nuestros genes para buscar y encontrar pronto a nuestra madre y establecer con ella un vínculo que nos asegure la supervivencia.

La relación empática con los padres, especialmente con la madre, tiene una importancia que constantemente reconocemos en la consulta en el origen de muchos y diversos problemas psiquiátricos. El niño nace con un cuaderno emocional y cognitivo en blanco y una urgente necesidad de rellenarlo. De ahí su intensa necesidad de interacción con los otros y exploración de su entorno. Necesita conocer cuál es su lugar en el mundo y aprender cómo conquistarlo pero le faltan todos los datos.

La madre (o su sustituto) sirven de fuente de alimento calórico y afectivo con el que el niño construye su cuerpo y su yo. Del mismo modo que aquella tritura todo en un puré que éste puede digerir, hace lo mismo con los conceptos del amor, la lealtad, el miedo, la envidia, la debilidad, la vulnerabilidad etc, le ayuda a incorporarlos. Una actitud empática en los cuentos a pie de cama al anochecer, las conversaciones a la vuelta del colegio o durante los paseos, los juegos etc. sirve de nutriente cognitivo y emocional que el niño engulle y le permite crecer física y emocionalmente sano.     

El problema ocurre cuando este vínculo falla y no puede ser sustituido eficazmente por otro. El silencio emocional rodea al niño  y lo aísla de modo que, según la teoría psicoanalítica, no le queda más remedio que replegarse y buscar la gratificación, el refuerzo y el afecto en sí mismo. Así se originarían, muy resumidamente, las personalidades narcisistas. En un viaje hacia la madre que termina sin encuentro, en el punto donde empezó y en la más completa soledad.

Cuando este vínculo falla y no puede ser sustituido eficazmente por otro, el viaje hacia la madre termina sin encuentro, en el punto donde empezó y en la más completa soledad.

Una de las situaciones maternas que provocan una relación poco empática con el bebé es la depresión posparto. En esa situación la madre no se siente capaz de abarcar los cuidados de su hijo, los lleva a cabo con esfuerzo, irritabilidad y escasa paciencia y empatía. Vive la maternidad como una carga que no puede afrontar. Ha habido muchos estudios que han demostrado  la asociación entre depresión postparto de la madre y riesgo para su hijo de sufrir en su etapa adulta trastornos psicológicos, aislamiento social, mala regulación emocional o menor capacidad de empatía. Sin embargo, hasta ahora no se había encontrado un correlato biológico demostrable que explicara esta asociación.

En el video que recogemos al final del post ilustramos visualmente la experiencia emocional del bebé cuando percibe la retirada del afecto de su madre. Recoge  uno de los experimentos del brillante psicólogo infantil de la Universidad de Harvard Edward Tronick que estudió conductualmente este fenómeno.

Dedicaremos muchos más posts a las personalidades narcisistas pero queríamos aportar ya este trascendental hallazgo. 

Nadie debe olvidar que toda personalidad narcisista oculta una dolorosa, solitaria y temprana herida que el sujeto no ha podido subsanar por sí mismo.

Psiquiatra Madrid  (Grupo Dr. Oliveros)

Fuente: Grupo Doctor Oliveros. Las negrillas son nuestras.


jueves, 12 de enero de 2017

La anatomía del narcisismo


Los narcisistas no valoran nada; eso no significa que tú no seas valioso.

Los narcisistas no aman a nadie, eso no significa que tú no puedas ser amado.

Los narcisistas no pueden apreciar la dignidad y la belleza de la vida, eso no significa que tú no seas digno o hermoso.

Es una conducta humana normal esperar que una conexión emocional tenga una respuesta y es normal seguir esforzándonos por lograrla, porque no tiene sentido que la interacción en una relación no sea recíproca, pero estas tratando a una persona cuyo funcionamiento interno no puedes ni imaginar.

Los narcisistas están desconectados de la vida; ellos no tienen conocimiento, ni experiencia, ni memoria sobre el amor o el afecto. No pueden apreciar la belleza. No pueden reponerse ellos mismos; no tienen recursos internos y están a merced de otras personas que les dan lo que necesitan. Una vez que han agotado a una persona se mueven a la siguiente. Cuando hayas recuperado algo de la energía que para ellos es valiosa, regresan a ti.
  
Ellos saben que serían marginados de la sociedad si la gente supiera que no tienen capacidad para conectarse emocionalmente, por lo que se desarrollan en otras áreas para hacerse atractivos - en el encanto y el carisma. Pero es importante entender que no hay nadie dentro y cada respiración que pasas comunicándote con ellos es tiempo perdido; no entienden y no pueden entender las emociones normales. Ellos copiaran palabras emocionales porque han observado que es la mejor manera de obtener lo que quieren, pero son insustanciales para ellos; no es su culpa, pero no debes tener simpatía por ellos porque lo usarán para manipularte.

Ellos no saben lo que es la soledad y el dolor; sólo saben que si pueden hacer que otros sientan eso pueden controlarlos mejor.

Es una situación donde no hay posibilidad alguna de ganar y debes desconectarte totalmente de estas personas. Ellos sufren un aburrimiento constante y torturante, y un vacío que no puede ser sanado.

No pueden ser felices, tampoco pueden estar tristes. Están vacíos. Sólo pueden ser temporalmente llenados por la adoración, el “suministro narcisista”, pero están llenos de agujeros y se vacían muy rápidamente.


Original en inglés. Traducción libre de @libresdelnarcisista

martes, 10 de enero de 2017

10 formas en que los narcisistas destruyen tu autoestima


Esta tarde he estado dándole vueltas al asunto de la autoestima. Un tema recurrente, lo confieso, en mis reflexiones incluso desde antes de vivir la experiencia con mi “amigo” narcisista.

Una de las características centrales del narcisismo patológico es que constituye una seria perturbación en la formación del “yo”, la base de todo el edificio de la autoestima, lo que me define como individuo, separado de los otros, pero capaz de vincularme de manera personal y consciente con un “tú”.

El “yo” verdadero del narcisista apenas existe, ha sido suplantado por la máscara, el “falso yo” que se ha fabricado y que se alimenta del suministro narcisista, la droga de la que es adicto.

Dado que su identidad es falsa, el narcisista carece de autoestima propia, no tiene como generarla por sí mismo porque adentro no hay sino un vacío permanente. En realidad no sabría definir quién es.

De allí su continuo desbalance y su recurrente necesidad de tomar del exterior la autoestima que no tiene por sí mismo, y que necesita para que su trastornado aparato psíquico funcione.

Por eso, la gran perla que vampiriza el narcisista en sus relaciones interpersonales es la autoestima de la víctima. Se la roba para sí mismo, al tiempo que destruye la de su pareja. La va drenando día tras día. Este es el fin de todas sus manipulaciones y abusos, el combustible que busca extraer de sus presas.

Su lógica es “Yo valgo - tú no vales”, es decir, todo su sentimiento de valoración personal se basa en la desvaloración del contrario. Cuando disminuye o infravalora al otro, él refuerza su sentimiento de superioridad y alimenta su inflado ego.

No nos dejemos engañar por la fuerza y autoconfianza que quiere proyectar. No es un “macho alfa” como aparenta. Su autoestima real es muy, pero muy precaria. En realidad, su autoestima es nuestra autoestima que nos ha robado. Así de claro. 

Por eso, después de la experiencia del abuso emocional, lo que queda completamente devastado son los niveles de autoestimación de la víctima. La recuperación no es otra cosa, precisamente, que volver a construir el edificio de su autoestima personal.

¿Cómo destruye el narcisista la autoestima de la víctima? 


De múltiples maneras. Aquí les presento estas 10, que, basado en mi experiencia, he logrado identificar:

1. Ignorando a la víctima:

Desconociendo sus necesidades y deseos, abandonándola por períodos de tiempo, aplicándole el duro “tratamiento del silencio”, no escuchándola, haciéndole el vacío, actuando como si no existiera, tratándola con frialdad, etc.

2. Sembrando la duda en la víctima sobre sí misma y sobre su percepción:

Sutilmente, muchas veces en forma encubierta, el narcisista va sembrando la duda en la mente de la víctima sobre sí misma, sobre sus capacidades, sus valores, etc. Cuando la somete al “gaslighting”, la hace dudar hasta de sus  propias percepciones.
 
3. Tratando a la víctima de manera paternalista:

Con aparente buena intención, asume un papel paternalista que anula a la víctima, toma decisiones por ella, la aísla del mundo exterior, cree saber, sin consultar su opinión, cuáles son sus necesidades, la trata como si estuviera desvalida.

4. Criticando  a la víctima:

La crítica del narcisista suele ser un veneno bastante tóxico. Rara vez es directa, casi siempre la va destilando de manera sutil, encubierta, disfrazada, pero continúa hasta socavar la confianza en sí misma de la víctima. Cuando ella se esfuerza por demostrarle su atención, por ejemplo a través de una buena comida, busca cualquier excusa para criticarla, o desvalorar sus méritos.

5. Humillando a la víctima:

Las humillaciones del narcisista son a veces muy dolorosas porque son inesperadas, las puede hacer a solas o incluso delante de terceros. Estas humillaciones suelen disfrazarse de bromas o burlas, y tienen un efecto fulminante en la imagen de la víctima delante de sí  misma y de los demás.

6. Comparando a la víctima:

El narcisista compara a la víctima con otras parejas o personas, para hacerle sentir que no está a la altura o que su comportamiento se sale de los estándares, o, simplemente, para generar celos. La víctima se siente cada vez más insegura, especialmente cuando es manipulada a través de la “triangulación”.

7. Desconociendo por completo las virtudes y talentos de la víctima:

Nunca le recuerda a la víctima sus éxitos profesionales, o sus talentos y virtudes. Si no los degrada, los silencia directamente, de manera que la víctima nunca recibe ningún estimulo o apoyo emocional que la motive a cultivar sus capacidades, o a sentirse orgullosa de sí misma.


8. Trivializando-invalidando los sentimientos y emociones de la víctima:

Para el narcisista, los sentimientos o emociones de la víctima o son exagerados o no tienen importancia y carecen de valor. La víctima aprende a no expresar lo que siente porque sabe que no será tomado en cuenta.

9. Irrespetando los límites de la víctima, sus opiniones, creencias, valores:

El narcisista, por sistema, irrespeta todos los límites de la víctima, arremete contra sus opiniones, descalifica sus creencias y sus valores.

10. Controlando a la víctima:

El narcisista, que trata a la víctima como a un objeto, controla totalmente la vida de la relación. El tiempo que pasan juntos, los lugares a donde salen, las películas que ven, los temas que conversan, todo está absolutamente controlado por el narcisista. Su agenda prevalece siempre. La víctima se siente cada vez más anulada y sin autonomía.

El camino de la libertad: ¡Salir del engaño!


A través de estas acciones, y de las reacciones emocionales que genera en el que las padece, el narcisista va recibiendo “suministro” negativo, una droga de gran calidad, embriagante, que le permite regular su autoestima, como dijimos, y alimentar su “falso yo”.

Este proceso tóxico de destrucción de la autoestima cuando es vivido en forma intensa y continua, como suele suceder en la fase de devaluación y descarte, deja gravísimas secuelas en la salud emocional de la persona.

El narcisista no experimenta ningún tipo de sentimiento negativo por el daño emocional que está causando, y aunque es perfectamente consciente de lo que está haciendo, de hecho lo hace deliberadamente, no sufre de mala conciencia por ello, no siente ni culpa ni remordimiento, sino que normalmente lo racionaliza juzgando que la víctima lo merece, o se lo ha buscado.

Con frecuencia, para amortiguar el impacto del daño, combina los momentos de abuso, con cortos períodos de vuelta a la seducción y al buen trato, dando así a la víctima un respiro, pero dejándola en un estado de confusión y de parálisis.

Salgamos del engaño. Una persona que lesiona y hiere nuestra autoestima de esta manera, nos miente si nos dice que nos ama o que es nuestro amigo. Una verdadera relación, ya sea de pareja o de amistad, nutre nuestro crecimiento personal, y aunque se presenten dificultades, es un apoyo en la vida, no el arma de nuestra propia destrucción masiva.
 
Estemos claros, quien lesiona así a las personas es un trastornado en toda regla, no tienes amigos ni parejas, tiene presas a las que busca destruir emocionalmente.

Escribo estas cosas, y tomo conciencia de la gran peligrosidad de los narcisistas, de la necesidad de mantenernos alejados lo más posible de estos depredadores emocionales. 

Busquemos el camino de nuestra libertad, el camino de la autoestima. Rompamos las cadenas. Seamos libres del narcisista.

Si alguien quiere añadir alguna otra forma en que los narcisistas destruyen nuestra autoestima, estamos abiertos a todos los aportes.

@libresdelnarcisista 

domingo, 8 de enero de 2017

6 características de cómo ven los narcisistas a las otras personas



¿Cómo ven los narcisistas al resto de los mortales? ¿Qué hay en la mente de los narcisistas sociópatas cuando interactúan con los demás? La respuesta a estas preguntas es relativamente sencilla: los que sufren este trastorno nos ven siempre desde el prisma de su burbuja, es decir,  desde esa realidad ilusoria del  “Falso yo” que se han creado.

Los narcisistas se valen de nuestra presunción de que somos percibidos por él conforme a nuestros estándares cognitivos, emocionales y éticos. Como buenos maestros del disfraz, simulan perfectamente compartir nuestros valores y nuestra visión de lo que significan las personas, y las relaciones humanas.

Pero ellos no siguen las reglas del juego que rigen la convivencia humana: el respeto, la reciprocidad, la honestidad, el desinterés, la lealtad, etc.

Todo es una máscara, ellos no perciben a las personas igual que nosotros. Nos engañan, y nos engañan para atraparnos en su ilusión, es decir, en su tela de araña.

¿Cómo nos ven, entonces, los narcisistas? He aquí 6 características:

1. Como fuentes, o potenciales fuentes, de “suministro” narcisista: 

El suministro narcisista es la droga que requiere para regular su autoestima, alimentar su falso e inflado “ego”, y sentirse en control. Un narcisista sólo o aislado colapsaría. Por eso necesita relacionarse continuamente con las personas, de ellas, de sus reacciones emocionales, positivas o negativas, extrae el combustible al que es adicto.

Las personas serán relevantes en la medida en que sean, o no, una fuente confiable, o potencial, de buen combustible. Por supuesto, cuando por cualquier motivo dejan de serlo, son sustituidas o intercambiadas sin ningún problema.

Es una visión pragmática, utilitarista, de los seres humanos, simplemente como medios que sirven para saciar una adicción. No hay ningún otro vinculo, ni afectivo ni emocional, porque él nunca ha estado interesado en la otra persona en cuanto tal, sino sólo en el “suministronarcisista que le proporciona.

Cuando conocen a alguien lo evalúan según su potencial como fuente de “suministro”. Si hay perspectivas de generar buen combustible se muestran interesados en la persona, y despliegan todas sus armas de seducción; en caso contrario, se vuelven indiferentes e incluso fríos y distantes.

2. Como espejos:

Para el narcisista los otros son el reflejo especular de su propia imagen inflada. La confirmación de que su “falso yo”, su mundo de ilusión, es cierto. El narcisista está enamorado de la fotografía que nosotros percibimos de él, la que él proyecta en los demás en sus relaciones.

Toda su autoestima depende de la validación que le viene de los espejos que le reflejan.

Es por eso que cuando el espejo se atreve a criticarlo, reacciona de manera muy negativa, o directamente no lo acepta. Entonces, sin pensarlo mucho, devalúa y descarta al espejo, porque ya no cumple su función de validarlo.

Otro aspecto de las personas como espejos es la imitación que hacen los narcisistas de ciertos rasgos de personalidad de los que carecen, especialmente de la empatía. Como buenos actores, son muy observadores, copian esos atributos y los reproducen en el momento en que los necesitan.

3. Como objetos: 

El narcisista no reconoce el concepto de dignidad humana, la singularidad de lo que significa ser persona, con todas sus consecuencias éticas. Él, sencillamente, cosifica a las personas, las convierte en objetos que están a su uso. Por eso no tiene ningún reparo en explotarlas al máximo para lograr sus objetivos y cumplir su agenda.

Explota y aprovecha todo lo que pueda extraer de la víctima: sus relaciones, su tiempo, su dinero, sus conocimientos e ideas, su trabajo, y un largo etcétera.  

Por supuesto, si la persona con la que se relaciona es sólo una cosa, no tiene caso ocuparse de sus gustos, ideas, sentimientos, necesidades, metas, etc. Nada de esto existe en la mente del depredador narcisista.

Es por eso que en la fase de descarte, cuando la cosa ya no les interesa o no les sirve, la dejan tirada como si se tratara de cualquier objeto que ya no funciona y es arrojado a la basura.

Esta es, quizás, una de las verdades más duras a las que tiene que enfrentarse la víctima del abuso narcisista.

4. Como extensiones de sí mismo

Para el narcisista las personas que están dentro de su burbuja carecen de autonomía, son meras extensiones de sí mismo. No existen límites que respetar, sino que le pertenecen como si formaran parte de su propio ser.

Como un maestro titiritero maneja a los otros conforme a su agenda, mueve los hilos de sus vidas para que comiencen a girar en torno a él y a sus intereses.

De allí la acuciante necesidad que tienen de controlar a sus víctimas, lo que piensan, en que ocupan su tiempo, lo que hacen. Él quiere estar siempre al mando, tener el control, lo mismo que haría cualquiera de nosotros con un miembro de su propio cuerpo.

Por eso cuando la víctima declara su independencia y se separa, lo que él siente es que una parte de sí mismo se desprende, porque el “yo” del otro ha sido subsumido por el depredador, que no lo reconoce como un ente aparte. Ello explica la ira del narcisista, y sus reacciones cuando la víctima se rebela y logra marcharse.


5. Como competidores

Para el narcisista no existe el concepto de cooperación entre las personas, ni las relaciones en términos de ganar/ganar. El siempre ve al otro como un posible competidor, y no en raras ocasiones, como una amenaza, ya sea real o ficticia.

Sus relaciones son siempre ganar/perder.

En su mente los seres humanos se dividen en dos clases: los fuertes y los débiles. En medio de la selva, donde todos luchan y se enfrentan por lograr sus intereses, los fuertes vencen y destruyen a los débiles. Por supuesto, él siempre se coloca del lado de los fuertes, racionalizando así su frialdad emocional y su falta de empatía.

En esta contienda de los fuertes contra los débiles todo vale: la mentira, la manipulación, la traición, la amenaza, el robo, el abuso emocional, la violencia psicológica, y, por supuesto, en algunos casos extremos, la violencia física. Es la vida, dirán ellos.

No está de más decir que odian toda forma de vulnerabilidad, en sí mismos o en los demás. De hecho, cualquier manifestación emocional o sentimental, la consideran una debilidad y por eso la detestan.

El narcisista siempre, pero siempre, está compitiendo, y se planta frente al otro como si fuera un enemigo en una batalla. Conceptos como colaboración o generosidad le resultan inadmisibles o propios de perdedores.

El narcisista, por su naturaleza, es individualista, aunque en algunas circunstancias, cuando le convenga, trabaje en equipo, él nunca verá a sus compañeros como iguales.  

Dos aspectos de la psicología del narcisista se relacionan directamente con su carácter competitivo: su envidia patológica, o su creencia de que otros lo envidian, y su tendencia a la paranoia, es decir, a sentirse vigilado o perseguido muchas veces sin un motivo aparente.

6. Como inferiores a él

En la mente del narcisista, las personas que le rodean son siempre inferiores a él. Cuando la superioridad del otro sea muy evidente en el  campo que sea, especialmente ante los ojos de los demás, encontrara motivos suficientes para devaluarla y degradar la opinión positiva que los demás tengan de ella.

En el pódium de su grandeza, el narcisista no acepta compañía. Los demás están allí como floreros o monaguillos, pero él siempre estará en el centro. Por lo general, el narcisista tiene su pequeña corte de fieles aduladores, a quienes manipula según sus fines y que le sirven como fachada y entretenimiento.

Mucho del abuso emocional del narcisista, especialmente cuando busca combustible negativo, es decir, cuando hiere emocionalmente a la víctima o la humilla y desprecia, no tiene otro objetivo que demostrarse a sí mismo su superioridad, el control o dominio que tiene sobre los demás.

Para el narcisista no existe el concepto de relaciones humanas basadas en la igualdad de derechos o en la reciprocidad. Parte de su estrategia es hacer que la víctima se perciba frente a él como inferior. En este punto, sobre todo los narcisistas encubiertos, van destilando su veneno sutilmente, pasito a pasito,  erosionando día tras día la autoestima de la otra persona, hasta lograr desvalorarla completamente.

Matar la "esperanza":

Hasta aquí las características de cómo nos ven los narcisistas. Tomemos conciencia de esta realidad, y actuemos en consecuencia. Conceptos tan hermosos como amistad, amor de pareja, compañerismo, están completamente distorsionados a causa de su trastorno de personalidad.

Tener la expectativa de que el narcisista reaccione frente a nosotros como un verdadero amigo o un compañero es completamente ilusorio, y a larga puede hacernos mucho daño, porque hace posible que sigamos atrapados en las redes de nuestro depredador, o que volvamos a sus garras, perpetuando o recrudeciendo su abuso emocional y psicológico.

Si queremos librarnos del abuso narcisista tenemos que matar en nosotros esta esperanza.


@libresdelnarcisista

jueves, 5 de enero de 2017

¿Quiénes son las personas más bellas? Un mensaje para todos los que luchan


Elisabeth Kübler Ross (Zúrich, 8 de julio de 1926-Scottsdale, Arizona, 24 de agosto de 2004) fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos.

Su libro Sobre la muerte y el morir (1969) expone su conocido modelo de Kübler-Ross por primera vez. En esa y otras doce obras, sentó las bases de los modernos cuidados paliativos, cuyo objetivo es que el enfermo afronte la muerte con serenidad y hasta con alegría.

(Fuente: Wikipedia)

miércoles, 4 de enero de 2017

La envidia patológica, el núcleo emocional del narcisista


La envidia es un sentimiento común entre los seres humanos. Todos, en algún momento, hemos experimentado cierto malestar por los éxitos o atributos de otras personas, e inevitablemente los hemos comparado con los nuestros.

Normalmente, dependiendo del estado de nuestra salud emocional, se trata de una experiencia prácticamente involuntaria y pasajera.

El caso del narcisista es diferente. Su envidia, de carácter patológico, es una emoción persistente, profunda y muy primitiva, ligada a la rabia y al odio, al deseo egoísta del niño de monopolizar la atención de padres y adultos. Esta envidia, que en parte permanece inconsciente, es dolorosa para el propio narcisista que ve continuamente amenazada su ilusión de estar por encima de los demás, de ser único y perfecto.

La envidia está en el núcleo emocional del narcisista, y explica muchas de sus conductas y reacciones. A nivel psíquico, es como un ácido que quema, y que de vez en cuando sube a la superficie destruyéndolo todo. Según Otto Kernberg, el gran estudioso de los trastornos de la personalidad, la envidia es el hallmark, el rasgo definitorio, del narcisista.

Llevado por su gran inseguridad y su fluctuante autoestima, el narcisista sufre la enfermedad de las comparaciones, esa es una de las razones de su permanente y extremada envidia hacia todo y a todos. Siempre habrá alguien que tenga una casa mejor, un mejor empleo, que reciba más atención, que sea más joven o más guapo, que tenga mejor ropa, que sea más querido y popular, etc. Esto le quema al narcisista, le resulta amenazante, y por eso busca destruir todo aquello que atenta contra su inflado ego.

Porque ese es el problema de fondo, no estamos hablando de un simple sentimiento negativo. El narcisista no buscará sólo emular los éxitos o adueñarse de los atributos que no posee. No se conformará con eso. Su deseo es destruir y devaluar  la fuente que le está causando ese sentimiento doloroso y humillante.

Cuando devalúa y descalifica aquello que envidia, inmediatamente se siente aliviado y satisfecho. Vuelve a estar por encima, a sentirse superior, único, en control. Es por eso que la devaluación que sufre la víctima es inevitable. 

Esta envidia patológica, que no tiene límites, convierte al narcisista en un ser verdaderamente peligroso, porque lo lleva a querer destruir todo el bien que está a su alrededor y que él no posee.

En realidad, esa es su agenda oculta, la que nunca nos mostrará.

LA ENVIDIA, LA RAZÓN DEL ODIO DE LOS NARCISISTAS

Una de las preguntas que me acució durante un tiempo, no sé si a otras víctimas les sucede lo mismo, fue la razón del odio, disfrazado de amistad pero odio al fin, que traslucían las acciones abusivas del narcisista.

¿Cómo una persona a quien había tratado como al mejor de los amigos, a quien siempre había hecho el bien, podía actuar de esa manera? No tenía sentido.

Ahora entiendo que mi “amigo” narcisista sentía una profunda envidia de mis valores personales, de mi sistema de creencias, de mi carácter empático, positivo y optimista, de mis relaciones y de mis logros profesionales. Sencillamente, se le hacía insoportable que yo fuera feliz.

Por eso, justo por eso, me devaluó lo más que pudo, aprovechándose de mis vulnerabilidades, que tenía bien estudiadas, y me descartó, de la noche a la mañana, dejándome emocionalmente roto y confundido.

Detrás de todo este proceso, está la envidia patológica del narcisista, esa es la razón que explica la destrucción psicológica, el odio, que padecemos las víctimas del abuso narcisista.

Debemos estar bien conscientes de esto, y abandonar toda esperanza de lograr una relación normal y sana con un narcisista. La envidia que padece no es un simple defecto, es el “corazón” emocional del trastorno que padece.

4 CONSEJOS PARA CONTRARRESTAR LA ENVIDIA DEL NARCISISTA:

Si todavía mantiene cierta relación con el narcisista, tenga presente esta realidad patológica de su envidia, y tome algunas precauciones:

1. No se muestre particularmente feliz o positivo delante del narcisista, esos son sentimientos especialmente odiosos para él, porque además contrastan con su permanente estado de negatividad. Esa felicidad, ese optimismo, ese amor por la vida, despiertan profundamente su envidia. Preséntese más bien en un estado normal, relajado, neutro, sobrio, como si a usted las cosas le fueran regular, ni bien ni mal.

2. No comparta con el narcisista nada personal, ni sus logros, ni sus proyectos, ni le hable de sus relaciones, ni de sus viajes, ni de algo nuevo que haya adquirido, ni de sus conocimientos, todo eso despierta la envidia del narcisista. Sencillamente, omítalo de la conversación y hable de otra cosa.

3. En su presentación personal evite todo aquello que pueda potencialmente ser objeto de envidia del narcisista: ropa, un automóvil nuevo, etc. Podrá sonar exagerado pero he visto al narcisista envidiar desde una lámpara hasta la marca de unas zapatillas deportivas.

4. Si interactúa en las Redes Sociales, tome en cuenta que los narcisistas siempre están acechando en la sombra. Evite compartir, por lo menos durante un tiempo, sus éxitos y momentos felices, sus fotos con amigos y familiares, sus reflexiones. Todo eso es objeto de envidia del narcisista, quien no soportará comprobar su popularidad o las buenas reacciones que su presencia suscita en la Red. De nuevo, mucha sobriedad y discreción, a menos que lo haya bloqueado totalmente, y aún con eso, sea precavido.

Estos consejos los seguí durante la última etapa de mi relación con el narcisista y la verdad es que, en términos generales, me funcionaron. Espero que puedan ser útiles para otras personas que se encuentren en la misma situación.

Cualquier sugerencia o comentario en relación a esto, para mí y para los lectores del Blog, será bienvenido.


@libresdelnarcisista