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lunes, 2 de enero de 2017

Causas del narcisismo patológico: De como un niño se convierte en veterano de guerra


Uno de los aspectos que más me ha intrigado sobre el narcisismo, no sé a otros, es las causas o el origen de este desorden de la personalidad.

He sentido una necesidad acuciante de comprender qué ha sucedido, ¿cómo un ser humano llega a desarrollar un trastorno mental tan severo? Me imagino que me he hecho estas preguntas buscando reducir en mi mismo los efectos de la disonancia cognitiva, una secuela de mi relación con el narcisista.

Dejando aparte los factores hereditarios/genéticos que pueden predisponer al desarrollo de dicho trastorno, es evidente que las causas hay que buscarlas en las experiencias vividas en la primera infancia en el marco del grupo familiar.

En esos años verdaderamente decisivos para la formación y estructuración de la identidad de la persona, el sentido del “yo” del niño, la base del auto-concepto, se ha visto seriamente perturbado por una serie de situaciones traumáticas en su relación con padres, hermanos o primeros cuidadores.

Estas experiencias traumáticas pueden ser de diverso signo: el niño ha sido desatendido en sus necesidades emocionales primarias, y de una manera errática e impredecible, es ensalzado o puesto en un pedestal, o avergonzado y devaluado cuando se ha mostrado vulnerable.

No se han respetado sus límites, sus necesidades emocionales han sido sistemáticamente reprimidas o, simplemente, ignoradas.

En este ambiente, el desarrollo de la empatía, es decir, la capacidad de experimentar las emociones y sentimientos de las otras personas, sencillamente se detiene, no se desarrolla. Aquí juega un papel preponderante el contacto directo con la madre, si ella se muestra fría, si no refleja como en un espejo las emociones del niño o de otras personas, se trunca para siempre el desarrollo emocional del niño.

En este clima, el niño experimenta fuertes sentimientos de inseguridad, se siente completamente desvalorado y a merced de la conducta, muchas veces abusiva, manipuladora y controladora, de los adultos que están a su cargo.

Esta experiencia traumática hace que el futuro narcisista poco a poco se vaya encerrando en su propia burbuja, y desarrolle un “falso yo”: omnipotente, grandioso, fuerte, único. Paulatinamente, aprende a proyectar al exterior esta falsa imagen de sí mismo, y a recibir un sustitutivo del amor al que se vuelve adicto: la admiración, aprobación y atención de los demás.

Ha sido tan fuerte el impacto del dolor experimentado, que necesita creer que este “falso yo” existe, una creencia que poco a poco se va adueñando de él, y que intenta confirmar a través de las reacciones que ante su imagen tienen otras personas.

En realidad el trastorno narcisista es un sofisticado mecanismo de defensa que el niño ha desarrollado para sobrevivir al sufrimiento generado por una experiencia traumática temprana. Este dolor subyace en forma de ira, una emoción que se infiltra en toda la vida psíquica del narcisista.

Como consecuencia de todo esto, el narcisista adolecerá toda su vida de problemas de regulación de la auto-estima. Su verdadero “yo” apenas está formado, ha sido sustituido por una falsa imagen de sí mismo, una ilusión que proyecta en los demás. Continuamente tendrá que luchar con una fuerte sensación de inseguridad, inadecuación, vacío, crisis de identidad. Sam Vaknin, uno de los mayores estudiosos del tema, dirá que toda la vida del narcisista es como una prolongada pesadilla.

El narcisista, que ha reprimido la experiencia vivida en la infancia, nunca abandonará su condición de víctima, aún cuando sea él mismo el mayor verdugo de sus desafortunadas presas.

Todo esto nos genera compasión, a mi me la genera al menos, ese hermoso sentimiento no nos lleva a justificar bajo ningún concepto la conducta fuertemente abusiva del narcisista, frente a la cual nos declaramos en pie de lucha. 

Cuando nos volvamos a tropezar con el narcisista recordemos todas estas cosas, recordemos que estamos ante un veterano de guerra. Detrás de toda esa fachada de dureza y frialdad, hay un niño traumatizado que ha sobrevivido a una dura batalla y que ha aprendido a lamerse las heridas. 

@libresdelnarcisista

5 comentarios:

  1. Excelente!!! Creí era la única que sentía compasión ante el narci

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    1. La compasión forma parte de nuestra riqueza moral y emocional como seres humanos. A pesar de que condenamos rotundamente todo el abuso de los narcisista, y debemos liberarnos de su toxicidad, sentir compasión por ellos dice mucho de nuestra calidad como personas. Esta compasión no nos hace ser ingenuos, ni mucho menos, son personas altamente tóxicas que no van a cambiar por más que los compadezcamos. Eso está claro. Un saludo.

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  2. Yo aveces siento compasión pero muchas veces también cierto rencor conmigo mismo por no poner límites :( me cuesta trabajo decir que no cuando quiero decir que no. Y no hay tanto problema con las personas normales, pero con los narcisistas sí. Porqué a parte de que les haces un favor y eres buena onda pues te odian y buscan pisarte. Me cuesta no sentir rencor. Pero esta info me ayuda mucho.

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    1. El rencor es un mecanismo de defensa que busca restituir la situación en favor de la justicia. Sin embargo, el abusador narcisista no merece que te encadenes a un sentimiento tan negativo como ese, mejor es liberarse. Eso no significa no tomar precauciones y romper toda posibilidad de que esa personas vuelva a engañarnos y hacernos daño. Defenderse es el primer de amor y respeto a uno mismo. Ánimo, siempre, un saludo

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    2. Ya me siento mejor. Me estoy aclarando poco a poco. Muchas gracias por contestar.

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