sábado, 15 de junio de 2019

“GOTA A GOTA”: Una táctica de manipulación narcisista


La convivencia diaria con un narcisista suele ser, francamente, desgastante hasta la extenuación. Si has estado en relación con un representante de esta especie, lo sabes.

No me refiero ahora, en particular, a esos momentos puntuales en que el depredador te muestra directamente, y sin rodeos, toda su fachada de maldad, y te aplica a bocajarro alguno de sus conocidos juegos perversos: el tratamiento silencioso, el hombro frío, la triangulación, los arrebatos de ira patológica, la descarga verbal maligna, etc.

No hay que olvidar que la mayor parte del tiempo el abuso narcisista apenas se ve, es sutil y encubierto, por eso una de las tácticas preferidas de estos perversos es el llamado “gota a gota”: sin grandes aspavientos y casi siempre en forma disfrazada, el narcisista va minando tu autoestima, erosionando tu identidad, poco a poco, pasito a pasito, como la gota de agua que cae recurrentemente, y va desgastando la roca hasta moldearla o deshacerla.

Nadie imagina el poder de una simple gota de agua, cayendo día y noche sobre una dura piedra hasta que la rompe.

Ejemplos de estas “gotas” letales:

- Unas palabritas dobles, y punzantes, dichas como si tal cosa;
- ignorar o hacerse el desentendido;
- manipular el móvil, o no quitarse los audífonos, cuando le hablan;
- lanzar una insinuación intrigante, por sorpresa, o hacer un comentario humillante;
- aprovechar una conversación para criticar la forma de ser, el estilo, los gustos de la víctima, decirle que son consejos que él le dice “por su bien”;
- tomar decisiones sin consultar a la víctima, ni considerar su opinión;
- insultos indirectos, a veces disfrazados de elogios;
- descalificaciones menores, emitidas en medio de una conversación cualquiera;
- olvidos aparentemente involuntarios;
- indiferencia ante los logros, o las preocupaciones, de la víctima;
- gestos de falso paternalismo;
- burlas sutiles, y maliciosas, acerca de las vulnerabilidades de la víctima;  
- palabras sarcásticas;
- críticas directas;

… y un largo etcétera.

Así, día tras día. El “gota a gota” es una de las técnicas de manipulación más corrosivas, e invisibles, que existen.

Lo mismo que una sola gota no desgasta la piedra, el abuso no suele verse si se juzga una situación en concreto. Es el goteo incesante, aquella gota de hoy, con la de ayer, con la de mañana, lo que termina doblegando a la víctima, venciendo sus defensas emocionales. Al cabo del tiempo, el narcisista logra socavar su seguridad personal, haciendo que se sienta inferior, que dude de sí misma, y que su autoestima sea devastada.

A veces es difícil detectar el "gota a gota", dado que el abusador combina su juego maligno, con momentos de respiro y de aparente aprecio hacia la víctima, lo que genera más confusión y parálisis. En la medida en que la devaluación avanza, esos períodos de tregua van desapareciendo y la acción destructiva del narcisista se hace más ruda y directa, más insidiosa, estamos ya en la antesala del descarte.

La víctima logra despertar, y darse cuenta del juego maligno del agresor perverso, una vez que se sienta y relaciona una “gota” con otra “gota”, y percibe el fuerte impacto que tiene sobre su psiquis, y sobre sus emociones, la sumatoria de todas las situaciones/palabras de desvaloración, que ha soportado en su relación con el depredador.

Una pequeña dosis diaria de veneno puede ser tan letal, o incluso más, que una gran cantidad del agente tóxico ingerido de una sola vez.

Si percibes que estás siendo sometido a este juego perverso del “gota a gota” por alguna persona cercana, probablemente un narcisista u otro espécimen tóxico, aléjate enseguida de este sujeto, establece de inmediato tus límites, sal cuánto antes de su nube tóxica, y establece una medida estricta de Contacto 0 a fin de salvaguardar tu autoestima, la preciosa perla que estos vampiros emocionales buscan arrebatarle a sus víctimas.

Saludos a todos,

© LibresDelNarcisista


domingo, 9 de junio de 2019

¿AVISAR A LA NUEVA VÍCTIMA DEL NARCISISTA?


Si has sido víctima de un narcisista, es posible que te hayas preguntado si debes alertar a la persona que te ha sustituido en la vida del depredador, sobre el abuso que sufriste en tu relación con él, o sobre su perfil narcisista. 

Se trata, desde luego, de un problema de conciencia. 

Aunque cada caso es diferente, sin embargo, normalmente, no merece la pena, el abusador presenta siempre a sus ex como personas inestables, poco creíbles, con problemas psicológicos/emocionales; además, la nueva víctima está bajo los efectos hechizantes del love bombing, por lo que negará todo lo que le digas y defenderá al manipulador con uñas y dientes. Es posible que te acuse de actuar movida por los celos, o de querer sabotear su relación. 

La persona que te ha sustituido está convencida de la verdad del narcisista, cree que con ella todo será diferente, dado que ella sí está a su altura, es especial, por lo que sabrá comprenderlo, cosa que tú no hiciste, y ser su compañera ideal, puesto que es su alma gemela. Como ves, se trata del típico lavado de cerebro de la etapa de la idealización. No hay nada nuevo bajo el sol. 

Por otra parte, el abusador intentará contra-atacar y defenderse, por lo que te verás inmerso en una lucha en varios frentes. No olvides que los narcisistas son muy vengativos, intensificarán su campaña de difamación contra esa víctima que está amenazando aquello que más valoran: su fachada ante los demás. No pararán hasta destruir su credibilidad delante de todos. 

Otra cosa sería, que una nueva víctima te solicite información y te pregunte sobre tu experiencia con el narcisista. Normalmente, alguien que comienza a indagar y a buscar antecedentes, es porque ya ha percibido algunas banderas rojas. Dependiendo de cada caso, y de tu propia intuición, lo más indicado es informar a esa persona sobre la relación abusiva que has vivido, quizás sin entrar en detalles estrictamente personales, enfatizando la realidad del maltrato emocional/psicológico que sufriste y de sus secuelas. 

Siempre hay que ser prudentes a la hora de compartir con otros nuestras experiencias personales, aunque sea con buena intención, sobretodo si sabemos que esa persona tiene contacto con el narcisista, por lo que es más que probable que le comente lo que le digamos. 

La recomendación número 1 es centrarse en el propio proceso de recuperación de las secuelas del abuso y mantener el Contacto 0 con todo lo que tenga que ver con el narcisista, incluyendo a su nueva víctima. 

Hay personas que están a la espera, vigilando, especialmente a través de la redes sociales, a ver cómo le va al narcisista con su nueva víctima, si sigue con ella, si hay muestras públicas de afecto, si se perciben señales de algún problema, si la trata peor o mejor de lo que hizo con ellas. Todo esto les genera ansiedad, y se convierte casi en una obsesión. 

Estas personas, aunque ya no tengan contacto con el abusador, siguen enganchadas, no terminan de comprender el abuso ni la naturaleza perversa del depredador, se hacen mucho daño a sí mismas al compararse con la nueva víctima, y querer confirmarse de que, tarde o temprano, a ella también la devaluará y la descartará. Por supuesto que ello ocurrirá, las relaciones del narcisista siempre fracasan, una tras otra, pero es muy probable que no lo veas. Los narcisistas sólo te dejan ver los lados brillantes del cubo. 

Si es ese tú caso, sal de este bucle inmediatamente. Si tienes que darte de baja de alguna red social para evitar la tentación, hazlo sin dudar. Recuperarás la paz y podrás avanzar en lo que importa: tu recuperación.

El Contacto 0 implica cortar radicalmente todo contacto con el abusador y no hacer ningún tipo de seguimiento a su nueva relación. Ese es el camino para sanar y ser libres. 

No lo olvides, la mayor victoria no es que el narcisista vuelva a fracasar en sus nuevas relaciones, sino lograr recuperarse efectivamente de las secuelas del abuso, fortalecer la autoestima y sanar emocionalmente, rompiendo las ataduras del vínculo traumático y comenzando una nueva etapa en el camino de la vida, dejando atrás, y para siempre, la pesadilla de vivir bajo las garras de un perverso narcisista.

Un saludo a todos, 


© LibresDelNarcisista


sábado, 25 de mayo de 2019

TODOS LOS PSICÓPATAS SON NARCISISTAS, PERO NO TODOS LOS NARCISISTAS SON PSICÓPATAS



Aunque en el blog ya hemos hablado sobre las diferencias entre psicópatas y narcisistas, he decidido ahondar un poco más en el tema, especialmente atendiendo a algunas preguntas de nuestros lectores.

Comenzaremos afirmando que los psicópatas despiertan la curiosidad de mucha gente. Son tan intrigantes, tan extraños, que pueden resultar, incluso, fascinantes ¿Existen de verdad personas así? ¿Cómo pueden hacer tanto daño sin importarles nada?, ¿cómo pueden ser tan fríos? Sus hazañas más violentas son objeto de películas y documentales. Los asesinos en serie, en particular, resultan, francamente, sorprendentes  ¿Cómo alguien llega a convertirse en un depredador de otros seres humanos?


PSICÓPATAS: NARCISISTAS EN GRADO EXTREMO

La cosa es que no todos los psicópatas son violadores y asesinos. Hay muchos que jamás cometerán un crimen ¿Qué pasa con ellos? ¿Qué pasa con los llamados "psicópatas integrados" o subclínicos? ¿Qué sucede con los que no son asesinos en serie, con los que no aparecen en los periódicos? ¿Son igualmente destructivos?

La respuesta es sí.

Un ser humano que carece de empatía y de conciencia moral, cuyo único propósito es lograr sus objetivos egoístas, que no ve a los otros como seres autónomos, con sentimientos, dignidad y derechos, es una persona realmente peligrosa. Es alguien que es capaz de arrasar las vidas de otros, si eso es lo que necesita para obtener lo que quiere. Y tal vez, incluso, dado que se aburre, por diversión.

Algunos investigadores afirman que los psicópatas son narcisistas patológicos en grado extremo. Es el perfil resultante cuando ya no es posible ser más narcisista. Para estas personas, el enfoque en el “yo” es tan desmesurado y absorbente, les consume tanto, que no hay espacio para nada más.

Debido a esto, todos los psicópatas son narcisistas, pero no todos los narcisistas son psicópatas. El narcisismo es un espectro. Cuanto más cerca esté una persona del final del espectro, es decir de la psicopatía, más rígidos e inflexibles serán sus rasgos narcisistas, y más manipulador, abusivo y peligroso será su comportamiento con los demás.

El narcisismo patológico es el núcleo de la psicopatía.

Todos los seres humanos tienen, en menor o mayor grado, rasgos narcisistas de personalidad. Sin embargo, la inmensa mayoría no son patológicamente narcisistas, ni mucho menos. Hay un punto en el espectro donde el narcisismo se convierte en el patrón dominante y fijo de la personalidad, e invade el pensamiento y la conducta emocionalmente sana y racional. Ahí es donde se convierte en patológico, cuando una persona no puede cambiar su forma de pensar o su comportamiento, incluso ante la prueba de que está equivocada, o que su enfoque es dañino para sí misma, y, sobre todo, para los demás.

El narcisista está imbuido en su propia realidad, en la idea grandiosa y tóxica que tiene de sí mismo, está atrincherado en la trampa de su pensamiento mágico, en la creencia de ser un tipo especial, único, invulnerable, casi un dios. A medida que el espectro del narcisismo avanza, estos rasgos patológicos se agudizan más y más.

UNA GUERRA SIN FIN

Los narcisistas están en permanente conflicto con su ego. El concepto que tienen de ellos mismos, su autoconcepto, es disfuncional, no está basado en hechos objetivos, sino en emociones, por eso carece de lógica. Es irracional. La idea que tienen de sí mismos como superiores y perfectos carece de fundamento real, sin embargo eso es lo que sienten, y toman estas emociones sobre ellos mismos como si fueran verdades absolutas, verdades que hay que defender al precio que sea.

El ego es una dimensión esencial de nuestra estructura psíquica. Coincide con nuestro “yo”, el mismo que utilizamos cuando hablamos y pensamos. Normalmente, nos representa y protege, es un espejo que refleja lo que creemos que somos.

En un narcisista, su ego patológico, basado en emociones que no se corresponden con la realidad, se manifiesta torturándolo continuamente: "¿Qué hay de mí?", le grita, y entra en conflicto con el superyó que le susurra: “Eres estúpido. No tienes valor. Eres feo". El ego se pone entonces a la defensiva: "¡No, no lo soy! ¡Ellos lo son! ¡Todas esas personas son peores que yo! ¡No valen nada! ¡Soy el más importante!" y una y otra, y otra vez, estas dos voces se enfrentan en su cabeza.

El narcisista, simplemente, existe día tras día, tratando de sobrevivir a esta guerra interminable, buscando escapar de ella siempre que puede, generalmente a través de la proyección, la transferencia de culpa, la luz de gas, el tratamiento silencioso y otras formas de abuso o manipulación, que le sirven para obtener aquello que constituye su medio de alivio, su tabla de salvación: el combustible o suministro narcisista.

Una persona sana, que no sufre este trastorno, sabe quién es independientemente de sus emociones, porque su autoconcepto se fundamenta en hechos objetivos, no en cómo se siente con respecto a sí misma, en un determinado momento. Esté triste o esté alegre, se sienta querido u olvidado, tiene un yo estable, un yo real, sabe que es un ser humano, que existe y es verdadero, que tiene fortalezas y vulnerabilidades, en una palabra, posee una identidad.

El narcisista, en cambio, sólo puede verificar su existencia a través del reflejo de sí mismo que ve en los demás, por medio de su atención y de sus reacciones emocionales. La alternativa a esto es el abismo o la nada, el vacío sin fin de un ser desconectado de sí mismo, que carece de autoconcepto. Por eso es que sin suministro o combustible, estos trastornados, sencillamente, colapsan.


PSICÓPATAS: UNA ESTRUCTURA SIN SUPERYÓ

El psicópata, definitivamente, no arrastra este problema. Como dijo un clínico: "Cuando uno mira al psicópata, hay menos allí de lo que se ve". Se podría decir que el superyó está esencialmente ausente en el andamiaje de su personalidad. Según el psicoanálisis, las personas tienen una estructura de personalidad que incluye tres partes: el id, que se corresponde con el inconsciente y los instintos; el ego, que es la conciencia de sí mismo, es decir, el yo; y, finalmente, el superyó, o la conciencia normativa que sirve de árbitro entre el ego y el id. Siguiendo este modelo, la estructura psíquica del verdadero psicópata parece ser diádica. Eso significa que tiene solo dos partes, el id y el ego, pero no el superyó. Esto se debe a que están menos desarrollados psicológicamente que otros tipos de narcisistas.

El superyó se forma entre los tres y los cinco años, y coincide con la conciencia moral. Los psicópatas parecen experimentar una interrupción o desviación en su desarrollo psíquico justo antes de esa fecha. Su rango emocional es incluso menor que el de los niños pequeños. Los sentimientos que tienen no requieren que otras personas sean percibidas como seres humanos o como individuos. Estos sentimientos generalmente son bastante precarios, efímeros, vienen rápidamente y desaparecen enseguida.

Incapaz de experimentar emociones amplias y complejas como el miedo, la culpa, la depresión, la simpatía, los celos, la gratitud, el remordimiento, la tristeza, la soledad y la alegría recíproca, el repertorio emocional del psicópata se limita a las emociones más primitivas del ser humano: entusiasmo, frustración, rabia, aburrimiento, envidia, disforia y vergüenza. Como todos los narcisistas patológicos, sus vidas emocionales se centran en manejar la envidia y la vergüenza. Y al igual que el resto de sus hermanos, generalmente lo logran destruyendo el objeto del que tienen envidia, o aquello que les resulte amenazante para su ego inflado o les haga sentir inferior.

El ego de un psicópata es tan grandioso, centrado en sí mismo y disfuncional como el de cualquier otro narcisista patológico, probablemente aún más. Con todo, sin la interferencia del superyó, el paisaje interior del psicópata es diferente al de otros narcisistas: no les preocupa ser vistos por el resto de los mortales como una mala persona. No les importa si su comportamiento es percibido negativamente por otros. Simplemente, les da igual.

Los narcisistas, en cambio, cuidan en extremo su imagen, temen ser expuestos públicamente, no toleran el rechazo ni el abandono. Reaccionan a la defensiva, si su fuente de suministro o combustible, de la cual dependen, amenaza con dejarlo. Los psicópatas no sufren estas cosas. Son verdaderos lobos solitarios. Actúan de manera ofensiva, desde una posición de depredación y dominio.

Una de las funciones más importantes del superyó es lo que llamamos la conciencia moral: "No debes decir eso, herirás sus sentimientos", nos dice o "no debes tomar cosas que no te pertenecen". Los narcisistas no psicópatas, generalmente, tienen un superyó, lo que quiere decir que en algún momento tuvieron al menos la posibilidad de una conciencia de este tipo. Sin embargo, es inadaptado y disfuncional, y se comporta como un agresor persecutorio que los tortura, en lugar de servirles de árbitro moral.

En otras palabras, los narcisistas tienen una conciencia disfuncional y auto-centrada que los ataca sin parar, que los avergüenza y les hace sentir inadecuados e inferiores. Los psicópatas no tienen que lidiar con nada de esto, sencillamente esta estructura, el superyó, parece no haberse desarrollado nunca. Ellos se rigen, como los niños, por el "principio del placer", que es instintivo en su mente primitiva e infantil, el cual se apoya en su ego grandioso, no controlado y disfuncional. El "moderador" de estas dos cosas, del ego y el id, que la mayoría de nosotros tenemos como freno, no está ahí para ellos. Las desventajas emocionales y funcionales que condicionan a los narcisistas patológicos, especialmente la dependencia al combustible, tampoco son un problema para ellos.

LO QUE IMPORTA: SABER IDENTIFICARLOS Y PROTEGERNOS

Debido a que el narcisismo es un espectro, hay muchas personas que son patológicamente narcisistas y tienen, al mismo tiempo, tendencias psicopáticas, aunque no son psicópatas en sentido pleno. Existe, en cada caso concreto, una gran variabilidad de posibilidades y de combinaciones de rasgos y tendencias, porque al fin y al cabo cada persona es única y su trastorno se expresa según su propia historia y sus características individuales.

¿Por qué algunos narcisistas se convierten en psicópatas y otras no? Es posible que esté relacionado con el tipo de trauma que la persona ha soportado, con la edad que tenía cuando sucedió el evento que dio origen a su trastorno, también es altamente probable que intervenga la genética. Por lo pronto, no hay respuestas definitivas en este momento, y puede que nunca las haya.

Más allá de las diversas posturas, lo que importa es que aprendamos a identificar a psicópatas y narcisistas, y a protegernos de su conducta destructiva. El conocimiento es siempre la mejor defensa frente a estos depredadores.

© LibresDelNarcisista



martes, 21 de mayo de 2019

LA TRANSFERENCIA DE CULPA: una táctica narcisista



El narcisista nunca reconoce, ni acepta, la responsabilidad de sus acciones. Su sentido de “estar en derecho”, la creencia que tiene acerca de su superioridad innata, de que está por encima de las normas que rigen al resto de los mortales, le conduce a negar, o a racionalizar, defensivamente, su comportamiento abusivo y depredador, y a justificarlo.

Él se declara inocente, por supuesto, dado que es perfecto, magnífico, casi un dios. Invariablemente, los demás son los causantes de cuánto sucede, ¿cómo se atreven estos seres inferiores a pedirle cuentas de sus acciones? ¡Es un insulto!

Para mantener su guión perverso, manipula de tal modo las situaciones hasta lograr trasladar o transferir la culpa a la víctima.

Uno de sus medios favoritos es enfadarse por la reacción de la persona ante su comportamiento abusivo, trasladando así el foco de atención no en el abuso, sino en la reacción de la víctima, como si ese fuera el problema.

Le dirá a la víctima que está sobre-reaccionando, que es demasiado sensible, que es egoísta, que no es capaz de comprenderle y de aceptarle tal y como es, y a reglón seguido recurrirá a la triangulación introduciendo hábilmente terceras personas, afirmando que zutano y mengano sí son sus verdaderos amigos, que ellos de verdad le quieren dado que son tolerantes con su comportamiento, y lo apoyan en esto y en aquello.  

Va combinando una manipulación tras otra hasta lograr quebrar a la víctima, y que ella asuma una culpa que no le pertenece. En su desconcierto, ella pedirá hasta perdón por haberle reclamado por su conducta abusiva.

El narcisista utiliza también la transferencia de culpa para victimizarse y hacerle creer a la persona que ella es la responsable de la devaluación que sufre. Su maldad en este punto suele ser muy refinada, atacará a la víctima donde más daño puede hacerle: le recordará sus defectos y sus errores, la comparará con otras personas, la humillará diciéndole que ya no es atractiva o que ha descuidado la relación, que no se esforzó lo suficiente, que no ha sabido atenderle como merecía, o que se ha vuelto demasiado celosa, sensible, paranoica, etc.

Todo esto es parte del juego maligno de la transferencia de culpa. En realidad, la víctima es absolutamente inocente de la conducta depredadora de su verdugo.

No es de extrañar que una de las secuelas del abuso sea, precisamente, la culpa tóxica que ella experimenta acerca de lo que le ha sucedido, fruto del condicionamiento y el lavado de cerebro del narcisista.

Liberarse de esta culpabilidad inducida es parte esencial de la recuperación. El camino es siempre re-conectar con los hechos y con la realidad, reconocer el abuso y el narcisismo patológico de esa persona que ella consideraba hasta ese momento su amigo, o su pareja, y que ahora logra identificar como lo qué es realmente: un abusador narcisista.

Declararemos sin cortapisas la inocencia de las víctimas. Ellas de ninguna manera han merecido el trato vejatorio que han recibido.

Porque, como hemos dicho muchas veces, el abuso es el abuso, un acto contrario a la dignidad humana, y jamás tendrá justificativo de ninguna especie.

Un saludo,

© LibresDelNarcisista


sábado, 18 de mayo de 2019

¿AYUDAR AL NARCISISTA?: 4 RAZONES PARA NO HACERLO

Meilo So

Ayudar a las personas que te necesitan, colaborar con otros, qué duda cabe, es una gran virtud. Saber que eres útil y especial para alguien, que esa persona se apoya en ti y te valora, o que te elige como su confidente, hace que te sientas bien contigo, que tu vida se vuelva significativa.

Ser altruista, comprensivo y generoso, en una palabra, ser empático, te convierte en alguien plenamente humano y enriquece tu vida, le da sentido, te hace feliz. Siempre se recibe más de lo que se entrega.

Estos valores, estos rasgos tan positivos de tu carácter, sin embargo, es posible que te convirtieran en presa de un depredador narcisista. Tú eres una persona llena de vida, una persona que brilla, una persona cargada de humanidad, estos seres rotos y perversos usan a gente como tú, para sostenerse psicológicamente, utilizarlas como fuentes de combustible, y, luego de vampirizarlas, desecharlas como cascaras vacías.  

La trampa está orquestada desde el principio: el narcisista se presenta ante ti como una víctima, como alguien necesitado de ayuda, apoyo u orientación. Así se gana tu aprecio y se despiertan tus deseos de ayudar. Eso te hace sentir especial e importante, gratifica tu ego, y ese es el objetivo, en el fondo, del love bombing. Estas son las bazas con las que juega el abusador.

Ser la víctima es la estrategia estrella del narcisista. Las víctimas siempre despiertan compasión y simpatía, un rico torrente de reacciones emocionales, todo el mundo está a favor de las víctimas, ellas atraen las miradas, y despiertan los mejores sentimientos de la gente ¡Pobrecita!, ¡pobrecito!,… ¡hay que ayudarle!, así es como se cae en sus redes.


Con el tiempo, te darás cuenta que el narcisista jamás abandona su papel de víctima. Nunca hay una solución real para su vida, porque él vive instalado en su mundo de ilusión y de mentira. Las salidas que le propones, generalmente, son ignoradas, descartadas, o provocan su ira, dado que él se niega en redondo a hacerse responsable de sus problemas. Él no hará ningún esfuerzo por mejorar o superar la situación, la que sea, en la que encalle, una y otra vez.

Descubrirás, además, que todo forma parte de un juego perverso, en realidad él está encantado con su papel de víctima, y con las ventajas que le reporta en forma de poder y de control sobre los demás, es decir, de combustible.

Así se ha establecido la dinámica del abuso: una persona, disfrazada de víctima, pide, pide, y pide, explota y saquea a otra, la depreda, hasta que la convierte en la verdadera víctima de la relación, y luego la descarta sin más. Pasado un tiempo, intentará re-introducirla en su ecosistema patológico, y vuelta a empezar.

Por eso, precisamente, es fundamental, si se quiere salir de este ciclo infernal, dejar de ayudar al depredador, romper esta cadena de manipulación y engaño, y no permitir nunca más que el narcisista se sirva de ti para lograr sus objetivos y sostenerse psicológicamente.

Es posible que esta tesis de “dejar de ayudar a alguien”, choque con tu conciencia moral, especialmente si has sido educado en valores tan hermosos como la generosidad, la solidaridad, el compartir, etc.  La moral cristiana, por ejemplo, no cesa de enseñarnos sobre la importancia del amor a los demás, de ayudar al que nos necesita, de hacer por los otros lo que nos gustaría que ellos hiciesen por nosotros mismos.


Por eso es importante que no muerdas el anzuelo, y comprendas bien el juego manipulador que se esconde detrás de todo esto. Por supuesto que ayudar a otros es algo muy positivo, pero el problema de fondo es que el narcisista no busca que lo ayudes, en el sentido real del término, lo que quiere es tener control sobre ti, dominarte, explotar tus recursos, que sacies su sed de combustible, que lo sostengas y que cargues con la responsabilidad de su propia vida.

Auxiliar al narcisista no soluciona el problema. Ni siquiera lo aborda. Es el equivalente a remendar un agujero en un bote con fugas, mientras que el otro pasajero, que te suplica que evites que el barco se hunda,  simplemente se sienta allí perforando más y más agujeros. Es una trampa. No es posible proteger o rescatar a alguien de sus propia debacle emocional y psicológica.

En síntesis, para salir del abuso, hay que dejar, definitivamente, de ayudar al narcisista, entre otras cosas, por las siguientes razones:

1. Romper el condicionamiento del abuso:

El narcisista depende siempre de otra persona para su sostenimiento emocional y psicológico. El elegido es manipulado desde el principio para cumplir esa función, servirle de apoyo en sus necesidades, hacerle sentir que es especial y que se le debe atender en todo lo que demande. El narcisista condiciona a la víctima para que esté siempre a su disposición y para que sea su fuente, segura y confiable, de rico combustible.

En este proceso perverso, muchas personas terminan desarrollando rasgos de codependencia, aprenden a tener con el abusador un comportamiento obsequioso y sumiso. Este condicionamiento puede ser muy fuerte pero hay que romperlo. A la víctima le gustaría, como en el principio, experimentar que el narcisista la necesita, volver a sentirse valorada. El manipulador juega perversamente con este anhelo, y lo explota para lograr sus objetivos.

Hay que decirle al narcisista: “NO, NO, NO, por aquí no paso, el tiempo de la esclavitud se terminó hace rato, deserto de tu régimen abusivo y delirante”. Este es el camino de la libertad.

2. No alimentar la ilusión del "falso yo" del narcisista:

Si siempre actúas a la orden del abusador para todo lo que él necesite, si a cualquier manifestación de sus deseos te apresuras a complacerlo, estás alimentando la gran mentira que el perverso ha creado de sí mismo. Seguirá pensando que es un dios, que es especial y único, y que está en su derecho incluso de aprovecharse de ti y de despreciarte.

Esto no es ayudarlo, desde luego, sino, al contrario, le estás confirmando que su "falso yo" grandioso es verdadero, lo cual es una gran mentira.

No contribuyas al mantenimiento del narcisismo patológico de esta persona.


3. Dejar de asumir la responsabilidad de otro:

Los narcisistas no toleran cargar con la responsabilidad de su propia vida, permanentemente necesitan a un tercero sobre el cual descargar todo el peso de sus actos, de sus continuas turbulencias emocionales, de su vacío, de sus crisis de ira y de las frustraciones del diario vivir.

Debes liberarte de este peso, no es tu responsabilidad salvar a esta persona, no es tu responsabilidad resolver sus problemas, no es tu responsabilidad asegurarte de que no se sienta incómodo, enojado, o frustrado. La responsabilidad del narcisista es del narcisista. Él responde por su propia vida, y debe afrontar las consecuencias de sus actos y de sus decisiones. No hay escapatoria. Ni tú, ni nadie, puede sustituirle.

4. Es completamente inútil:

Quien quiera que intente ayudar al narcisista, en cualquier terreno, quedará agotado y frustrado, y terminará marchándose con la sensación de haber sido manipulado y explotado.

Ayudar al narcisista es completamente inútil. Él nunca va a abandonar su papel de víctima, una posición cómoda que le permite ejercer el control y el dominio sobre otros y obtener combustible. En su mente perversa que alguien le atienda o le haga “favores”, aunque sean pequeños, equivale a tener poder sobre esa persona, lo que le hace sentir superior.

En ocasiones, la víctima cae en la trampa de mostrarse amable y servicial con el abusador, de complacerle en lo que demande, con la esperanza de que se aplaque y deje de conducirse de un modo agresivo o distante. Es inútil, no cambia nada. Al contrario, todos los gestos de amabilidad él los interpreta como signos de debilidad o de inferioridad, y es posible que se comporte de una manera todavía más abusiva.

 CONCLUSIÓN

Hay que dejar de ayudar al narcisista porque todo lo que se hace por él es interpretado en términos de control y de poder, y ello le sirve de combustible. Su agenda es siempre explotar a sus víctimas.

Así que ya sabes, con el narcisista ni "pequeños" favores, ni grandes, nada de nada. Esa es, en realidad, la mejor ayuda que se le puede ofrecer, que aprenda a responsabilizarse de su propia vida, a sostenerse a sí mismo, y a asumir las consecuencias de sus actos.

Pero, sobre todo, esa es la mejor ayuda que te das a ti mismo, para liberarte de su régimen abusivo y recuperar tu vida y tu dignidad.

Un saludo,

© LibresDelNarcisista