viernes, 26 de abril de 2019

EL SÍNDROME DE LA RANA HERVIDA



Hay personas que, desconociendo la dinámica del abuso narcisista, se preguntan cómo es posible que la víctima se haya dejado someter por una persona tan altamente abusiva.

El caso es que el agresor perverso no lleva un letrero en la frente avisando: "Soy un narcisista", él actúa de manera encubierta y sutil. En la medida en que te seduce, devalúa y condiciona, desplegando todo su arsenal manipulador, va aumentando la presión y la violencia, psicológica y emocional, va emergiendo.

Progresivamente, te vas haciendo más y más tolerante al abuso. Si al principio soportabas, por ejemplo, un tratamiento silencioso de una hora, con el correr del tiempo el silencio hostil del abusador abarcará un día, o una semana entera.

No cortas una relación si en un momento dado la otra persona deja de hablarte sin explicarte los motivos, máxime cuando los días previos han sido intensos y de mucha conexión amorosa. Seguramente, te extrañará lo que sucede, y te preguntarás con preocupación si eres tú la causa de su repentino mutismo.

La conducta se repetirá impredeciblemente, tú le reclamarás sus “silencios”, que se han hecho cada vez más largos y más cargados de hostilidad, él te dirá que estás sobre-reaccionando, y que eres muy sensible y dependiente. Todo esto te afectará, por supuesto, te llevará a sopesar los pro y los contra de la relación, pero no te será fácil romper, tienes en tu mente la imagen de la persona maravillosa que conociste al principio, y, además, sientes el tirón del vínculo emocional, por lo que intentas adaptarte a la situación lo mejor que puedes.

A menos que conozcas de antemano la táctica manipuladora del tratamiento silencioso, es difícil que no caigas en la trampa.

De esa manera disfrazada actúa el abusador narcisista.

El caldero del maltrato se calienta poco a poco, al tiempo que tus sistemas de alerta psicológica se desactivan, tus defensas emocionales se desmontan, y te vuelves insensible al abuso, lo normalizas, y en un momento dado hasta dejas de intentar saltar de la olla.

Sufres, entonces, el síndrome de la rana hervida.

De vez en cuando el narcisista, a fin de mantenerte paralizado y en estado de confusión, bajará un poco el fuego, te dará un tiempo de respiro, se mostrará contigo superficialmente amable y complaciente, haciéndote creer que habrá una vuelta al período dorado de la relación. Aprovechándose de tu anhelo, alimentará tus expectativas de que todo será como antes.

Se trata, desde luego, de un alivio momentáneo, el fuego del abuso volverá pronto a encenderse, y tú seguirás allí, sumergido en la olla, sufriendo todas las secuelas del vínculo traumático y a merced del depredador.

Así es como muchas víctimas han soportado años y años de abusos y maltratos. En un momento dado dejaron de reaccionar, se rindieron, de vez en cuando tienen alguna crisis, especialmente cuando el abusador sube demasiado el fuego de sus agresiones, pero en cuanto él tiene un aparente cambio de actitud, y el agua se enfría un poco, decides permanecer en la olla y seguir intentándolo.  

No es sino hasta que logras, generalmente con ayuda de un agente externo, ir atando cabos de lo que ha ido sucediendo e identificas el patrón de comportamiento del abusador, cuando reaccionas, y sales por fin de la cocina del agresor perverso, normalmente decretando el Contacto 0.

Esto sucede, normalmente, a menos que logres saltar antes de la olla, a la hora del descarte, cuando el abusador se quita la careta y sale a luz todo su odio y su falta de empatía. La experiencia suele ser devastadora, en ese momento te percatas de cómo el agua caliente del abuso te ha quemado y de todas las secuelas de esta experiencia.

Nunca juzguemos a alguien que sufre el síndrome de la rana hervida, pensemos que esa persona entró en una relación que al principio le pareció normal y hasta maravillosa, y que fue sometida a técnicas de lavado de cerebro y de manipulación que la fueron haciendo cada vez más y más tolerante al abuso, una situación que destruyó sus defensas psicológicas, y la paralizó.

Ayudemos, eso sí, a las víctimas a despertar, a que tomen conciencia de la trampa que les han tendido, para que puedan saltar a tiempo de la olla y ser libres de su verdugo.

©LibresDelNarcisista


jueves, 25 de abril de 2019

Los mitos del amor romántico y la manipulación narcisista


Los narcisistas, para seducir y manipular a sus víctimas, se valen de una serie de creencias acerca del amor romántico y el enamoramiento, que idealizan excesivamente las relaciones de pareja y tienden a nublar el pensamiento crítico de las personas que caen en sus redes. 

Estos mitos están por todas partes, en las canciones que se ponen de moda, en las películas, en las series de TV, etc. En realidad, constituyen una trampa, con frecuencia se convierten en justificativos, en nombre del "amor", del abuso y del estado de indefensión de las víctimas. 

Los narcisistas los utilizan profusamente, especialmente durante la fase del love bombing y cada vez que quieren reenganchar a sus presas. 


Excusar una relación con una persona tóxica o maltratadora, con la tesis de que el "amor es ciego" es una trampa. El narcisista estará encantado con la idea, pero se trata de un justificativo del amor tóxico. El verdadero amor tiene los ojos bien abiertos, "cerrarlos" es una ingenuidad y un peligro. 


Muchas víctimas, al principio de su relación con el narcisista, sienten una conexión "especial" con el abusador, creen haber encontrado su alma gemela. Se trata de un espejismo, el abusador ha copiado sus rasgos, así manipula su percepción. El efecto es tan poderoso que cuando el narcisista le muestre su verdadero rostro abusivo, la persona se aferrará una y otra vez a aquella imagen primera de la cual se enamoró. Ese personaje no existe, se trata de una simulación. El narcisista es un ser camaleónico, se apropia de la personalidad de su víctima para seducirla, y luego la devalúa y descarta. 

Por cierto, la existencia de las "almas-gemelas" no tiene ningún fundamento, lo que sí existe son compatibilidades de carácter, valores, creencias, etc. 


Las personas empáticas suelen ser fieles creyentes en el amor. El depredador, que es experto en simular el amor pero que no lo experimenta, se aprovecha de esta creencia de su víctima para manipularla, para jugar con sus expectativas. Lo cierto es que por mas actos de generosidad que haga la víctima, todo es inútil, él seguirá siendo la misma persona abusiva y manipuladora. Porque el amor no lo puede todo, no puede saltarse nunca la libertad del objeto amado, pues cada ser humano responde de sí mismo. Reconozcamos que aunque el amor es una fuerza extraordinaria, no lo puede todo, y es sano aceptar esta realidad y sus consecuencias.


Muchas de las situaciones de abuso giran en torno al problema de los celos. En el caso del narcisista, debemos considerar dos aspectos. Por una parte, dada su inseguridad, el abusador suele mostrarse altamente controlador de la vida de su pareja: con quién habla, sus amistades, los lugares que visita, etc. En realidad, trata a su víctima como si fuera un objeto de su posesión. La víctima, en su ceguera, puede interpretar este comportamiento como "amor", pero en realidad se trata de abuso emocional. Paralelamente, el narcisista jugará con los sentimientos de su pareja, triangulando con terceros y provocando toda clase de reacciones emocionales negativas: ansiedad, sentimientos de inferioridad, celos. De esa manera, destruye su autoestima, y se hace con el control de la relación. Tanto en un caso, como en otro, se trata de abuso, y es importante que aprendamos a reconocerlo. 


La creencia de que el amor puede cambiar a las personas está muy arraigada. Normalmente, funciona, especialmente si existe reciprocidad y deseos de cambio. Sin embargo, con un narcisista sucede que el amor de su víctima favorece su agenda perversa de abuso y manipulación. El narcisista está feliz de ser narcisista, no quiere cambiar, el amor ingenuo de su presa es interpretado por él como un signo de inferioridad, lo que alimenta sus ansias de control y de dominio. 

Amar al narcisista es una trampa, ellos ni pueden amar ni quieren hacerlo, ello equivaldría a renunciar a su narcisismo perverso. Hay víctimas que racionalizan los efectos del vínculo traumático y permanecen al lado del abusador con la excusa de un "amor" patológico que las mantiene atrapadas en una relación abusiva. 


La idea de que "los polos opuestos se atraen" es un mito que se usa con frecuencia para justificar relaciones asimétricas e incluso francamente tóxicas. Lo cierto es que debe existir un cierto grado de afinidad y/o complementaridad entre las personas para que conecten entre sí. El narcisista conoce por experiencia esta verdad, por eso cuando seduce a su víctima crea el espejismo de una falsa compatibilidad, así logra que la otra persona baje sus defensas psicológicas, y piense que ha encontrado su pareja ideal

La persona se enamora de alguien que se parece a ella misma, un ser construido con sus propios rasgos. Se trata, en realidad, de una estafa, cuando la máscara se cae y la víctima descubre el ser calculador y perverso que se esconde detrás, se da cuenta que no tiene compatibilidad real con el abusador. Aceptar que se ha estado enamorado de un personaje que no existe es clave para superar la disonancia cognitiva


Un amor entre adultos no puede, ni debe, ser incondicional. Algunas víctimas son condicionadas a amar al narcisista a pesar de todo el arsenal de maltrato que padecen. El lavado de cerebro llega a veces hasta el punto de sentirse dispuestas a soportar situaciones verdaderamente denigrantes, en nombre de un falso amor ¡Despertemos!, amar incondicionalmente a otro adulto no sólo es tóxico e irreal, sino que puede ser peligroso. El amor, incluso el más sincero e intenso, se puede destruir si nos tratan mal, y, honestamente, es correcto que sea así. 

Si crees que el amor al narcisista debe ser incondicional: ¿Qué pasa si te golpea? ¿Qué pasa si te dispara o te apuñala? ¿Qué pasa si lastima a tu hijo? ¿Qué pasa si te engaña una y otra vez? ¿Qué pasa si te humilla o te difama? ¿Qué pasa si, abusivamente, te manipula, devalúa o descarta? ¿Aún lo amarías en alguno de estos casos? Seguir amando a una persona en estas circunstancias es altamente tóxico y peligroso. En realidad eso no es amor, sino el fruto envenenado de una relación abusiva que engendra en ti un vínculo traumático. 

Un adulto sano emocionalmente no puede ofrecer un amor incondicional a otro adulto. El amor tiene ciertos límites y condiciones, si tú los traspasas, en defensa de mi propia integridad emocional y psicológica tengo que decirte un NO rotundo, y salir inmediatamente de tu vida.


Este mito del amor, lamentablemente, está bastante extendido, y es el causante de muchos problemas en las relaciones de pareja. La pretensión de que los demás "deberían" saber lo que me sucede carece de fundamento. No, no tienen porqué saber lo que siento, o lo que pienso, y exigirles que lo presupongan o que lo adivinen es abusivo. Que nos amemos no significa que podamos comunicarnos por telepatía, el amor maduro conlleva que podamos hablar asertivamente de lo que pensamos y sentimos. 

El narcisista, en su pensamiento mágico, pretende que su pareja conozca sus necesidades y deseos sin él comunicarlos en forma expresa. Sus expectativas son irracionales. Además, nunca declara abiertamente a la víctima las razones de su conducta manipuladora, la somete al juego de tener que "adivinar" lo que le sucede, lo que genera ansiedad e incertidumbre en la persona que lo sufre. Se trata, está claro, de una táctica de poder y de control. Con el tiempo, nos percatamos que el abusador es incapaz de comunicarse en forma asertiva, entre otras causas, porque no percibe al otro como un "tú" diferenciado, y no hay reciprocidad en la relación. Si alguien pretende manipularnos con el juego de la "adivinanza", no caigamos en la trampa: la única forma de saber lo que le pasa al otro es que lo diga directamente, y no hay más.


El abuso y el maltrato no tienen justificativo de ningún tipo, y mucho menos pueden excusarse en nombre del "amor". Esta distorsión responde a modelos de relaciones interpersonales contrarios a la dignidad humana. Las personas, por supuesto, pueden tener diferencias y conflictos, pero la forma de resolverlos no es nunca el maltrato ni el comportamiento abusivo. Una persona que nos ama no procura hacernos daño, ni nos agrede, física o emocionalmente, ni nos humilla o abandona, esto parece de sentido común, pero en la "lógica" del narcisista todos esos comportamientos pueden tener cabida, dado que para él las relaciones humanas son un asunto de control y de dominio. Además, él se cree con derecho a "castigar" a su víctima cuando su comportamiento amenaza su régimen de poder. Para justificar sus acciones intentará hacer gaslighting: "Has hecho que me enfadara", "he actuado así por tu bien", "si no te quisiera, no te lo diría", etc. Todas estas frases son un disfraz, patrañas para negar lo que sucede: que una persona con la que mantengo un vínculo me maltrata o abusa. No caigamos en sus juegos malignos, el abuso es el abuso, y no tiene justificación de ninguna clase.


El centro de gravedad de tu vida no lo puede ocupar otro ser humano, eso te convertiría en un ser dependiente de él. Las personas caminamos juntas, compartimos, nos necesitamos, pero no vivimos los unos para los otros, eso es una distorsión del verdadero amor. El narcisista busca deliberadamente que dependas de él, no hay nada que lo empodere más que decirle: "no puedo vivir sin ti", cuando lo logra, sabe que se ha hecho con el control y que te domina. Ese tipo de vínculo es destructivo y termina lesionando seriamente tu autoestima. Ademas, no hay reciprocidad, él es incapaz de establecer lazos emocionales genuinos contigo, y esa es, precisamente, la trampa maligna. El Contacto 0 es la solución de este callejón sin salida, para el depredador es como una bofetada, es como decirle "mira, puedo vivir perfectamente sin ti y ser feliz". 

© LibresDelNarcisista

martes, 23 de abril de 2019

LOS NARCISISTAS ESTÁN EN “MODO SUPERVIVENCIA”



A causa de su trastorno de personalidad, los narcisistas viven y actúan en “modo supervivencia”.

Si quedaras atrapado en medio de una selva, a la intemperie, tu prioridad número uno sería sobrevivir: conseguir alimento para no morir, y defenderte de las fieras y de las inclemencias del medio. El resto de tus necesidades pasarían a un segundo plano. Tu existencia entraría en “modo supervivencia”, el mismo estado en que transcurre la vida de los narcisistas. 

Están necesitados de combustible, por eso seducen y devalúan a sus fuentes de suministro, exponiéndose, continuamente, a ser abandonados. No piensan en las consecuencias a largo plazo de su conducta. No hay tiempo para eso. Están en “modo supervivencia”, por eso no se plantean qué sucederá dentro de 2 años, o de 2 meses, o, incluso, al día siguiente.  Su enfoque es “ahora mismo”: satisfacer sus necesidades urgentes de suministro y enfrentar su crisis: sobrevivir. Todo lo demás es secundario.

Solo existe este “ahora” y la necesidad apremiante de combustible. Es por eso que su vida se reduce, la mayor parte del tiempo, a esta búsqueda desesperada de autoestima y satisfacción, lo que se traduce en procurar, por todos los medios, tener fuentes, sentirse en control, superior, con poder sobre los otros, y salvar así el pellejo, es decir, la existencia psicológica de su falso yo grandioso. Una y otra vez.

Esta es una de las razones por las que se centran en las reacciones emocionales de los demás, sin importarles el costo humano que ello acarrea.  El fin justifica los medios. Desde el punto de vista de las víctimas se trata de abuso, ellos dirán que sólo están tratando de sobrevivir. Necesitan lo que necesitan, y cualquiera que se interponga en su camino puede servir, en un momento dado, de fuente. Es la ley de la selva, la del depredador hambriento frente a su presa. Si estuvieras muerto de hambre y necesitaras robar comida para no morir, lo harías. No te importaría que estuvieras infringiendo la ley, o la situación de la persona a la que robas. En el “modo supervivencia”, todo lo que importa es tu propia vida. Así es como ellos ven las cosas. Su mentalidad es tal que tienen que comportarse abusivamente con tal de sobrevivir: manipular, engañar, maltratar a otros, dominarlos, no hay absolutamente nada que los frene. Es, repito, cuestión de supervivencia.

Sin combustible, colapsan y sucumben. Por eso no pueden dejar de hacer lo que hacen, aunque, dadas las circunstancias, pueden parar, sobre todo si está en entredicho el mantenimiento de su fachada. 


Sus primeras relaciones humanas, las más vitales, han originado su patrón de conducta. Creen que sus necesidades de atención y afecto no serán atendidas, porque en su momento no lo fueron, los que les generó una gran ansiedad. Su enfoque constante es, "¿qué hay de mí?" Por el motivo que sea, aprendieron que no pueden confiar en que otros se preocupen por ellos, y lo han compensado al centrarse exclusivamente en ellos mismos, en sus necesidades, convencidos de que nadie más lo hará.  Esto dio como resultado que sólo perciban sus propias necesidades, y cualquier  intento de que consideren las de otras personas, es interpretado como un ataque y un rechazo. Sólo sus necesidades y sentimientos cuentan, e insisten en que los demás, especialmente la víctima, crean lo mismo. Cuando esto no sucede, se refuerzan en su idea de que deben luchar por su supervivencia, es decir, comportarse abusivamente.

Detrás del narcisista hay un niño o una niña que se sintió, en un momento particularmente delicado de sus años formativos, abandonado en medio de una selva oscura. Para defenderse y sobrevivir, se replegó patológicamente sobre sí mismo y desconectó sus emociones. No sufre, pero tampoco siente. En su mente se quedaron fijas estas ideas: nadie se preocupará por mí, si no me preocupo yo; a nadie le importarán mis necesidades, si no me ocupo yo; nadie reconocerá mis necesidades, si no los obligo a hacerlo.

Lamentablemente, el narcisista está encerrado en este esquema rígido e infantil de pensamiento. No conoce otra forma de ser, cambiar significaría para él reconocer que sus necesidades no importan. La idea de que hay otra manera de vivir es totalmente absurda para ellos. Así es como aprendió a sobrevivir. Es como si alguien intentara decirte que respires por los oídos. Es imposible. Pedirle al narcisista que deje de ser tal y cómo es, equivale a intentar convencerlo de que no se enfoque, exclusivamente, en sus necesidades, es decir, que acepte su muerte anticipada y que no se defienda. No va a suceder.

El narcisista está ocupado en sus necesidades, luchando con sus demonios, con su vacío, y no puede concentrarse en nada más. En su mente, la vida es una selva oscura y hostil. Su existencia psicológica es demasiado precaria, no le pidas otra cosa. Tus necesidades, sencillamente, no existen o son una amenaza para su existencia. O tú o él, no hay otra posibilidad. Cualquier tipo de relación que se mantenga con el narcisista se basa siempre en el mismo principio: sólo sus necesidades cuentan, satisfacerlas es el centro de todo. Él nunca va a aceptar otra cosa.


El narcisista está encerrado en la "jaula" de sus mecanismos de defensa y de su lógica circular. Está demasiado roto, demasiado herido y vacío, no puede salir del abismo en el que está sumergido.  En sí mismo, no sabe generar la autoestima que necesita para funcionar. Esa es su tragedia. Aunque esté rodeado de personas que aparentemente se ocupen de él, nunca será suficiente. Sospecha de todos, está resentido con todos, depende de sus reacciones emocionales para no colapsar. Esa dependencia es su debilidad, una realidad que le resulta patética y odiosa, y que constituye su mayor secreto, algo que jamás confesará. 

Si estás en relación con un narcisista patológico, recuerda que interactúas con alguien que enfrenta una lucha diaria por sobrevivir, que compite permanentemente con todos los que le rodean, y que está sumamente enfadado y herido por este hecho. Cree que todo lo que hace está justificado. Cuando intentas sobrevivir, ¿cómo puedes ser culpado por algo que haces a fin de no sucumbir? Y para el narcisista, todo conduce a la supervivencia. Sus manipulaciones, sus mentiras, su ira, su falso yo... todo. Cada vez que se le dice NO o se le niega algo, se convence de que debe luchar con uñas y dientes por el suministro, frente a un mundo que, literalmente, intenta aniquilarlo. Cada vez que se le pide que sea considerado, que sea amable, se refuerza en su idea de que él no es importante y que no tiene valor. 

Los narcisistas no pueden permitirse el lujo de que exista otro ganador en esta contienda. Se juegan su supervivencia. Si el gato está persiguiendo al ratón, ¿quién correrá más rápido? El ratón, sin duda, porque el  felino sólo va tras su cena. El ratón corre por salvar su vida.

Todo esto puede sonar extraño desde la lógica empática, o de una persona emocionalmente sana, pero es la realidad cotidiana del narcisista: la supervivencia. No justifica, en absoluto, su comportamiento abusivo, pero nos permite comprender por qué son como son, y actúan como actúan.

Detrás de la vida feliz que intenta proyectar, se esconde una verdadera pesadilla existencial. Su pretensión de cargar sobre la víctima el sostenimiento de su autoestima y de su falso yo grandioso, es abusiva, y además totalmente inútil, tarde o temprano devaluará cruelmente a esa persona.  El narcisista se equivoca cuando cree que el problema está en los demás y no en él mismo, pero, lamentablemente, este mecanismo de defensa forma parte de su ruptura con el principio de realidad.

© LibresDelNarcisista




lunes, 15 de abril de 2019

LOS NARCISISTAS SIEMPRE SON INFIELES

Toni Halonen
Es un hecho, los narcisistas nunca son fieles en sus relaciones. Sus infidelidades son continuas desde el principio, y conviene que la víctima lo comprenda, porque ello forma parte de la experiencia del abuso.

De algunas de sus infidelidades se dará cuenta, es más él procura, de manera encubierta e indirecta, que descubra o que sospeche que le está siendo infiel. Es parte de su juego manipulador.

Pero de otras muchas, no lo sabrá nunca. Los narcisistas no respetan la palabra dada, son extremadamente egocéntricos, sólo son fieles a sí mismos, y a su agenda. Además, siempre llevan vidas dobles, y guardan muchos secretos bajo la alfombra.

Siembran en la víctima, a través de comentarios o mensajes, ausencias que no explican, objetos dejados al “azar”, la duda sobre la existencia de otras personas en medio de la relación. De ese modo, la torturan, hacen que se vuelva insegura o desconfiada, que se pregunte: ¿será que ya no le gusto?, ¿será que estoy haciendo mal las cosas?, etc., y la incitan, indirectamente, a que investigue lo que sucede. Como se dijo en otra ocasión, muchas víctimas pasan por esta fase de “detectives”.

A la hora del descarte, es posible que descubra que la persona que la ha sustituido en la vida de su agresor, ha mantenido con él una relación en paralelo, a menudo desde hace meses e incluso años. Por eso, el cambio ha sido inmediato, sin duelo, sin tiempo de espera, como quien se quita una camisa.

De allí que una de las secuelas que debe afrontar la víctima es el trauma de la traición: la persona con quién creía mantener un vínculo, ha traicionado la palabra de amor y fidelidad inherente a una relación de pareja. Es lógico que se sienta humillada y engañada.

Coherente con su mentalidad perversa, le hará creer que ella es la responsable de su infidelidad, le echará en cara sus supuestos fallos, insinuará con crueldad que ya no le resulta atractiva, o que ha dejado, sencillamente, de amarla. También dirá que terceras personas se han interpuesto en su camino, y que ella no ha estado a la altura, o que no ha sabido defender la relación.

LAS RAZONES DE LA INFIDELIDAD CRÓNICA DE LOS NARCISISTAS

No hay que dejarse engañar. Todo es mentira sobre mentira. Aunque hayas sido la mujer maravilla o el hombre biónico, el narcisista te hubiera sido infiel. No eres culpable de su infidelidad crónica. Las causas hay que buscarla en su narcisismo patológico:

1. No hay, ni ha habido nunca, un vínculo o nexo emocional que lo mantenga atado a la otra persona, o que le sirva de freno. En ese sentido, toda la relación ha sido un gran engaño: estas personas son incapaces de amar, ni a la víctima ni a nadie, aunque sean expertos simulando un afecto que no sienten.

2. Los narcisistas se creen con “derecho” a ser infieles, no creen que tengan que dar cuenta a nadie de sus actos, y consideran que están por encima de las normas morales que rigen al resto de los mortales. Exigirles fidelidad es tratarlos como  seres inferiores, ellos nunca lo van a tolerar. En algunos casos, su pensamiento es tributario de un machismo solapado que excusa la infidelidad masculina, como si fuera con-natural a la condición del varón.

3. Siempre están a la caza de nuevas fuentes de combustible, de la mañana a la noche, todas las personas que caen bajo su esfera de influencia, se convierten en potenciales víctimas. Una sola fuente no les basta, por eso mantienen varias al mismo tiempo, y cultivan siempre algún prospecto, aunque continúen en relación con la fuente principal. Garantizar un suministro constante de combustible es su mayor preocupación.

4. Necesitan ser infieles para poder triangular con otras personas. Es un juego que siempre practican, les hace sentir como dioses, al tiempo que maltratan emocionalmente a su pareja y devastan su autoestima.

5. Se trata siempre de un asunto de combustible. Cuando idealizan a una víctima, devalúan a la anterior, esto sucede mientras la relación, externamente, sigue su curso. Se trata de un combustible mixto, muy apreciado por ellos, positivo de la nueva fuente, negativo de la vieja, la cual es percibida como gastada y sin brillo. La infidelidad no es otra cosa que un modo de obtener combustible negativo a través de la reacción de la víctima, por eso procurará en algún momento que se entere, porque busca, deliberadamente, quebrarla emocionalmente, se trata de un suministro de gran calidad que le infla de poder y le hace sentir en control.
Karan Singh

¡TAMPOCO AMAN A LA NUEVA VÍCTIMA!

En conclusión, es absolutamente razonable esperar que en una relación las personas intenten ser fieles a su compromiso como pareja, sin embargo los narcisistas no actúan así, ellos carecen de empatía y de conciencia moral, sólo se mueven por sus necesidades de combustible.

En realidad, tampoco están enamorados, ni mucho menos, de la otra persona con la que han traicionado el vínculo, aunque le harán creer a la víctima que sí, que nunca han amado así, y que esta persona es mejor que ella por aquello o por lo otro. Todo es mentira y manipulación, los narcisistas no se enamoran, ni establecen lazos afectivos con nadie, dicen todas esas cosas con la esperanza de que sus ex-víctimas se sientan menospreciadas, es todo.

En la vida de un narcisista nunca hay enamoramientos verdaderos, se trata de una larga cadena de engaños y traiciones, uno tras otro, en una búsqueda asfixiante por saciar su adicción al combustible, y no colapsar psicológicamente.

© LibresDelNarcisista


domingo, 14 de abril de 2019

EL DIABLO VISTE DE PRADA: los jefes narcisistas

¿Cómo son los jefes narcisistas? ¿Has visto de cerca este espécimen de depredador liderando la manada empresarial? Muchas organizaciones están infectadas de narcisismo patológico, especialmente en los cuadros medios y de dirección. Los narcisistas, ya se sabe, buscan por encima de todo las posiciones de poder, desde esa atalaya ejercen su dominio despótico, controlan al personal y se surten abiertamente de suplemento o combustible.

Nada importa si por el camino arrasan, psicológica y emocionalmente, a las personas que están bajo su esfera de influencia y, de paso, tiranizan a las organizaciones que terminan sometidas a los requerimientos de su agenda perversa.

Detrás de muchos casos de mobbing o acoso laboral, hay un narcisista maligno haciendo de las suyas, abusando y devastando las vidas de las personas que caen bajo sus garras.

EL DIABLO VISTE DE PRADA

Un ejemplo de todo esto, lo encontramos en la película “El diablo viste de Prada” (2006). El guión, basado en una novela que remite a una experiencia de la vida real, se centra en las relaciones laborales de Miranda Priestly, directora de una influyente revista de moda e interpretado por la incomparable Meryl Streep, con Andy Sachs, joven aspirante a escritora, que se convierte en su asistente número 2, la segunda, un trabajo por el cual “un millón de chicas matarían”.  

En la medida en que avanza la historia, vamos conociendo a la inaccesible Miranda, parece una figura de ficción, casi de comedia, pero todas las características de su personalidad, su conducta, su actitud, develan que estamos ante un personaje peculiar, un personaje que, lamentablemente, es posible encontrar en muchas empresas: una jefa narcisista, haciendo lo que más les gusta a los narcisistas: mandar y someter a otros.

Para quién desconozca el trastorno narcisista de la personalidad todo esto pasará desapercibido, pero los que conocen de cerca el narcisismo patológico, y el abuso narcisista, reconocerán enseguida que estamos ante un espécimen representativo de esta ralea perversa.

Andy, por su parte, es la típica persona susceptible de caer bajo las garras de estos depredadores. Empática, leal, honesta, trabajadora, inteligente, generosa, poco a poco se va viendo envuelta en el ambiente tóxico y abusivo que prevalece en su oficina.

En la vida real, estas víctimas terminan emocional y psicológicamente devastadas, ante el régimen despótico que tienen que soportar jornada tras jornada; sin embargo, en la película, ella logra escapar inmune de las zarpas de su depredadora, gracias, sobre todo, a sus valores éticos, el último escudo de defensa que suelen tener las personas ante las arremetidas de estos personajes malignos.

CARACTERÍSTICAS DE LOS JEFES NARCISISTAS


A través de esta película, y de su personaje central, Miranda, descubrimos cómo se comportan los narcisistas malignos cuando se convierten en jefes. Atención a las siguientes características:

1. Creen que son únicos, especiales, y, en consecuencia, reclaman un trato especial.

2. Promueven el culto a la imagen y a su persona. Con frecuencia, se muestran inaccesibles, y tratan siempre a los otros como inferiores.

3. Se rodean de una corte de aduladores y monos voladores. Idealizan y luego devalúan a las personas que trabajan con ellos.

4. Egocéntricos y auto-absorbidos en sí mismos.

5. Explotan a las personas que están a su alrededor, conforme a su agenda. Los despersonalizan, los tratan como cosas, como extensiones de sí mismos, sin empatía.

6. Tienen exigencias claramente irracionales y casi imposibles de satisfacer. Nada es suficiente. Rara vez hacen algún reconocimiento positivo.

7. Irrespetan los límites entre la vida personal y laboral. Se saltan los horarios de los otros, sus agendas, se apropian de sus ideas y de sus recursos, se creen con derecho a ello.

8. Son calculadores, fríos, tramposos y manipuladores. Conocen y utilizan todo el arsenal mortífero de los narcisistas: se victimizan, aplican el tratamiento silencioso, descalifican, hacen sin pudor campañas de difamación, utilizan el gaslighting, la ira patológica, la transferencia de culpa, la triangulación, etc.

9. No conectan emocionalmente con su personal. Generan a su alrededor una nube tóxica que contamina todo el clima laboral, a su lado hay favoritos y chivos expiatorios. En torno a un jefe narcisista, el clima predominante es de tensión, sospecha y hostilidad.

10. No toleran la crítica y son extremadamente sensibles a cualquier gesto o palabra, que atente contra su ego inflado. Se muestran suspicaces y desconfiados.

11. Los mejores, los más aptos, los más empáticos y competentes, son, con frecuencia, percibidos como amenazantes, y se convierten en objeto de su envidia patológica. Estas personas corren el riesgo de sufrir mobbing o acoso laboral.

12. Son adictos al poder y al control, y carecen de conciencia moral. Detrás de bambalinas son deshonestos y mentirosos, aunque mantengan, delante de todos, una fachada de moralidad completamente falsa.


VÍCTIMAS NECESITADAS DE UN APOYO ESPECIAL

Por supuesto, no todos los jefes o jefas narcisistas tienen todos estos rasgos de personalidad, o en el mismo grado. Algunos son más tóxicos y malignos que otros, pero todos, en general, son extremadamente abusivos, y utilizan su puesto de mando para resolver sus necesidades de combustible, y saciar su adicción de poder y de control.

Porque no hay que olvidar, detrás de estos personajes, de su aparente carácter duro y despótico, se esconde un ser roto y vacío que arrastra un grave problema de auto-regulación de la autoestima, y que se ha inventado un falso yo grandioso, con el objeto de obtener combustible y sobrevivir psicológicamente.

Lamentablemente, muchas personas en este planeta, tienen que enfrentarse cada mañana a jefes abusadores y narcisistas, verdaderos depredadores enmascarados que se aprovechan de su necesidad de mantener un empleo, para maltratarlos  emocional y psicológicamente, y utilizarlos como fuentes de combustible.

En muchos casos, la medida de Contacto 0 no es posible, estas víctimas necesitan por ello un apoyo especial, y definir una estrategia clara de defensa y hasta de supervivencia psicológica. La clave está siempre en la desconexión emocional, y en la ventaja que da la comprensión y el conocimiento sobre el abuso que sufren, para saber enfrentarlo con acierto.

Les invito a ver “El diablo se viste de Prada”. Un film interesante para quienes conocen de cerca el trastorno narcisista de la personalidad, y la realidad del abuso, en este caso en el ámbito laboral.

© LibresDelNarcisista


viernes, 12 de abril de 2019

COMPORTAMIENTO PASIVO-AGRESIVO DEL NARCISISTA

Petra Eriksson

El comportamiento abusivo del narcisista, la mayor parte del tiempo, es de tipo pasivo-agresivo, es decir, se ejerce de manera encubierta, más por actitudes y acciones de resistencia, distanciamiento, omisión y obstrucción, que por ataques directos o a cara descubierta.

En ocasiones, ralentiza o retrasa hasta el límite sus respuestas, así mantiene a la víctima en espera, en tensión psicológica. Se trata de una forma muy cruel de maltrato emocional.

De esta manera, estos abusadores buscan ejercer su control y su dominio.

Para quienes tienen que sufrirlo es, sencillamente, desgastante.

El comportamiento pasivo-agresivo del narcisista es verdadera violencia, se trata de una hostilidad, de un odio, sutil e indirecto, pero sumamente destructivo. El ninguneo, la indiferencia, la frialdad a la hora del descarte, son como bofetadas invisibles, el abusador agrede y tortura a la víctima, jugando con sus emociones, expectativas y necesidades.  

El abuso no es fácil de probar porque el narcisista se comporta de manera ambigua y engañosa, cuidando extremadamente su fachada, previendo de antemano la reacción emocional de la víctima. Además, siempre tiene una coartada.

Tampoco es fácil de enfrentar, el abusador no agrede directamente, la víctima se siente paralizada y confundida, duda de sí misma, sus defensas emocionales se erosionan y el narcisista la manipula para que crea que está sobre-reaccionando, o que es culpable de lo que sucede.

El comportamiento pasivo-agresivo más prototípico del narcisista es el tratamiento silencioso, y el "cold shoulder" u hombro frío.

Conviene darse cuenta que detrás de este perfil pasivo-agresivo del narcisista, se esconde una estrategia de control y de dominio psicológico. Lo indicado es aprender a identificarlo y no entrar en su juego. El mejor modo es absteniéndose de cualquier reacción de tipo emocional: ni enojo, ni reclamaciones, ni llanto, etc. Es decir, el método de la piedra gris.

La meta es establecer con estas personas una medida de Contacto 0, siempre que se pueda. Cuando por diversos motivos haya que mantener algún tipo de interacción con él, que sea la menor posible, manteniendo siempre una distancia de seguridad, y demarcando con precisión unas líneas rojas de defensa psicológica y emocional.

Ánimo siempre. Un saludo

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jueves, 11 de abril de 2019

CONFRONTAR AL NARCISISTA



Te han enseñado que cuando alguien, especialmente si se trata de una persona significativa, tiene un comportamiento inadecuado contigo, lo confrontes e intentes resolver el conflicto a través del diálogo. Es una forma de hacer justicia, de defenderte y establecer acuerdos que restauren la convivencia.

Expertos en relaciones humanas, consejeros de pareja, orientadores, todo el mundo parece estar de acuerdo en la importancia de dialogar, de escucharse mutuamente, de decir al otro lo que sientes.  Para la mayoría de los casos, el diálogo es el medio más indicado para resolver conflictos, salvo si la persona con la que te enfrentas es un narcisista.

Si es un narcisista, este esquema no funciona, e incluso puede empeorar las cosas.

Su sentido inflado de superioridad, su creencia de "estar en derecho", su falta de empatía y de conciencia moral, su comportamiento manipulador, hacen imposible cualquier posibilidad real de confrontación o de diálogo.

Cuando confrontas al abusador este sufre una "herida narcisista", interpretará lo que digas como una crítica, como una amenaza a su régimen abusivo ¿Cómo alguien tan inferior a él se atreve a pedirle cuentas de su conducta?, pensará. Defenderá su "falso yo" desplegando todo su arsenal de juegos malignos, a fin de silenciarte, confundirte, manipularte y transferirte a ti la culpa de lo que sucede.

Negará sin inmutarse los hechos, racionalizará su conducta para que parezca aceptable, se victimizará, utilizará su ira patológica para doblegarte, y jamás reconocerá el abuso, siempre será culpa tuya.

Si te atreves a confrontar a estos depredadores, inmediatamente serás devaluado. Se distanciará de ti, y utilizará el tratamiento silencioso como barrera. Es probable, además, que comience una campaña de difamación, tachándote de paranoico, desequilibrado, malvado, etc.

Además de lo dicho, tu reacción emocional, tu enfado, tu confusión, tu frustración, le servirán de combustible, se ensañará hasta quebrarte y sentirse de nuevo por encima de ti, en control y con poder.

No, no vale la pena que confrontes al narcisista. Digan lo que digan los “gurús” de las relaciones humanas, o lo que te dicte tu lógica empática, te enfrentas a alguien que es incapaz de dialogar, y de asumir la responsabilidad de sus acciones, él te percibe como una cosa, ni siquiera te reconoce como una persona autónoma, un ser humano con emociones y necesidades propias.

Te aconsejo que ni siquiera te aflijas por esto, lo mejor que puedes hacer es desconectarte emocionalmente, y aceptar que esta persona sufre de un grave trastorno de personalidad, está atrincherado en su ego inflado, carece de empatía y no ha desarrollado habilidades para comunicarse en forma asertiva.

Estos hechos no los puedes cambiar, y lo mejor que puedes hacer es aceptarlos, y actuar en consecuencia. Esperar que esta persona se comporte de otra manera, es una ingenuidad que te expone a más abuso, y más manipulación. Lo propio de un narcisista es comportarse como un narcisista, ni más ni menos.

Ante el comportamiento del abusador, la estrategia no es la confrontación, hay otras salidas.

Depende de cada caso, del momento en el que te encuentres en el ciclo de la relación con el narcisista, y del tipo de vínculo que mantengas con él, pero frente a una situación abusiva te sugiero que seas directo y taxativo, y digas simplemente:

- “NO, ESTO NO”.

Sin más palabras, sin explicaciones ni justificaciones, que no va a aceptar, y rompiendo de inmediato todo contacto: salir de la habitación, cortar la comunicación, etc. No es no, y punto, por aquí no paso, y no hay más nada que hablar. Así estableces en forma práctica, y sin muchos rodeos, los límites frente a una persona abusadora.

Si el abuso ya ha sucedido, él está esperando su premio como un niño un caramelo: tu reacción emocional, es decir, el combustible. Querrá que te enfades, que le reclames, que llores, que te desestabilices. No le des nada de nada, no reacciones a ese nivel, tu frialdad e indiferencia es la mayor bofetada que puedes darle. Si tienes que tomar alguna medida, hazlo, defiende tus derechos, responde con inteligencia y con hechos concretos, nunca con palabras, que utilizará para manipularte: bloquéalo de tus redes, establece una distancia de seguridad, sácalo de tus planes y haz otros nuevos, da cuenta a las autoridades si ha habido amenazas o situaciones de violencia, etc.

En una palabra, elige responder, no reaccionar. Eso significa que tu respuesta no tiene que ser reactiva ni emocional, utiliza tu inteligencia, tu razón, decide lo que más conviene, actúa en consecuencia y con base en el conocimiento que tienes sobre el trastorno narcisista.

Para evitar caer en nuevas situaciones abusivas, decide desde ya no creer a esta persona absolutamente en nada, radicalmente en nada, haga lo que haga, diga lo que diga. Todo el poder de los narcisistas reside en sus mentiras, si no te puede engañar más, no te puede manipular más, y el abuso se hace mucho más difícil.

Todas estas medidas son útiles, si no tienes más remedio que interactuar con él, pero el mejor camino para confrontar al narcisista es establecer una medida estricta de Contacto 0, romper todo contacto con él, e iniciar un camino de liberación/recuperación, lejos de su régimen abusivo. Eso sí que les afecta de verdad. Es dejarlos sin fuente de combustible, sin la atención que necesitan para existir, ese es el camino real, y no la confrontación, para librarte de las garras de estos depredadores emocionales.

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miércoles, 10 de abril de 2019

LOS NARCISISTAS Y SU LÓGICA DEL AMOR-ODIO


Amar, y ser amados, allí radica el sentido más profundo de la vida, el fin último de la existencia. Entre todos los seres que existen, la única criatura capaz de elegir, libre y conscientemente, el bien supremo del amor es el ser humano.

Un amor que comienza en ti mismo y que se expande, se proyecta, buscando realizarse en un tú diferenciado: el tú de una pareja, el tú de un amigo o una amiga, el tú de un padre o de un hijo, el tú de un compañero o de una compañera, y, para los que somos creyentes, en ese tú definitivo, el tú de Dios, fuente y culmen de todo amor.  

La gran tragedia del narcisista es que estás ante una persona que, dado su trastorno, carece de la experiencia de sentirse amado. Ni se siente amado, ni puede amar, ni a ti ni a nadie. Ni siquiera se ama genuinamente a sí mismo. Ama su imagen en el espejo de las reacciones de los otros, ama su falso yo, perfecto y superior, que se inventó para sobrevivir, pero no ama su “sí mismo” real, que se esconde roto y enfermo detrás de la máscara.   

Alguien que no puede amarse por sí mismo, y que no puede amar recíprocamente a los demás, frustra su destino histórico como ser humano. Aunque compense su vacío de amor con poder, dinero, aplausos, sexo, logros externos, interiormente es un agujero negro.

Frente a tu capacidad de amar, frente a tu bondad, tu generosidad, el narcisista se sabe moralmente inferior, ni siquiera es capaz de corresponderte. Ello despierta su envidia patológica, que saldrá a la luz en la devaluación y el descarte.

Como no tiene experiencia del amor, se hace experto en simularlo frente a otros, especialmente ante ti. Finge una conexión contigo que no es real, con ese señuelo logra que te vincules con él; aunque, emocionalmente, sea incapaz de establecer ningún tipo de lazo afectivo contigo. Esa fue la trampa en la que caíste.

Cuando conoces a fondo el narcisismo patológico, cuando logras identificar su lógica perversa, descubres que el narcisista, en realidad, odia ser amado. Se trata de una experiencia que le resulta, francamente, intimidante, una amenaza a su inflado sentido de superioridad, un sentimiento que lo expondría a un apego que él rechaza con todas sus fuerzas. Atrincherado en su yo grandioso y tóxico, el amor lo convertiría en un ser débil y vulgar. El amor es contrario a su narcisismo patológico.

Si lo amas, él te despreciará. Lo paradójico del caso es que este amor que sientes, que en la mayoría de las víctimas se convierte en una adicción, ha sido inducido abusivamente por el propio depredador. Sabe que si logra que lo ames podrá manipularte, el amor te hace vulnerable a sus juegos malignos, así es como obtiene de ti  el rico combustible que necesita como el aire para respirar.

En la fase de devaluación y descarte, si observa que aún lo amas y te dejas engañar, pensará que cómo es posible que seas tan débil o tan patético para amar a alguien tan abusivo como él, alguien que te ha maltratado de esa manera.

Así piensa el narcisista.

Si en vez de amarlo, respondes con odio a sus intentos por destruirte y humillarte, ese odio se convierte para él en un delicioso combustible que lo empodera sobre manera. Sabe que ha logrado afectarte profundamente cuando es capaz de despertar en ti, un sentimiento tan contrario a tu naturaleza empática como es el odio.

El narcisista puede comprender perfectamente el odio, se trata de una de las pocas emociones que él siente intensamente y que, a diferencia del amor, si puede corresponder.

La mayoría de las víctimas son personas empáticas, gentes que creen en el amor, que rechazan el odio, e incluso que se muestran peligrosamente ingenuas al considerar que el amor es capaz de cambiar a otras personas, o de lograr lo imposible. El narcisista lo sabe, él elige continuamente personas con este perfil.

Si el narcisista logra que una persona con estas características se llene de odio hacia su persona, se sentirá inflado y poderoso. La ha arrastrado a su terreno, el del odio, en este campo se siente superior y en clara ventaja.

Dado que los narcisistas odian ser amados, y aman ser odiados, se sale de la trampa comprendiendo bien el problema: ni el narcisista te ama, ni te ha amado nunca, ni entiende tu amor, ni lo acepta, ni puede corresponderte. Amándolo te expones a su desprecio, a más abuso y más manipulación.

El amor no puede ser ciego, no puede estar reñido con la inteligencia, con la razón, con la verdad. Y la verdad es que esta persona ni puede amar, ni puede ser amada, salvo a costa de tu autoestima, exponiendo tu dignidad, tu integridad emocional y psicológica, tu libertad. Incluso, si así fuera, tu amor sería absolutamente inútil, no lograrías nada, él seguiría sin comprender tu amor. Es como pretender que un daltónico perciba los colores.

La opción tampoco es el odio, si odias a esta persona estás alimentando su narcisismo patológico, la estás surtiendo de un combustible de primerísima calidad, y te harías daño a ti mismo, porque el odio es siempre tóxico y destructivo.

El camino es la comprensión cabal del problema, la desconexión emocional con estos trastornados, y, siempre que sea posible, el Contacto 0, o el contacto mínimo, según sea el caso.

A veces es inevitable que sientas odio hacia esta persona que ha devastado tu vida. Ese sentimiento se va curando en la medida en que avanzas en tu recuperación de las secuelas del abuso, y vas comprendiendo el narcisismo patológico y su dinámica.

Un fruto hermoso de este proceso es cuando llegas a sentir compasión por estos seres rotos y oscuros. La compasión no los puede cambiar, por supuesto, ni debe llevarte a bajar la guardia en tu decisión de Contacto 0, él sigue siendo una persona peligrosa y abusiva.

La compasión te hace bien a ti, tiene efectos medicinales, significa que tu herida ha ido cicatrizando, y que eres capaz de enfrentar tu dolor y de comprender la tragedia del narcisista.

Compasión hacia ti mismo, compasión hacia otras víctimas, e incluso compasión hacia el mismo narcisista, que es víctima de su propio trastorno, aunque ya no tengas ningún contacto con él, ni tienes por qué tenerlo. Esa es la lógica del amor.

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