POLÍTICOS NARCISISTAS: El abuso a escala colectiva



Los narcisistas son adictos al poder, por eso lo buscan con el mismo afán con que las abejas corren tras las flores, no hay para ellos nada más importante.

No se trata del poder como un servicio para el logro del bien común, sino del poder como una posición de dominio sobre los otros,… sentir que son superiores, que están por encima, que les rinden tributo, que les adoran.... ¡Qué combustible más delicioso para un narcisista!

De allí que encontremos a tantas personalidades con marcados rasgos narcisistas entre los políticos. Ocupando cargos públicos de cualquier escalafón, o, incluso, al frente del gobierno de las naciones, hay no pocas veces verdaderos narcisistas patológicos y psicópatas integrados, con frecuencia proyectando una imagen de líderes positivos, con consecuencias devastadoras para los ciudadanos que tienen que vivir bajo su régimen.

Todas las características que conocemos de los narcisistas perversos, su comportamiento seductor, manipulador y abusivo, su falta de empatía y de conciencia moral, su arsenal de juegos malignos: la victimización, el gaslighting, la triangulación, la ensalada de palabras, la triangulación, etc.,  están presentes en la relación del líder con la masa, que se convierte en una víctima colectiva de estos lobos vestidos de oveja.

Las ideologías son usadas como un mero instrumento, una excusa, al servicio de la agenda de los políticos perversos. Hablan sin pudor de democracia, de socialismo, de prosperidad, de progreso, de igualdad, de justicia social, y bla, bla, bla,… Son palabras huecas, vacías de contenido, lanzadas como confeti para engañar y seducir a la gente.

Los políticos narcisistas son maestros consumados de la propaganda, saben interpretar las necesidades de la gente y no tienen reparo en traficar con sus esperanzas.

Con tal de alcanzar el poder y mantenerse en él, los políticos narcisistas son capaces de todo: lanzan campañas de difamación contra sus adversarios, se hacen con el control de los medios de comunicación, utilizan el chantaje y la intimidación, azuzan los odios de unos contra otros, trastocan las leyes, las cambian, corrompen jueces y magistrados, no tienen reparo en utilizar la violencia, dividiendo a los ciudadanos, propiciando enfrentamientos y revueltas, casi siempre través de sus monos voladores.

Los políticos narcisistas aman el control, son obsesivos, suspicaces y paranoicos. Su ambición es insaciable. En su pensamiento mágico, algunos se creen ungidos para una misión especial en la vida de su país, por lo que se sienten con derecho a traspasar cualquier límite en aras de que ese designio de la historia se cumpla, aunque tengan que destruir la economía, violentar derechos básicos, robar, matar y torturar a los contrarios, el fin justifica los medios, llámese la revolución, el estado de derecho,  su idea de nación, o la seguridad nacional.

El poder que disfrutan los embriaga, es un combustible que les hace sentir como un dios del Olimpo, por eso una vez que lo obtienen es muy difícil que lo suelten.

Los líderes narcisistas son personalistas, exigen una adhesión cuasi religiosa, no toleran la disidencia, la menor crítica a sus decisiones es percibida como una ofensa, como una traición en toda regla.

Los líderes narcisistas aprovechan cualquier ocasión para demonizar a su oponente, utilizan palabras comodín para desacreditarlo socialmente: lo llaman facha, escuálido, populista, oligarca, golpista, terrorista, franquista, rojo, así buscan invalidarlo, desconociendo totalmente la legitimidad del pensamiento disidente, y justificando, de cara a la galería, su negativa a dialogar con otras fuerzas políticas.

Los narcisistas no dialogan, están tan imbuidos de sí mismos, tan engolfados en su falso yo grandioso, que desconocen de plano la existencia del otro como un igual, se trata de una amenaza para su reino.

El opositor es siempre un enemigo al que hay que destruir y avasallar. Y si es enemigo del narcisista, es un enemigo de toda la sociedad, cuyos miembros son una extensión del abusador, y carecen de conciencia propia.

Muchos políticos narcisistas viven desconectados de la realidad, convencidos de sus propias mentiras y patrañas, rodeados de una corte de favoritos y aduladores, gente patética y corrompida que abanican continuamente su ego inflado y se aprovechan de su posición para medrar social y económicamente, viviendo parasitariamente a la sombra del depredador perverso.

Por supuesto, no todos los políticos son narcisistas, ni mucho menos, ni todos los narcisistas que encontramos en la política tienen el mismo perfil maligno, algunos, desde luego, son más perversos que otros. Sin embargo, todos los tiranos de la historia, tanto de izquierda como de derecha, comparten la misma matriz de personalidad narcisista. Los peores, los que más daño han causado a la humanidad, son auténticos psicópatas: fríos, calculadores, crueles, sin empatía, sin conciencia moral, manipuladores, que se nutren, perversamente, del sufrimiento de sus víctimas.

Siempre he pensado que las personas que aspiran a algún cargo público deberían someterse a un examen sobre su salud mental, sería una buena medida para prevenir el inmenso sufrimiento y la destrucción que estos líderes trastornados generan en el mundo, de los cuales tenemos tantos ejemplos en países tan cercanos de nuestro mundo hispano.

Líderes políticos narcisistas, una verdadera peste para la humanidad, con ellos el abuso asume proporciones colectivas ¿Eres capaz de identificar a alguno de estos depredadores enmascarados?

©LibresDelNarcisista


Comentarios

  1. Asunto el que se trata en este articulo que su importancia social debería hacer que todos lo compartamos en los medios sociales a nuestro alcance incluido radio y televisión . Por mi parte intentare hacer todo lo que pueda para concienciar a la ciudadanía de esta realidad desconocida .

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