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lunes, 28 de agosto de 2017

In the year of 39: Recuperar mi identidad



Una de las secuelas más graves del abuso narcisista es la erosión que sufre la víctima de los rasgos que definen su propia identidad. El depredador la va anulando, casi siempre en forma encubierta, invalidando su percepción del mundo, sus emociones, sus talentos, sus valores, su visión de la vida.

Con el tiempo, la víctima queda subsumida en el narcisista, convertida en un mero apéndice de él mismo. Sin dignidad, sin derechos, reducida a ser un dispensador de combustible. 

Recuperarnos es romper este hechizo que nos anuló y volver a ser nosotros mismos.

Re-descubrir la luz y la riqueza de nuestro ser más verdadero, que el narcisista quiso robar y eclipsar.

Es como despertar de un sueño maligno, de una pesadilla que nos hizo olvidar quiénes eramos antes de caer en las garras del abusador. Es un proceso de re-encontrarse, y de re-construir lo que nos define.

El reto es ir recuperando memorias positivas de uno mismo

Y sucede.

Esta mañana, haciendo zapping en Youtube, me encontré con esta vieja canción del Queen: "In the year of 39". Esa es la magia de la música. De pronto vi al chico adolescente que un día fui. La memoria perdida de mi propio mundo regresó, aquello que es plenamente mío, lo que soy y nadie puede quitarme nunca. Mi identidad: 

"Yo soy aquel muchacho que tartamudeaba en clase, mientras se deslizaba a ras del suelo, y se iba tras el delirio de las gaviotas y los sapos encantados.

La torpeza misma de no saberme, viendo arrumados en un rincón los triángulos isósceles y el cotorreo de los alcanos, los alquenos y los alquinos.

Nunca logré entenderme con la trigonometría. Lo mío era escapar, darme la vuelta y hundirme en un laberinto de incógnitas sin despejar. La equis que atraviesa el submundo de los espejos y se convierte justo en su contrario.

Yo era un disparate. Nunca reía del todo, ni lloraba del todo, amaba el gótico, la poesía de Darío, la pintura de Van Gogh. Por instinto, sin pensar.

Sentía el peso enorme de lo aparente, el cansancio de los rituales, la eterna repetición de lo ya dicho. Era nómada por naturaleza, puro nervio y palabra si encontraba a alguien que hablara mi idioma.

Bajaba cantando las escaleras del mundo.

Vivía en las raíces de los árboles, en el verde amigo de las hojas. Sabía desde siempre que las cosas existen y son, más allá de la imagen y la idea. El mar me enseñó la existencia de las horas.

Cuando miraba los cerros, sentía un bofetón de realidad.

Tan joven y ya había perdido algunas batallas, yo lo llevaba con natural estoicismo. En ocasiones, me burlaba secretamente de mi suerte y huía al monte donde los pájaros decían parrafadas divertidas.
  
Husmeaba en la almena del castillo. Sospechaba la epifanía de una esperanza.

Este muchacho que soy yo tiene unos quince años, y de vez en cuando visita mis tiempos de soledad.

Hoy, dando vueltas por Internet, entró en mi cuarto dando un portazo: Canción “39” de Queen, México, agosto del 2017."

@libresdelnarcisista

David Tanner



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